Violencia contra las mujeres
febrero 19, 2019
En el pleno del CNE trato de propiciar la unidad, no la homogeneidad
febrero 28, 2019
Mostrar todo

La irrupción de la nueva derecha en América Latina.

De izquierda a derecha: Jair Bolsonaro, presidente de Brasil; Iván Duque, presidente de Colombia; Mauricio Macri, presidente de Argentina; y Sebastián Piñera, presidente de Chile. Foto: EFE

Manuel Salgado Tamayo.

Las nociones políticas de izquierda y derecha provienen de la Revolución francesa y, aunque con un contenido difuso, mantienen su vigencia en el mundo del siglo XXI.

Hace 12 años, en la Cumbre Iberoamericana de Santiago de Chile, los jefes de Estado de izquierda, progresistas y/o socialistas del siglo XXI, aparecían poderosos y desafiantes: Hugo Chávez de Venezuela, Luis Ignacio Da Silva, Lula, del Brasil, Evo Morales de Bolivia, Cristina Fernández de Argentina, Michele Bachelet de Chile, Rafael Correa de Ecuador, Allan García del Perú, Tabaré Vásquez de Uruguay, Manuel Zelaya de Honduras y Daniel Ortega de Nicaragua. Fue notoria la ausencia de Fidel Castro de Cuba y la representación de la derecha estuvo en la presencia solitaria de Alvaro Uribe Vélez.

El giro a la derecha empezó en Noviembre del 2015 con el triunfo de Mauricio Macri en la Argentina; a esa tendencia se sumó Lenín Moreno, en Febrero del 2017, profundizando el salto a la derecha iniciado por Rafael Correa y para sobrevivir a las evidencias de que había ganado las elecciones con fraude; Sebastián Piñeira retorna al poder en Chile en Noviembre del 2017; en Febrero del 2018 se hace de la victoria el conservador Carlos Alvarado en Costa Rica; también en febrero del 2018 triunfa en Honduras Juan Orlando Hernández; en Abril del 2018 se impone Mario Orlando Benítez en Paraguay, luego llega a la Presidencia del Perú el vicepresidente Martín Vizcarra, el 23 de marzo del 2018, por efectos de la crisis política desatada por el caso Odebrecht que obliga a la renuncia de Pedro Pablo Kuczynski; finalmente, el 17 de junio del 2018, obtiene la victoria en Colombia el uribista Iván Duque.

En febrero del 2019 quedan como sobrevivientes de los gobiernos de izquierda: Nicolás Maduro en Venezuela, en medio del desastre económico causado por sus políticas y acosado por un cerco imperialista que amenaza con una invasión militar; Daniel Ortega presidiendo un régimen autoritario, que no tiene relación con el sandinismo histórico en Nicaragua; Evo Morales en Bolivia, soportando el peso de su primera derrota electoral en la consulta sobre la reelección, Tabaré Vásquez presidiendo una democracia moderada y México que puso punto final a varias décadas de neoliberalismo con el triunfo de Andrés Manuel López Obrador, a los que puede sumarse el régimen socialista de Miguel Díaz – Canel que preside la compleja transición a una Cuba sin los Castro, en medio de una prolongada crisis económica agravada por las políticas de Donald Trump.

Casi todos los analistas coinciden en señalar que los dos factores objetivos que influyeron en la derrota de la izquierda y la victoria electoral de personajes identificados con posturas de derecha fueron el fin del largo ciclo de las materias primas y los alarmantes procesos de corrupción.

Pero esos análisis son sin duda incompletos, porque no aclaran que, en realidad, con la excepción de Cuba, todos los denominados gobiernos progresistas estuvieron dándole vueltas al sistema capitalista del que objetaron, en algunos aspectos, el paradigma neoliberal, intentando transformar al capitalismo de Estado neoextractivista en un paradigma de desarrollo, con los resultados que hoy conocemos.

Y la derecha neoliberal, derrotada en las urnas, armó de inmediato una cruzada destinada a implantar el conservadurismo cultural y moral, con las iglesias dispuestas a la guerra, como lo dijo de modo expreso el candidato presidencial y pastor evangélico Ronny Chávez, de Costa Rica, que pasó a la segunda vuelta electoral: “Estamos en guerra. Las Iglesias por mucho tiempo han estado metidas en una cueva, esperando ver que hace el enemigo… pero hoy están a la ofensiva, entendiendo que es tiempo de tomar terreno, tiempo de tomar posesión en la leyes de gobierno, de la educación, de la economía”.

Este nuevo conservadorismo busca erradicar la concepción laica de la vida, combatir el igualitarismo, el ecologismo, el feminismo y la tolerancia sexual, fomentar el racismo y la xenofobia, construir muros contra las olas migratorias que desataron sus políticas económicas en varias regiones del tercer mundo subdesarrollado. Todo esto desde un discurso mesiánico, pronunciado por líderes empresariales o jefes militares, que invaden el terreno de la política proclamando que la hegemonía debe ejercerse de modo autoritario, que el poder debe estar concentrado en las élites y que el nuevo orden mundial y regional debe estar subordinado a la superpotencia americana.

Las características de la nueva derecha crean liderazgos que nos recuerdan al fascismo: el multimillonario Donald Trump al que sicólogos y sociólogos caracterizan como narcisista, megalómano, manipulador, machista, racista, xenofóbico, misógino, prepotente y arrogante, intolerante, agresivo y fanático, presidiendo la Casa Blanca; el militar retirado Jair Bolsanaro: autoritario, racista, machista, homofóbico, nostálgico de la dictadura militar preside los destinos del país más importante de Sud América.

Con éstos liderazgos es difícil predecir hacia dónde va el mundo y América Latina. Las derechas latinoamericanas que no aprendieron nada de la crisis de fines del siglo XX, como Mauricio Macri, buscan retornar a la tutela del Fondo Monetario Internacional, con su teología de mercado y las privatizaciones, pero su líder global Donald Trump es, en lo económico, ultraproteccionista, mantiene una guerra comercial con China y cree posible dar marcha atrás a la globalización, a la deslocalización geográfica de las transnacionales, a los tratados de libre comercio, a los que culpa de la prolongada crisis Imperial. Bolsanaro es un incondicional de Trump y quiere que Brasil retorne a la antigua condición de Estado subalterno de los Estados Unidos de América.

Trump ha dicho en días recientes que quiere eliminar el socialismo de América Latina. Su primera prueba de fuego al parecer es Venezuela, pero en la lista incluye a Nicaragua y Cuba. Pese a la candente situación que se vive en éstos días en la frontera con Colombia y Brasil es difícil saber si se impondrá o no el Dios de la guerra.

Ojalá en la Patria de nuestros libertadores se encuentre una salida negociada, soberana y pacífica a la enorme crisis que vive ese pueblo hermano.

Ignoro si la verdadera izquierda y el socialismo sacarán les lecciones del fracaso del progresismo, o seguirán – como sucede en el Ecuador dispuestos a negociar cuotas de micropoder con el sucesor de Correa, y serán capaces de diseñar una nueva estrategia de acumulación de fuerzas sociales que luchen por la conquista del poder y el impulso de los cambios estructurales que detengan la crisis moral y ética que está carcomiendo los fundamentos del humanismo, el calentamiento global que amenaza con la destrucción del planeta y la vida y también la posibilidad de una pandemia que afecte a millones de seres humanos víctimas hoy de los Estados fallidos y predatorios.

Comparte:
Manuel Salgado
Manuel Salgado
Ex legislador de Ecuador. Profesor universitario. Literato. Mgs. en Relaciones Económicas Internacionales mención Comercio e Integración por la Universidad Andina Simón Bolivar.

2 Comments

  1. JOSE ANTONIO CAPELO VEGA dice:

    Exelente.No podía ser de otra manera,un conocimiento científico y un análisis pragmatico,para que los cientistas y m ercachifles de la derecha neoliberal entiendan que,el pueblo es el oprimido y ofendido por las elites del poder.

  2. Shawn dice:

    Son licencias NUEVAS para casinos categoria cuatro.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *