Derechos Humanos, pandemia y confinamiento

Derechos Humanos, pandemia y confinamiento

Sybel Martínez Reinoso

La pandemia ocasionada por el virus Covid-19 encontró al Ecuador desprevenido y con un sistema de salud ineficiente que al poco tiempo colapsó.  Poco a poco el virus que no hace reparos  y es universal, no distingue condición económica, social ni nacionalidad  descorrió la flagrante desigualdad y las angustiosas diferencias sociales en las que nos desenvolvemos.

El confinamiento, una necesaria decisión política, con todas sus variaciones y originalidades nacionales, se impuso en el mundo y, por supuesto, también en nuestro país, como una política de estado, lastimosamente sin un enfoque humanitario.

La consigna fue quedarse en casa, ¡al costo que sea! No tardamos en darnos cuenta que el hambre, el hacinamiento y la precariedad hacían del aislamiento social una medida ineficaz e irreal, pese a que las fuerzas del orden se  afanaron en enviar un mensaje de “disciplina” a través de azotes, cortes de cabellos y hasta baños de agua fría a adultos y a menores de edad como una forma “válida” de hacer cumplir la norma.

Mientras este desproporcionado uso de la fuerza ocurría, la pesadez de los cadáveres en casas y aceras en Guayaquil dejaban en evidencia no solo que el aislamiento no era suficiente sino que la obligación del Estado de garantizar salud, para todos, era y es una entelequia.

La falta de prioridad a la vida y a la salud de las personas se evidenció en un sinnúmero de formas, desde la carencia de insumos y equipos de protección para el personal de la salud hasta el apilamiento de cadáveres en morgues y hospitales a los que se propuso, aunque después se retractaron, enterrar en fosas comunes. Pero la salud humana no sólo depende del acceso a la atención sanitaria, también depende del acceso a la información precisa y veraz, esto también falló, la inconsistencia y la fiabilidad de los datos de contagios y muertes, creó desconfianza, hasta hoy batallamos por tener una información transparente y real.

A estas cruentas realidades se sumaron de a poco la violencia de género y el maltrato infantil, 243 llamadas diarias pidiendo auxilio al ECU-911, así lo confirman; las organizaciones de la sociedad civil registran hasta ahora 11 femicidios, 7 muertes violentas de niños, niñas y adolescentes en manos de personas que ellos amaban y confiaban y alrededor de 10 suicidios en la población infanto-juvenil; el abuso sexual infantil también se ha hecho presente, este acto lesivo y caótico ha marcado la vida de 21 niñas, niños y adolescentes en lo que va de la cuarentena. El Estado, testigo silente, mira a la distancia, no da cifras y tampoco las desmiente. En algo si hay certezas, la Covid-19 tiene otras formas de matar, más allá de una neumonía atípica.

RT Español

La xenofobia tampoco ha encontrado límites en expresarse, el trabajo informal se transformó en mendicidad que sumado a desalojos y a la falta de alimento hizo que muchos migrantes, la gran mayoría de nacionalidad venezolana, decidieran regresar a su país, incluso caminando.

Los adultos mayores, otro grupo vulnerable, tremendamente golpeado y vilipendiado en esta crisis, han debido hacerle frente al desobligo, la desatención y la violencia en manos de sus propias familias, y aquellos que están en geriátricos, algunos clandestinos, al desamparo y a la muerte.

Todo esto, en la misma proporción con la que la desprotección y el hambre hacen mella en grupos históricamente excluidos. Ni los animales de compañía se han salvado de sufrir abandonos, so pretexto de contagios.

Y si bien el virus no discrimina, su impacto sí lo hace, se lo siente con mayor fuerza en grupos vulnerables y de atención prioritaria. Mujeres embarazadas  y niños recién nacidos sin controles ni vacunas; personas con enfermedades catastróficas, VIH o trastornos mentales sin acceso a medicamentos; niños  sin computadoras ni internet peor aun con guías o estrategias de apoyo por discapacidad o rezago escolar, mujeres trans discriminadas sin acceso a elementos de protección, chicas y chicos volviendo al trabajo infantil y a la mendicidad; niñas y mujeres sin acceso a anticoncepción de emergencia en casos de violación, personas privadas de la libertad hacinados  en condiciones insalubres contagiados con el virus y sin contacto con sus familias; hambre por doquier y una respuesta incipiente de las autoridades.

Fuente: La Hora

La mala vivienda, la alimentación insuficiente, la precarización del empleo, la falta de acceso a salud y educación tienen tanta o más trascendencia que el virus mismo; se esperaba, entonces, una respuesta política mucho más proteccionista, menos “economicista”, que repruebe al individualismo y dé una puñalada a la meritocracia. Sucedió todo lo contrario, las decisiones tomadas no han evitado que el confinamiento sea un costo inafrontable para los sectores populares.

La pandemia, no solo tiene un alto efecto sanitario y económico sino también social. Por ello las respuestas antes, durante y después del confinamiento debieron y deben ser guiadas, indefectiblemente, por los derechos humanos para así evitar una crisis humanitaria.

Dicho esto, tomar decisiones o dictar medidas sin tener en cuenta el impacto que estas tienen en los derechos de las personas, en sus proyectos de vida, en su dignidad, es sin duda alguna crear un terreno fértil para que esta se produzca.

Esta crisis sanitaria de gigantescas proporciones tiene costos y todo es cuestión de quien los paga. Se trata de una situación inédita que ha provocado un trastocamiento incluso de tipo ideológico – ya no se puede sostener que la economía debe seguir su curso sin importar la vida de la gente porque al hacerlo la marcha será fúnebre, no triunfal- pero en ningún caso la realidad ha superado la legalidad como nos han dicho, aún hay un orden legal establecido, todavía tenemos un tejido social capaz de conmoverse y luchar pese al confinamiento.

Fuente: El Universo.

Y si bien todavía no tenemos la posibilidad de calcular los horrores y sismos que ha producido la pandemia, lo seguro es que las decisiones tomadas hasta ahora por quienes guían nuestro país, ratifican que la lucha social por los costos de la crisis está a la vuelta de la esquina y que la magnitud de la catástrofe podría llegar a ser la marca histórica decisiva de esta generación. No hay desastre que no pueda ocurrir.

De hecho ya hemos acudido a uno de ellos, la satisfacción de las demandas de grupos de poder por encima del bienestar de las personas.

El “sálvese quien pueda” se impuso una vez más por sobre la “salvación colectiva”, solo así se puede explicar la promulgación de una “Ley Humanitaria” que de aquello solo tiene el nombre.

La inhumanidad de una democracia que deja flancos expuestos para que todo tipo de vulneración de derechos se produzca y que ya decidió que quienes pagarán los costos de la pandemia serán los sectores más desprotegidos de la sociedad, se traduce en recortes presupuestarios a la educación escolar y superior -haciendo caso omiso incluso a decisiones legítimas emanadas de autoridad competente-, en suspensión de financiamientos y debilitamientos a proyectos de protección especial, en flexibilización y precarización laboral, en desvinculación de miles de personas de sus puestos de trabajo, tanto públicos como privados, en el debilitamiento de servicios de atención a víctimas de violencia y, como si esto fuera poco, en corrupción –las sociedades más corruptas son también sociedades del deterioro de derechos humamos-.

No nos engañemos, la corrupción sobrevive no solo gracias a los corruptos también se apoya en los cobardes. Y cuando unos y otros son suficientes para seguir gobernando, robando y corrompiendo, el país entero esta condenado a convertirse en un vertedero donde se comercia con los principios y el dolor ajeno a precio de oro para unos y de saldo para otros.

Fuente: BBC

El virus puede hacer infinidad de cosas pero no causa desigualdad ni vulnera derechos, estos efectos se fundan en decisiones políticas. Nuestro futuro incierto luce abierto a dos destinos posibles, una sociedad con políticas de supervivencia donde los derechos de las personas poco o nada importen, o una sociedad con políticas de protección social y bienestar para las personas. Resulta inspirador, aunque a estas altura poco probable, que el gobierno y sus principales instituciones entiendan que funcionan mejor en sociedades dotadas con mayor capital social, es decir, basadas en relaciones de confianza, reciprocidades solidarias y tejidos colectivos mejor integrados.

Ecuador debe humanizarse, reinventar una nueva normalidad fundada en una nueva moralidad solidaria respetando y resguardado nuestros derechos y los de nuestras futuras generaciones, en un Estado orientado, verdaderamente, hacia la protección, la igualdad y el bienestar para conseguir un orden social más justo y humanitario.

El virus está contenido pero no controlado, preocupa la reapertura segmentada que se ha propuesto con semáforos que cambian de color no por el menor número de contagios sino por la conveniencia de quienes quieren abrir “el grifo” sea como sea mientras otros, los más sensatos y menos pudientes, buscan un equilibrio entre no perder vidas y mantener el empleo y las empresas. En este juego entre la ética del bien común y la rentabilidad del capital, qué debe pesar más: ¿la salud o la economía?, ¿la libertad o la seguridad?

Fuente: El Heraldo

Lo cierto es que la post-pandemia se anhela y se teme a la vez, por un lado está el deseo de volver a la normalidad aunque se sabe que nada será igual y por otro está, como decía Egar Morin, el “festival de las incertidumbres”. El mañana es un territorio en construcción, es aquí donde se hace posible el inicio de un nuevo camino de recuperación económica, de un futuro deseable que tome en cuenta a los que nunca lo son, que reinventen los sistemas de salud y de educación, que avance en temas como la automatización, la economía colaborativa, el cambio climático, las relaciones de género sanas sin estereotipos, la renta básica universal, como diría Horacio Rovelli si hay algo más importante que Dios, es que nadie escupa sangre para que otros vivan mejor.

Doctora en Jurisprudencia, Licenciada en Ciencias Sociales, Directora de Grupo Rescate Escolar, Vicepresidenta del Consejo de Protección de Derechos de Quito, Consejera Nacional Defensorial de la Niñez y Adolescencia, Miembro del Consejo Consultivo de la Niñez y Adolescencia del Distrito Metropolitano de Quito. Ex columnista invitada Diario El Telégrafo. Docente invitada a los Cursos Avanzados “Derechos Humanos, niñez y adolescencia en el Ecuador”, “Salud adolescente y juvenil, cuerpos y sensibilidades” en la Universidad Andina Simón Bolívar.

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3 comentarios en «Derechos Humanos, pandemia y confinamiento»

  1. Muy importante y actual el análisis, sobre todo por el tema de la afectación a los ddhh por las medidas represivas y normativas en el Ecuador.
    Roldan, un funcionario, amenazó a los ciudadanos que reclaman por los atropellos.

  2. Es una de las cartas mas bien puestas a las autoridades sordas y mudas de nuestro pais la cruda realidad . Felicitaciones a la Dra SYBEL MARTKNEZ REINOSO ABOGADA JOVEN HONESTA Y MUY CLARA EN SU APRECIACION DE TODO LO QUE NOS TRAJO LA PANDEMIA Y COMO MIRA la politiquería de nuestro pais para sus conveniencias . que pena hemos llegado a lo más profundo del hoyo y cargando a cuestas la corrupción de hace 10 décadas que nos dejaron como herencia progresiva

  3. Todo lo escrito acá es verídico, realmente esta pandemia agarró al mundo entero totalmente desprevenido, no se diga al Ecuador, que el sistema de salud es ineficiente además de corrupto, donde predomina la sapada , el más vivo, sobre todo durante estos últimos 13 años. No es consuelo de tontos, pero no es el único país que está quebrado en este sistema, hasta los del primer mundo fallaron, no se diga el nuestro. Claro está que Ecuador está quebrado por todas partes.¿ Díganme, por culpa de quién ? Van a decir de Correa, por supuesto que sí, pero más culpa es decir quienes votan tan. irresponsabldemente ya sea por un plato de comida o por un par de dólares o simplemente por fanatismo y desmemoria. Después, se están quejando y rragando las vedtiduras y tenemos que pagar justos por pecadores fanáticos descerebrados…

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