Manuel Salgado Tamayo
“Tengo fe en Chile y en su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en que la traición pretende imponerse. Sigan sabiendo que, mucho más temprano que tarde, se nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor”. Salvador Allende, 11 de septiembre de 1973.
El domingo 19 de diciembre, en horas de la noche, en la misma Alameda de Santiago de Chile donde Salvador Allende había proclamado su victoria electoral en junio de 1970, pudimos presenciar, por la televisión satelital, una apoteósica concentración popular, desafiando las restricciones sanitarias impuestas por la pandemia , en un ritual que parecía levitar entre el misticismo y la enfuria política destinada a compartir la categórica victoria de la Coalición Apruebo Dignidad y de su joven candidato presidencial Gabriel Boric que acababa de sepultar el intento de retornar a los peores pesadillas del pinochetismo de la mano de José Antonio Kast.
Los resultados de la primera vuelta electoral en la que Kast obtuvo el 27.9% y Boric el 25.8%, llevaron a las empresas encuestadoras a especular con la posibilidad de una victoria del candidato que en su discurso emuló con la bazofia de Pinochet, Trump y Bolsanaro.
Pero esos pronósticos quedaron pulverizados cuando el sistema electoral anunció, a las 20h00, la contundente victoria del presidente más joven y votado en las lides democráticas de Chile.
La historia del último medio siglo nos recuerda que el pueblo de Chile fue derrotado por una dictadura militar que, como lo ha mencionado Boric, declaró la guerra a su propio pueblo, irrogándole miles de víctimas mortales y otros cientos de miles que protagonizaron una de las diásporas más dolorosas y numerosos del siglo XX. Pero el pueblo de Chile nunca dejó de resistir. Hitos indelebles en ese proceso de lucha social fueron las grandes movilizaciones que obligaron a la dictadura a convocar a un plebiscito el 5 de octubre de 1988, en el que la mayoría del pueblo se pronunció por un NO a la continuidad del sistema autoritario y elitista que se había constitucionalizado en 1980, así como al impulso de las reformas necesarias para el retorno al sistema democrático que se produjo en 1990.
Los gobiernos de la Concertación

Desde el 11 de marzo de 1990 hasta el 11 de marzo del 2010 se produce una alianza entre los partidos de izquierda, centroizquierda y centro, llamada la Concertación de Partidos por la Democracia que gobiernan Chile. A partir del 2010 acontece la primera administración de la Coalición por el Cambio, encabezada por el actual presidente Sebastián Piñera, que culminará en marzo del 2022 su segundo mandato. Del 2014 al 2018 se integra una nueva coalición que gana la presidencia con Michele Bachelet.
Boric toma distancia con la Concertación
Como ha señalado Boric durante los 14 años de gobiernos de la Concertación se comete el grave error de mantener una democracia cautiva en las redes tejidas por los asesores de la Universidad de Chicago que hicieron de Chile un laboratorio de experimentación del proyecto civilizatorio neoliberal que comprendía desde el inicio dos etapas: primera, la de demolición del modelo fordista, que se experimentó con métodos brutales en los 17 años de la dictadura de Pinochet y, la segunda etapa, prevista desde el inicio, de estabilización , que sería encargada, en el caso chileno, a la Concertación de Partidos por la Democracia, cuyos operadores políticos serían la Democracia Cristiana y una “izquierda renovada”.
La estrategia del neoliberalismo de los años 70 era una respuesta a la crisis del modelo fordista que busca ajustarse a las nuevas exigencias del proceso de acumulación global.
En ese sentido, se busca, promover en un mismo proceso la transnacionalización y desnacionalización de los Estados del capitalismo periférico. Para ello se introducen reformas o mejor contrarreformas económicas que faciliten el flujo del capital productivo y especulativo, reduzcan los salarios de los trabajadores, permitan la libre explotación de los recursos naturales, faciliten la liberalización del capital financiero y reduzcan los controles del Estado.
Los resultados de la aplicación de estas políticas posibilitaron un crecimiento económico que polarizó más aún los extremos de pobreza y riqueza que caracterizan al sistema capitalista, la explotación minera y de otros recursos primarios se hizo sin ningún plan de sustentabilidad, Chile se volvió en un país muy caro para la mayoría de una población.

Los salarios no cubren el precio de la canasta familiar. Las pensiones de jubilación no garantizan una vejez digna. La educación y la salud son negocios privados. Las mujeres son víctimas de una sociedad patriarcal y machista. Los derechos de las minorías son negados. Los pueblos originarios son víctimas de la exclusión. Miles de jóvenes no acceden al sistema educativo y caen en las redes del narcotráfico.
Los estudiantes la antena más sensible
En el 2011, durante la primera administración de Sebastián Piñera, los estudiantes demuestran ser la antena más sensible de la sociedad chilena. Se pronuncian abiertamente contra la vigencia de Constitución de Pinochet que niega derechos fundamentales al conjunto de la sociedad. Durante varias semanas la vigorosa lucha de los estudiantes universitarios y secundarios, a los que acompañan los maestros y los trabajadores se pronuncian contra el ordenamiento vigente y por la necesidad de introducir profundos cambios en la sociedad. Gabriel Boric y Camila Vallejo aparecen como los dirigentes universitarios más destacados de este proceso.

En el 2012 Boric gana la presidencia de la Federación de Estudiantes de Chile, FECH, proceso en el que Camila Vallejo se ubica como vicepresidenta. En el 2013 Boric, Vallejo y otros jóvenes universitarios son elegidos diputados al Congreso Bicameral. Boric se vuelca completamente a la lucha política y no culmina su carrera de Derecho, pese a que tenía aprobados casi todos los créditos.
El reventón chileno
A fines del 2019 se produce el “reventón chileno”, un estallido social solo comparable al “bogotazo” y al “caracazo” que todos recordamos. Para tener una idea de lo ocurrido basta decir que entre octubre y diciembre del 2019 estallan en Chile 3.300 acciones de protesta.
Durante estas movilizaciones que se producen a largo de todo el extenso territorio de Chile se consolida el liderazgo de Boric que es reelecto como Diputado.
Su capacidad de análisis le permite desempeñar un papel visible en los acuerdos del 15 de noviembre que plantean dar una salida política a la crisis a través de la convocatoria a una Asamblea Constituyente. Su posición es criticada por los sectores más radicales que suponen que Chile estaba a las puertas de una revolución social. Para la realización del plebiscito Boric realiza una intensa campaña entre el 26 de agosto y el 22 de octubre del 2020. El 78.28 % de la población apoya la Constituyente. Entre el 15 y 16 de agosto del 2021 se realizan las elecciones de los diputados constituyentes, en las que gana Boric, los resultados implican una derrota para las fuerzas políticas tradicionales que habían gobernado bajo la Constitución heredada de Pinochet. De cara a las elecciones presidenciales se produce una política de alianzas entre el Frente Amplio, fundado en el 2017, en el que milita Boric y la nueva generación de jóvenes militantes del Partido Comunista. La Coalición se autodenomina Apruebo Dignidad. En las primarias al interior de la coalición para elegir al candidato presidencial Boric se impone al candidato comunista Daniel Jadue.
El programa de gobierno

Como lo han advertido algunos analistas el programa difundido a lo largo de la campaña está lejos de ser radical. En el discurso de la victoria Boric se sabe heredero de una larga trayectoria histórica protagonizada por los que buscaron y buscan la justicia social, la democracia, la defensa de los derechos humanos y la protección de las libertades. En una alocución, leída en forma serena y mesurada propuso un “Chile verde y de amor, que cuide la naturaleza y los animales, que recupere las plazas de los barrios para poder jugar, un Chile donde papás y mamás tengan más tiempo para estar con sus hijos y los abuelos y las abuelas no estén solos.”
Puso énfasis además en el papel central que tendrán en su gobierno las mujeres, cuyo derecho esencial será el decidir sobre su propio cuerpo. Disidencias y diversidades que han sido largamente discriminadas serán respetadas y protegidas. Se construirán nuevas relaciones con los pueblos originarios.

Dijo también que la experiencia histórica nos enseña: primero, que un crecimiento económico que se asienta en la desigualdad tiene pies de barro; segundo, que los avances, para ser sólidos, deben ser fruto de acuerdos amplios, graduales y edificados peldaño a peldaño; tercero, que nunca, por ningún motivo, un presidente debe declarar la guerra a su propio pueblo. Que para reparar los daños se mantendrá la política de verdad, justicia, reparación y no repetición; cuarto, al referirse a los derechos humanos fundamentales que han sido negados para amplios sectores de la sociedad señaló que se construirá un sistema de salud que no discrimine entre ricos y pobres; que los jubilados tendrán pensiones dignas; que se promoverá el trabajo decente y mejores salarios; que se dará impulso a la educación pública, los programas de vivienda popular, el derecho al agua de los campesinos.
El presidente Gabriel Boric hizo un llamado a “defender el proceso constituyente tomando en cuenta que es la primera vez en nuestra historia que estamos construyendo una Constitución de forma democrática, paritaria y con participación de los pueblos originarios”. Y como para tranquilizar a los poderosos agregó que se expandirán los derechos sociales con responsabilidad fiscal, cuidando nuestra macroeconomía.
Chile fue la cuna del neoliberalismo, pero también será su tumba
Hemos mencionado algunos datos sobre la lucha política del joven presidente de 35 años para que se comprenda que se trata de un luchador social forjado en las filas del movimiento estudiantil universitario que tuvo la entereza de plantear la necesidad de desmontar la Constitución impuesta por la extrema derecha pinochetista. “Si Chile fue la cuna del neoliberalismo, pero también será su tumba”, dijo luego de ganar las primarias, pero además tuvo la integridad para marcar diferencias con la Concertación que cometió el error de gobernar por 14 años con esa camisa de fuerza en una democracia secuestrada y sometida.
Su discurso de posesión moderado demuestra que estamos ante un gobernante que propone cambios graduales, logrados peldaño a peldaño. No de un caudillo mesiánico que proclama su credo, sino ante un joven inteligente y sensato “abierto a escuchar y a incorporar distintas visiones”.

Boric marca diferencias con Maduro y Ortega
Aunque voceros del llamado progresismo latinoamericano han saludado su victoria, Gabriel Boric ha puesto distancia con algunos de esos procesos. Al comentar el Informe Bachelet, Alta Comisionada sobre derechos humanos de la ONU, sobre Venezuela, el entonces diputado Boric dice en un Twiter: “En Venezuela hay violaciones graves a los derechos humanos por parte del gobierno de Nicolás Maduro. Esto no puede ser relativizado por la izquierda sino condenado de manera categórica y sin empates. La defensa de los derechos humanos debe ser universal, indivisible y alejada de cualquier tipo de doble estándar” (8 de julio del 2019); más aún, en uno de los debates internos de la Coalición Apruebo Dignidad habría señalado que: “El Partido Comunista se va a arrepentir de su apoyo a Venezuela como Neruda se arrepintió de su Oda a Stalin”.
Sobre Nicaragua dice en un Twiter: “Nicaragua necesita democracia, no elecciones fraudulentas ni persecución a opositores”. (12 de noviembre del 2021).
Como podemos ver en Chile no solo tenemos la presencia de un presidente joven, que proclama sin tapujos su ecologismo y feminismo, sino de un político que juega en serio a una nueva democracia, que pone en tensión una renovada visión ética sobre el poder y los gobernantes.
Profesor Emérito de la Universidad Central del Ecuador. Ex legislador. Literato. Mgs. en Relaciones Económicas Internacionales mención Comercio e Integración por la Universidad Andina Simón Bolivar.
Ex vicepresidente del Congreso Nacional del Ecuador
Ex presidente nacional del Partido Socialista Ecuatoriano.
Doctor (PHD) en Estudios Latinoamericanos.
