¿Se reactiva el viejo sueño americano de apoderarse de Cuba?

¿Se reactiva el viejo sueño americano de apoderarse de Cuba?

Manuel Salgado

No debería haberse armado un escándalo publicitario por el calentamiento de las calles en Cuba pues el mundo vive, sin excepción, una crisis sin precedentes en la historia, en la que ahora se suman a los factores económicos los derivados de la pandemia del coronavirus. El Chile modélico de los neoliberales soportó durante varios meses un estallido social y la democracia autoritaria en Colombia no ha disipado la profundidad de las movilizaciones populares. En tales circunstancias las movilizaciones ciudadanas registradas en Cuba, el domingo 11 de Julio, no hacen otra cosa que demostrar el descontento que prevalece en algunos sectores sociales como resultado de los efectos combinados de una larga crisis económica a la que ahora se suman los impactos de la crisis sanitaria.

Al presidente Miguel Diaz Canel le ha correspondido enfrentar una circunstancia histórica compleja, admitida en los informes de la CEPAL del 2020,  en la que se interrelacionan los efectos acumulados del endurecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Donald Trump, que adoptó más de 240 medidas adicionales contra Cuba el 2019, que afectan el suministro de petróleo, la llegada de turistas y el envío de remesas; agréguese la  prolongación de esas políticas republicanas por el gobierno de Joe Biden, que no solo implica la paralización del aparato económico sino también enfrentar los enormes gastos en medicamentos y otros equipos necesarios a los que Cuba no tiene fácil acceso y, tercero, los efectos de la dinámica política regional que le llevaron a Cuba a perder importantes aliados políticos en la propia América Latina debido al giro conservador operado en los últimos procesos electorales.

Joe Biden se aleja de la diplomacia de Obama.

La presencia en la Casa Blanca del demócrata Joe Biden, llevó a varios analistas internacionales a suponer que su política de vecindad con Cuba daría continuidad a la diplomacia de la distención, iniciada el 17 de diciembre del 2014, por el expresidente Barack Obama y que llevó al restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre los dos países el 20 de julio del 2015, luego de una ruptura que había durado más de medio siglo.

La posición de Obama significaba una muestra de sensibilidad frente a las consecutivas demandas de la comunidad mundial que, en el seno de la Asamblea General de las Naciones Unidas, ha condenado el bloqueo contra Cuba en 29 ocasiones consecutivas.

La opinión pública internacional recibió con entusiasmo esa postura que implicaba un cambio en el carácter de las relaciones hemisféricas, pero, aún entonces, era difícil saber si el presidente Obama, en los dos años que le quedaban de administración, podría desmontar todo el andamiaje jurídico que debe pasar por el Congreso, en el que los republicanos tenían una influencia considerable. En efecto, se restablecieron las relaciones, Obama y su familia visitaron Cuba, pero el principal problema: el bloqueo económico, comercial y financiero destinado a rendir por hambre al pueblo cubano y liquidar su revolución quedó intacto. Peor aún, luego se hizo del poder esa genuina reencarnación de “el maligno”, Donald Trump, que adoptó más de 240 medidas adicionales para profundizar el bloqueo.

Nuestro destino es poseer Cuba”.

Sólo quienes padecen de una lamentable ignorancia pueden afirmar que a los Estados Unidos de América le interesa implantar la democracia, la libertad y el progreso en Cuba. La historia demuestra que el interés americano por apoderarse de Cuba no data de los últimos 62 años. El senador Stephen Douglas, que pasó a la historia con sus debates con Abraham Lincoln, habría señalado: “Nuestro destino es poseer Cuba y es una locura discutir esta cuestión”. Años más tarde, una comisión gubernamental formada por los embajadores Pierre Saulé, James Buchanam y Jhon Mason redactaron el “manifiesto de Ostente” en el que proclamaban “que los Estados Unidos debían comprar Cuba” y, “Si España se negaba a vender la Isla, los Estados Unidos tenían que apoderarse de ella por la fuerza”. Expresaban de este modo un interés particular de los esclavistas del sur de la Unión, pero también de algunos jefes militares del norte. Estos intereses eran coincidentes además con los de un sector de la burguesía cubana que era partidaria de la anexión a los Estados Unidos. Frente a ellos, con una fuerza creciente estaban los sectores nacionalistas y patrióticos, dirigidos por José Martí, quien advirtió el peligro que significaba para Cuba y nuestra América el expansionismo norteamericano. Tres años después de la muerte en Combate de Martí, el 15 de febrero de 1898, se produjo la explosión del Maine en el Puerto de La Habana, en el que perecieron 270 de sus 300 tripulantes, fue la provocación perfecta para el inicio de la guerra americana contra España. Las tropas americanas desembarcaron en Cuba entre el 20 y el 25 de junio de 1898. Los 200 mil soldados españoles no presentaron la resistencia que se podía esperar. El 30 de julio del presidente Mckinley dictó las condiciones: evacuación inmediata y abandono definitivo de Cuba, cesión a los Estados Unidos de Puerto Rico, así como de la isla de Guam en el Pacífico, y por último la ocupación de la ciudad y el puerto de Manila en Filipinas.

La ocupación militar de Cuba y la Enmienda Plat.

La capitulación militar de España dio paso a la ocupación militar de Cuba que se prolongó hasta 1902. Durante esa fase, en 1901, se realizó en Cuba una Asamblea Constituyente que dictó la Ley fundamental, pero las condiciones imperantes llevaron a incorporar en el texto una enmienda, votada por el Senado americano, a propuesta del senador Orville H. Plat que disponía: “El gobierno de Cuba concede a Estados Unidos el derecho de intervenir para garantizar la independencia y para ayudar a todo gobierno a proteger las vidas, la propiedad y la libertad individual”. Esta Enmienda, que estuvo vigente hasta mayo de 1934, permitió la intervención militar del Imperio y el despojo, vigente hasta hoy, de una franja de territorio cubano para implantar la Base de Guantánamo y la apropiación de los recursos económicos fundamentales del país.

Independencia nacional y socialismo en Cuba.

Las fuerzas nacionalistas y patrióticas cubanas nunca dejaron de luchar contra la gran potencia colonial del norte y el mérito histórico de la llamada “Generación del Centenario”, encabezada por Fidel Castro, es el de haber logrado por vez primera la independencia nacional, en una gesta comparable a la que cumplieron en los países andinos Simón Bolívar y Antonio José de Sucre, pero además, el pueblo cubano fue capaz de derrotar la invasión militar organizada por los Estados Unidos en Playa Girón, en abril de 1961, para convertirse en el primer territorio libre de América y proclamar el carácter socialista de su revolución.

El 6 de julio de 1960, apenas un año y medio después del triunfo, los Estados Unidos imponen sanciones económicas a Cuba que se profundizan desde el 7 de febrero de 1962. Se trata del bloqueo económico, comercial y financiero más largo de la historia de la humanidad, impuesto a Cuba como una política genocida que busca rendir al pueblo por hambre para derrocar a su gobierno.

Estimaciones de académicos señalan que las pérdidas causadas a Cuba por el bloqueo durante 60 años superan los 140.000 millones de dólares.

Cuba en sus 62 años de revolución ha escrito varias páginas de gloria que le han ganado la admiración y el cariño de la humanidad irredenta: eliminó el analfabetismo y tiene uno de los niveles educativos más altos del mundo; tiene uno de los sistemas de salubridad más eficientes del planeta; es el único país de América Latina que ha sido capaz de desarrollar vacunas para enfrentar al Covid 19; brigadas de médicos cubanos han colaborado en 70 países del mundo subdesarrollado; sus deportistas, durante dos décadas, transformaron a Cuba en la cuarta potencia deportiva en los Juegos Olímpicos; sus trabajadores durante dos décadas lograron niveles de crecimiento económico que elevaron los niveles de vida.

El doble bloqueo contra Cuba.

Pero Cuba es un archipiélago de 110.000 km2, con unos 12 millones de habitantes, ubicados a 90 millas del mayor Imperio económico y militar de la historia y dueña de limitados recursos materiales. Un país pequeño y pobre que ha soportado con estoicismo un doble bloqueo, primero el impuesto por los Estados Unidos y, segundo, el que significó la implosión del campo socialista. Como decía Fidel: “Cuba sufrió un golpe anonadante cuando, de un día para otro, se derrumbó la gran potencia. Cuba se quedó sola, solita, “se perdieron todos los mercados y dejamos de recibir víveres, combustibles, hasta la madera con que darles cristiana sepultura a nuestros muertos,” “los mercados y fuentes de suministros fundamentales desaparecieron abruptamente. El consumo de calorías y proteínas se redujo a la mitad”. Como era previsible los Estados Unidos arreciaron el bloqueo con las leyes Torricelli y Helms Burton para dar el golpe de gracia al socialismo cubano. Todo el mundo creía que la caída de Cuba era inminente e inevitable, pero Cuba resistió y resiste, aunque en medio de dificultades evidentes.

La reconfiguración del poder mundial, el fracaso del neoliberalismo y el surgimiento de los llamados gobiernos progresistas en América Latina permitieron a Cuba salvar sus conquistas históricas apoyándose en las exportaciones de niquel, tabaco, azúcar, ron, acero y crustáceos, en la creciente industria del turismo, en la venta de servicios profesionales médicos, docentes y de entrenadores deportivos, en las remesas de los migrantes. Pero las estadísticas demuestran un descenso en la producción de alimentos básicos, lo que explica la importación de carnes, trigo, maíz, leche, soya y otros productos alimenticios; también se advierten limitaciones y carencias en esferas como la vivienda, el alcantarillado, la transportación pública, el servicio eléctrico, a los que se suman impactos negativos en la atención médica y la enseñanza. Sus principales socios comerciales son China, España, Alemania, Hong Kong, Portugal, Chipre, Suiza, Bélgica, Francia y Brasil que son el destino de sus exportaciones.

Ecuador tiene un modesto intercambio comercial con Cuba. Exportamos a Cuba grasas y aceites vegetales, sardinas y tableros de madera, mientras le compramos a Cuba, medicinas, gallos y ron.

Cuba es una creación colectiva.

La supervivencia de Cuba y su enorme contribución filosófica y ética al proceso de emancipación de la humanidad son hechos que ningún ser humano honesto puede dejar de reconocer. Son hijos de Cuba el desarrollo de una creciente conciencia latinoamericana y la cuasi derrota del panamericanismo y la OEA. Y ningún otro pueblo hizo tanto por el derrumbe del sistema colonial y el racismo en el África.

El propio Fidel sabía que hacer una Revolución en Cuba era una tarea bien difícil, pero que fue posible por heroísmo colectivo de su pueblo y el sacrificio de muchas personas, a lo largo de muchos años, en muchas partes del mundo.

La suma de factores mencionados, sumados a los impactos de la pandemia, han determinado que el poderoso Imperio, cuando se cumple un año y medio de la pandemia, arrecien la persecución financiera, económica, comercial y energética contra Cuba, con el objeto de provocar una convulsión social interna para convocar “misiones humanitarias” que se traduzcan en invasiones e injerencias militares, como lo hicieron en Haití en años pasados.

Pero el destino de Cuba está en manos de su pueblo y su gobierno, ellos deben hacer los cambios y rectificaciones que sean necesarias en su sistema económico, que parece ser la materia pendiente.

Pero es una necedad, a la luz de la historia lejana y más reciente, esperar que las élites de la gran potencia del norte atiendan el clamor mundial y resuelvan el cese del criminal bloqueo. En tales circunstancias el pueblo del Ecuador debería ser el epicentro de una movilización latinoamericana y global de solidaridad con Cuba, que parta de su derecho a la soberanía y la autodeterminación, y que rechace de modo frontal cualquier intento de intervención militar imperialista.

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Profesor Emérito de la Universidad Central del Ecuador. Ex legislador. Literato. Mgs. en Relaciones Económicas Internacionales mención Comercio e Integración por la Universidad Andina Simón Bolivar.
Ex vicepresidente del Congreso Nacional del Ecuador
Ex presidente nacional del Partido Socialista Ecuatoriano.
Doctor (PHD) en Estudios Latinoamericanos.

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