El Imperio Americano ensaya la recolonización de América Latina.

El Imperio Americano ensaya la recolonización de América Latina.

Manuel Salgado Tamayo

Las intervenciones imperialistas en América Latina.

La defensa de la libertad y la democracia, la lucha contra el comunismo y, en los últimos años, la guerra contra el narcotráfico han sido los “argumentos” del Imperio Americano para dar continuidad a su vieja política de intervención militar directa o indirecta en los asuntos internos de América Latina. El sustento teórico de esa política estuvo y está en la doctrina Monroe de 1823 y el Corolario de Roosevelt que establece el derecho de los Estados Unidos de intervenir en los asuntos internos de los estados latinoamericanos. La propia expansión geográfica de su territorio, en el siglo XIX, se realiza utilizando uno de los métodos que retoma Trump: la intervención militar directa. La peor víctima de las guerras fue México que perdió casi todos los Estados, o parte de estos, que hoy están ubicados al sur de los EUA: California, Nevada, Utah, Nuevo México, Arizona, Texas, Colorado, Wyoming, Oklahoma y Kansas.

Y en el siglo XX siguió adelante con su política internacional realista, que supone que “los estadistas piensan y actúan movidos por un interés que se traduce en poder”. Y que los elementos esenciales del poder son las fuerzas armadas, la geografía y los recursos naturales. Solo entre 1898 y 1994, Estados Unidos intervino, según un estudio de John Coatsworth de la Universidad de Harvard, 41 veces, para cambiar gobiernos o suprimir movimientos políticos y sociales en América Latina. Diecisiete de esas intervenciones se hicieron con el uso de fuerzas militares y el resto a través del trabajo de la CIA, el apoyo logístico, el financiamiento y/o la cooptación de líderes políticos y mandos militares y policiales. Pero si se cuentan todos los desembarcos, ocupaciones y operaciones militares el número de intervenciones sube a 70.

La lista de las usurpaciones más famosas comienza con la guerra Hispanoamericana de 1898 que les permite apropiarse de Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guan. En 1903 despojan a Colombia de la zona de Panamá. De 1912 a 1933 se realiza la larga ocupación de Nicaragua y la lucha de resistencia heroica de Sandino. Entre 1915 y 1934 ocupan por 19 años Haití. De 1916 a 1934 se toman la República Dominicana. En 1954 derrocan al gobierno democrático de Jacobo Arbenz en Guatemala. En 1961 invaden Playa Girón y son derrotados por el Ejército Rebelde en Cuba. En 1965 invaden 22.000 marines la República Dominicana. En 1983 invaden la pequeña isla de Granada. En 1989 invaden Panamá para derrocar a Noriega. Entre 1994 y 1995 invaden Haití. Resulta curioso advertir que las intervenciones militares directas las realiza en Centro América y el Caribe, región formada por países pequeños y débiles.

En el recuento anterior no constan hechos dramáticos como los golpes de Estado en el Cono Sur, implementados a través de dictaduras militares sangrientas como el que destituyó a Joao Goulart en 1964 en Brasil, el baño de sangre que implementó Pinochet en Chile a partir del 11 de septiembre de 1973, planificado por el Comité de los 40 que dirigió Henry Kissinger, la barbarie que ejecutó en Argentina Videla y las dictaduras de Uruguay y Bolivia. Tampoco constan la “Guerra sucia” en Nicaragua, en la década de los 80, financiada con recursos del narcotráfico y los actos de salvajismo y barbarie que cometieron las dictaduras pro – yanquis en otros países de Centro América.

La primera intervención militar directa en el siglo XXI.

La intervención militar directa en Venezuela, en gran escala, perpetrada el pasado 3 de enero del 2026, viene a ser la primera que se comete en América Latina en el siglo XXI, 39 años después del ataque a Panamá y es también la primera intervención militar que sufre de la patria del Libertador en su historia.

Recordemos que desde su posesión en el mes de enero del 2025 el presidente Trump sorprendió a la opinión pública mundial con sus declaraciones, formuladas en varios momentos, de que tenía interés de convertir a Canadá en el Estado 51, de que era una necesidad absoluta anexarse Groenlandia, de que se proponía recuperar el Canal de Panamá, también mencionó renombrar el Golfo de México como “Golfo de América”. Y conviene recordar que una de las obsesiones de su secretario de Estado Marco Rubio es presionar a Cuba para lograr su colapso económico.

Para acompañar sus palabras con hechos en el mes de agosto ordenó movilizar al Caribe la flota militar más grande en toda la historia sin que se sepa cuál país era el objetivo de esta demostración de fuerza, que incluía la presencia del portaviones Gerald Ford el más poderoso con que cuenta los Estados Unidos.

Durante varios meses esos buques de guerra dispararon contra unas 31 pequeñas embarcaciones que navegaban en el Caribe y asesinaron a unos 1l0 tripulantes acusándoles de narcotráfico, sin que nunca se presenten evidencias. El presidente Petro de Colombia dijo que muchas de las víctimas eran pescadores y comerciantes pobres.

En un post escrito por Trump en Truth Social, el 16 de diciembre del 2025, dice:

“Venezuela está completamente rodeada por la armada más grande jamás reunida en la historia de Sudamérica, esta solo crecerá, y la conmoción para ellos será como nunca antes hayan visto, hasta que devuelvan a Estados Unidos todo el petróleo, las tierras y otros activos que nos robaron previamente”.

Más recientemente, el 17 de diciembre del 2025, al responder a reporteros en la Casa Blanca, en el contexto del bloqueo total a buques petroleros sancionados provenientes de Venezuela, Trump la justificó aludiendo a la nacionalización del petróleo en los años 70 por Carlos Andrés Pérez y bajo Hugo Chávez en el 2007, alegando que Venezuela había “robado “tierras, campos petroleros, instalaciones industriales y petróleo de propiedad de los Estados Unidos.

Estas afirmaciones se intensificaron tras la captura del presidente Maduro el 3 de enero del 2026.

El gobierno venezolano y su ministro de defensa calificaron estas declaraciones como “delirantes”, “guerreristas” y “colonialistas”. En efecto, calificar a la nacionalización del petróleo como un robo y señalar que los EUA, por haber hecho inversiones en la explotación de algunos campos petroleros, era su dueño,  es un disparate, pero también un preludio de la guerra colonial que empezó el 3 de enero.

El operativo militar norteamericano.

En las condiciones descritas, a las dos de la madrugada del 3 de enero, un operativo de 150 aviones de guerra (F-35, F-22 y FA-18) y helicópteros (MH-60 y CH-47) drones RQ-170 y de ataque unidireccional bombardearon infraestructuras clave para neutralizar las defensas antiaéreas venezolanas. Fueron objetivos del ataque bases militares, como el Fuerte Tiuna, considerado el mayor complejo militar de Caracas, la Base Aérea La Carlota, las estaciones y subestaciones eléctricas, las antenas de comunicación y los puertos. Imágenes difundidas por los medios de comunicación permiten observar los afectos de las fuertes explosiones y las partes de la ciudad que están sin luz. Un equipo de fuerzas especiales del ejército, que había rastreado durante meses los movimientos del presidente Maduro, seguramente con información de colaboradores cercanos, ingresaron en el lugar en que se encontraba Maduro y su esposa y capturaron a la pareja en un operativo que se prolongó durante dos horas y veinte minutos, aproximadamente. Que hubo una lucha de resistencia lo atestigua los 32 cubanos muertos en uno de los anillos de seguridad y la admisión de varios heridos en las tropas estadounidenses. El gobierno venezolano señala que tuvo más de 100 muertos, entre los miembros de la guardia presidencial, militares y civiles. Los capturados fueron trasladados al buque USS Iwo Jima, luego a la base de Guantánamo y finalmente a Nueva York, donde se encuentran presos en el Centro Metropolitano de Brooklyn. En esta ciudad fueron puestos a órdenes de un juez del Departamento de Justicia y la Fiscalía del Distrito SUR de Nueva York, bajo las acusaciones de: conspiración para narcoterrorismo; conspiración para importar cocaína; posesión y conspiración para poseer y usar armas contra intereses estadounidenses. Su esposa Cilia Flores enfrenta los mismos cargos, menos el primero de los mencionados. La acusación incluye a otros altos funcionarios del gobierno como Diosdado Cabello, Ramón Rodríguez, Nicolas Maduro, hijo, Héctor Guerrero Flores, presunto líder del Tren de Aragua. Tanto Maduro como su esposa, en la primera audiencia del 5 de enero, se declararon “no culpables”, calificaron su captura como un “secuestro” y Maduro afirmó “ soy en presidente de Venezuela”, “soy un prisionero de guerra”.

Los objetivos explícitos del gobierno.

Las acusaciones y el juicio contra Maduro y su esposa Cilia Flores no han logrado ocultar el hecho de que la verdadera motivación de esta guerra relámpago es apoderarse del petróleo venezolano que, como sabemos, tiene las mayores reservas del mundo en una época en que se ha pronosticado que estamos cerca del fin de la era  los hidrocarburos y en un reordenamiento global en el que la unipolaridad de los Estados Unidos aparece fuertemente desafiada por China que ha encontrado un modelo económico, social y político diseñado desde la vigencia de un Partido único: el comunista, desde un Estado planificador activo y la imposición de políticas distributivas que han sacado en 40 años a 800 millones de ciudadanos de la pobreza, mientras en el occidente capitalista la vigencia de la globalización neoliberal ha conducido a crisis financieras recurrentes y a la configuración de un sistema desigualitario en el que concentran el poder y la riqueza un puñado de mil millonarios, mientras se multiplican las masas hambrientas, que huyen de sus países como de la peste, al norte global que los rechaza.

La violación del derecho internacional.

Los que defienden los esfuerzos realizados por la humanidad para tratar de imponer “un orden político, moral y racional, derivado de principios abstractos y universalmente aceptados”, como los que constan en la Carta de las Naciones Unidas y en los principios fundamentales del derecho internacional saben que la acción de guerra desatada por los Estados Unidos contra Venezuela el pasado 3 de enero viola de manera flagrante esos principios. La Carta prohíbe el uso de la fuerza o la amenaza del uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado. La intervención militar también vulnera la soberanía de Venezuela y la igualdad soberana de los Estados, uno de los principios básicos del derecho internacional. La Carta establece la no injerencia en los asuntos internos de los Estados. La Carta establece que las controversias internacionales deben resolverse por medios pacíficos. La invasión militar también viola la integridad territorial de Venezuela. La detención arbitraria del presidente venezolano y su esposa, sin las garantías mínimas legales, constituye una violación del sistema internacional de protección de los derechos humanos y de las inmunidades especiales que protegen a los jefes de estado y de gobierno cuando están en funciones, inmunidades que están reconocidas en el derecho internacional.

El debate legal en los Estados Unidos.

Por las razones legales expuestas es evidente que el gobierno de Donald Trump carece de atribuciones legales para invadir militarmente Venezuela y secuestrar al presidente y su esposa. El juicio que se ha iniciado es una mascarada política que busca ocultar los objetivos económicos del régimen.

En el Congreso norteamericano y entre los sectores democráticos y progresistas de su pueblo saben que una acción de guerra debió ser comunicada al Congreso, como lo hizo incluso Bush antes de iniciar su inmoral y fracasada guerra contra Irak en el 2003,pero que Trump no lo hizo para lograr el efecto sorpresa que le permita tapar la publicación de los más de 30.000 fotos y documentos del archivo de Jeffrey Epstein  que implican al presidente en una red de corrupción y comercio sexual que utilizaba a niñas y adolescentes para servir las apetencias pervertidas de un grupo de millonarios.

Hacia un futuro incierto y peligroso.

Es difícil saber el desenlace del laberinto jurídico que se ha iniciado, pero si es seguro que América Latina marcha hacia un futuro enigmático y peligroso que estará vigente mientras se mantenga en la cabina de mando del gobierno de los Estados Unidos este extraño personaje que pretende recuperar la pasada grandeza del imperio desde una política económica ultra proteccionista que ha declarado la guerra comercial al mundo, que se considera un profeta de la paz mientras multiplica las guerras y que ha vuelto al viejo sueño colonial de extender sus dominios geográficos a la totalidad del Continente, incluida la enorme isla de Groenlandia, de propiedad de Dinamarca.

Venezuela es por ahora la presa del águila imperial y en los días iniciales podemos ver que el Pentágono y la CIA parecen sacar las lecciones del fracaso de Irak en el que después de derrotar a su ejército impusieron un gobierno fantoche que fue derrotado por la resistencia popular, y, hasta ahora han dispuesto no imponer un gobierno presidido por la Premio Nobel que pedía a gritos la intervención militar en su propio país y aceptar la sucesión presidencial de la vicepresidente Delcy Rodríguez, bajo la amenaza de Trump de que si no acepta sus imposiciones “le irá peor que a Maduro”. Comienza entonces una compleja fase de la lucha por la defensa de la soberanía nacional que pondrá a prueba la lealtad de los cuadros dirigentes de la Revolución Bolivariana a la memoria de Chávez y a los intereses mayoritarios del pueblo venezolano, pero también podremos ver si las Fuerzas Armadas cumplen con los mandatos establecidos en el la Constitución Bolivariana de Venezuela que les obliga a “Garantizar la independencia y soberanía: Proteger la integridad del espacio geográfico nacional y asegurar la defensa militar del Estado y coadyuvar a la protección del patrimonio público de la nación”.

En los primeros once días transcurridos después del bombardeo Venezuela vive una tensa calma. Hemos visto manifestaciones populares de rechazo a la intervención extranjera. El gobierno de la presidenta Delcy Rodríguez, en un gesto de conciliación nacional, ha ordenado la liberación progresiva de los presos políticos. Pero la flota en el Caribe no ha desmovilizado y Trump sigue con el gran garrote en sus manos.

Quito, miércoles 14 de enero del 2026.

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Profesor Emérito de la Universidad Central del Ecuador. Ex legislador. Literato. Mgs. en Relaciones Económicas Internacionales mención Comercio e Integración por la Universidad Andina Simón Bolivar.
Ex vicepresidente del Congreso Nacional del Ecuador
Ex presidente nacional del Partido Socialista Ecuatoriano.
Doctor (PHD) en Estudios Latinoamericanos.

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