Madres, trabajadoras y precarizadas. La situación de las mujeres repartidoras de App en Ecuador

Madres, trabajadoras y precarizadas. La situación de las mujeres repartidoras de App en Ecuador

Kruskaya Hidalgo

Yorya, es una repartidora de Glovo y Rappi en la ciudad de Quito, actualmente está entrando a su octavo mes de embarazo.[1] Reparte pedidos sobre una bicicleta durante el todo el día. Por más de ocho horas diarias. Nos conocimos cuando llevaba seis meses de embarazo y su preocupación fundamental era “¿qué voy hacer cuando mi embarazo ya no me permita trabajar?”; tomando en cuenta que su única fuente de ingresos es el trabajo con estas aplicaciones, al acercarse el parto, quedará automáticamente en la calle. Indemnización no hay, licencia de maternidad tampoco.  Esta historia es sobre ella, pero es, sobre todo, la nuestra, la de todes[2] les trabajadores de Ecuador. Tiene que ver con los derechos laborales ganados a través de luchas históricas, que hoy se están perdiendo.

¿Qué es lo mínimo que se debería ofrecer a una mujer embarazada para que el trabajo no ponga en riesgo su vida y la de su bebé? ¿para que tenga las condiciones laborales mínimas para llevar un embarazo digno y protegido? Un momento, ¿es necesario en el Ecuador de hoy hacerse esas preguntas?, ¿las leyes laborales de nuestro país, en pleno 2020, no garantizan la seguridad mínima de una trabajadora embarazada?  La respuesta es no, ¡no garantizan! Aunque en teoría deberían.

Y sí, es necesario hacerse estas preguntas porque hoy por hoy cientos de mujeres embarazadas son explotadas diariamente por las Apps de reparto o delivery, de transporte, de encomiendas. Esas que usamos todos los días para pedir nuestra pizza favorita, transportarnos de un lugar a otro, obtener medicamentos o chocolates a la puerta de casa ‘con solo un click’.

Detrás de estos servicios que han resultado tan cómodos y convenientes, se esconden negligencias, precarización, violencia e impunidad. Como en muchas esferas el problema tiene diversas dimensiones y las consecuencias son peores para las mujeres y muchísimo más perjudiciales para las trabajadoras embarazadas.  Como consumidores podemos hacer mucho. Informarse es lo primero. Pues bien, estas aplicaciones móviles son parte de las economías de plataforma, también conocidas como gig economy, capitalismo de plataformas o uberización de la economía. Modelos de negocio que ofrecen variedad de servicios, por ejemplo: reparto o delivery, transporte, peluquería, etc. Independiente de la actividad, todas se caracterizan por triangular relaciones laborales entre les usuaries, los establecimientos y las personas trabajadoras. De esta manera, estas compañías multinacionales alegan ser “mediadoras” y por ende no reconocen una relación de dependencia contractual de sus empleados. No garantizan ningún derecho laboral a pesar de ejercer su negocio y generar ganancias dentro de un país con leyes que establecen condiciones de protección y dignidad para les trabajadores. Estas empresas, escudadas en su extranjeridad y virtualidad, no pagan un salario a les trabajadores; no les afilian a la seguridad social (IESS), no les garantizan derechos que deberían ser inalienables como licencia de maternidad, permiso de enfermedad, vacaciones, o seguro de accidentes.

Fuente: Caiga quien caiga

Este modelo de negocio se sintetiza en llevarse todo y dejar migajas. Como si esto fuese poco, el precedente y la destrucción simbólica que dejan las condiciones de trabajo que ofrecen, marcan una cicatriz en una sociedad que empieza a naturalizar o hacer vista gorda de lo que tenemos enfrente: sobre bicicletas o motocicletas y en colores fluorescentes miles de trabajadores en condiciones de extrema precariedad. Además, si estas aplicaciones son simples mediadoras ¿por qué controlan las tarifas de pago, las rutas de movilidad en las ciudades, fijan horarios de trabajo o establecen sistemas de puntuación para acceder a horas laborales, evalúan el desempeño laboral, deciden desemplear súbitamente y sin transparentar los procedimientos que aplican para ello?

Todo esto demuestra que las personas que trabajan dentro de las economías de plataformas son falsas trabajadoras autónomas, y deben regirse por sistemas de control establecidos unilateralmente por las aplicaciones. En efecto, las Apps trabajan con algoritmos que sustituyen a un departamento de recursos humanos atribuyéndose la evaluación de desempeño de las personas trabajadoras, su permanencia o pérdida de trabajo. Es decir, una conductora de Uber o un repartidor de Glovo ya no tienen un jefe con rostro, nombre y apellido, sino un sistema informático con quien no es posible el diálogo ni la negociación. Y por supuesto, el sistema aprovecha la falta de rostro y deshumaniza la labor del trabajador automatizándola y volviéndola inapelable por no tener responsables a quienes interpelar.  Es decir, para las personas repartidoras, su jefe no es humano, es un App. Y por si esto no fuera suficiente, estas compañías no solo ganan al cobrar a usuaries, establecimientos, y hasta a sus propios trabajadores por el uso de las apps; también comercializan nuestros datos[3]. Cada vez que pedimos algo de comer, solicitamos transporte para algún lugar, esta información es guardada y vendida por las apps a empresas de marketing, publicidad y hasta a los grupos de inteligencias de gobiernos o partidos políticos.  A cambio, niegan a las trabajadoras embarazadas protecciones básicas como seguro de accidentes y licencia de maternidad.

En Ecuador, desde 2016 hemos experimentado estos cambios en el mercado laboral con apps como Uber, Cabify, InDriver, Glovo, UberEats y Rappi. Hasta la fecha, no contamos con leyes que regulen este tipo de trabajo, dejando en desprotección a todas las personas sometidas a las economías de plataformas. Lo que es peor, el gobierno ecuatoriano ha sido cómplice de esta explotación.

Recordemos cómo el mismo presidente de la República incentivaba a la población a utilizar las aplicaciones de delivery (Glovo, UberEats y Rappi) cuando comenzó la emergencia sanitaria por la COVID-19. Sin embargo, cuando aprovechando la coyuntura, las apps subieron el costo de sus servicios y a la vez bajaron las tarifas de pago a les trabajadores, el gobierno no detuvo esta especulación ni ofreció el más mínimo respaldo a les repartidores que más que nunca se exponían al riesgo; ni siquiera a las trabajadoras gestantes. Un sistema deshumanizado de la mano de un gobierno inhumano.

La vulnerabilidad es de todes. De nosotres también; porque el desconocimiento de derechos laborales mínimos para mujeres embarazadas es un ultraje a la esencia y solidez misma de las leyes laborales. Que, al fin del día, nos deben proteger a todes, y no deben ser exceptuadas sistemáticamente como lo hacen estas plataformas, creando un sistema laboral paralelo donde las condiciones de trabajo generan un retroceso social e institucional. Esto no solo es repudiable desde lo ético, también es peligroso, porque es un modelo de negocio que busca implantarse a todo nivel.

Fuente: Primicias

El rostro tangible de esta destrucción institucional es el de las repartidoras. Quienes trabajan en estos espacios mientras llevan adelante un embarazo son la cara más cruel de estos negocios multinacionales que enriquecen a pocos que ni siquiera están en nuestro país.   “Una cuando es madre soltera dice: me dejo explotar por la aplicación porque quién más me va a dar trabajo con dos niñas pequeñas”[4] comenta Mónica, conductora de Uber. Como ella, cientos de mujeres deben vivir sus maternidades mientras enfrentan precarización y explotación laboral dentro de plataformas digitales en Ecuador.

Frente a esta realidad, desde el Observatorio de Plataformas[5] – un espacio de articulación entre investigadoras, activistas y trabajadoras de aplicaciones – hemos realizado investigaciones, campañas de sensibilización y trabajo de incidencia política para exigir derechos laborales, trato digno y pagos justo para les trabajadores de Apps. Visibilizar la situación de mujeres madres o embarazadas oprimidas por las Apps, ha sido uno de los esfuerzos del Observatorio, porque consideramos de suma urgencia traer perspectivas de género y feminista a los debates sobre economías de plataformas.

La realidad de las mujeres trabajadoras de plataformas está atravesada por un sinnúmero de violencias. Hablando particularmente del caso de la actividad de reparto, la mayoría de personas que trabajan son migrantes. Es decir, que estas personas a parte de enfrentar vulneraciones laborales viven xenofobia constante. Para las mujeres esto se agrava porque sufren acoso sexual por parte de clientes, conductores en las calles, y trabajadores en los establecimientos de comida.

Varias repartidoras denuncian que han recibido solicitudes sexuales al entregar un pedido, o que les gritan en la calle “anda a cocinar” “no deberías estar en una moto puta”, y vejaciones de este tipo: sexistas, machistas y denigrantes. Además, ellas desempeñan una actividad sumamente masculinizada donde el 90,5% de repartidores son hombres[6].  Las implicaciones de esto se traducen en mayor exposición al abuso y a la estigmatización para las trabajadoras mujeres.

Para colmo, estas mujeres no cuentan con derechos fundamentales como licencia de maternidad y el sistema de las Apps no deja alternativas posibles. Alquilar la cuenta, es decir, dar a otra persona tu perfil para que trabaje repartiendo, no es una opción. Estas aplicaciones no permiten el alquiler, y si se enteran que alguien lo está haciendo bloquean o cierran las cuentas de les repartidores, dejándoles sin trabajo automáticamente. Sin esa posibilidad, Yorya, como muchas otras mujeres embarazadas, quedan desprotegidas.

Pero la situación puede ser aún peor. Hay precedentes que demuestran que las aplicaciones bloquean las cuentas de mujeres al saber que están embarazadas[7].  Esto es claramente discriminación laboral, y en nuestra Constitución Nacional en su Art.43 está establecida. Sin embargo, el gobierno ecuatoriano opta por quedarse en silencio, por desproteger y beneficiar a multinacionales al exceptuarles de las leyes.  Es decir, a Yorya no la protege el Estado y las aplicaciones donde trabaja no le garantizan un mínimo de subsistencia mientras culmina su embarazo. ¿Cómo vives y disfrutas tu embarazo de esta manera? ¿Cómo ejerces tu maternidad entre el miedo y la angustia por subsistir? ¿Qué pasará si Yorya tiene un accidente de tránsito mientras trabaja, quién se hará responsable? ¿Qué sociedad estamos fomentando cuando no condenamos abiertamente estas condiciones de subyugación de mujeres gestantes? ¿qué deja instalado en el respeto a nuestras leyes laborales el tener madres despojadas de los derechos laborales más primarios?

Fuente: Wambra Radio

¡Cuestionarse esto no es exageración! Lamentablemente, los accidentes de tránsito son pan de cada día para les repartidores. Su trabajo es una actividad de riesgo donde pueden perder su vida; como elles dicen #EnTuPedidoVaMiVida. De hecho, el 25 de julio un compañero repartidor murió en Quito y el 28 de agosto otro en Guayaquil. Ambos fueron arrollados por automóviles y los conductores trataron de darse a la fuga, dejándolos morir en la vía. En la Encuesta sobre condiciones laborales de repartidorxs de Apps[8] que llevamos a cabo como Observatorio de Plataformas en colaboración con la organización de repartidores Glovers_Ecuador, el 53.1% de les repartidores reportan haber sufrido al menos un accidente de tránsito desde que comenzaron su trabajo con las apps. De éstos, el 98% afirma que no recibió ningún tipo de apoyo por parte de la plataforma. Esto demuestra el riesgo que las personas repartidoras enfrentan, la precarización de su situación laboral, y confirma por qué las repartidoras embarazadas conviven con el riesgo y el miedo constante por sus vidas y las de sus futuros bebés.

¿Cuánto representa este riesgo?  En promedio, una persona repartidora trabaja siete días a la semana, diez horas diarias. Esto para ganar 500 USD mensuales. Poco más de un sueldo básico, trabajando de domingo a domingo sin descanso. Como mencionan varias repartidoras, cada vez se gana menos con las aplicaciones “hay menos pedidos porque cada vez somos más repartidores trabajando. A las apps no les importa si tenemos pedidos o no, porque ellas siempre ganan” dice Yuly Ramírez. Pero además aplicaciones como Glovo, en reiteradas ocasiones, han disminuido las tarifas de pago a les repartidores sin explicación justificada.  La última reducción se dio en medio de la pandemia. Sin embargo, fue durante la pandemia que la demanda de uso de aplicaciones aumentó y Glovo decidió subir las tarifas de uso a consumidores y establecimientos. Es decir, ahora esta compañía gana más, pero paga menos a sus trabajadores. Especulación y abuso.

La precarización a la que se enfrentan las personas repartidoras, y todes les trabajadores de plataformas digitales va en aumento. Para las mujeres embarazadas y madres, la precarización es aún mayor. La indolencia y complicidad del Estado ecuatoriano deja muy claro su necropolítica: hay vidas que importan y otras que son descartables. Las aplicaciones ponen el lucro desaforado por encima de la vida de les trabajadores generando ganancias millonarias. Bajo este escenario adverso, la solidaridad, la empatía, y la conciencia ciudadana se tornan imprescindibles.

Si eres usuarie de plataformas y estás leyendo estas líneas, ¡no dejes que el algoritmo controle tu humanidad![9] Las personas repartidoras merecen un trato digno y todes podemos apoyar. Mientras seguimos exigiendo al Estado y a estas compañías que se hagan responsables y garanticen derechos laborales, apoyemos a les trabajadores, difundamos sus historias, respaldemos sus peticiones de protección y derechos, promovamos respeto, opongámonos a las prácticas sexistas y xenófobas, exijamos seguridad para las repartidoras embarazadas.

Hasta que la ley se aplique y la dignidad sea la regla para les trabajadores de las Apps. Hasta que se garanticen sus derechos laborales, seguimos en la lucha desde cada espacio, cada tribuna, cada calle, cada trinchera que amplifique sus voces y sus demandas.

Referencias:

[1] Desde el Observatorio de Plataformas preparamos un video testimonial para visibilizar y denunciar la situación que enfrenta Yorya. Lo puedes ver en: https://www.instagram.com/p/CErpnqWJyxg/

[2] Utilizo el lenguaje inclusivo con la “e” como una posición política antes un idioma ginope como el español. Desde la escuela, nos han enseñado que el conjunto de humanidad tanto en el lenguaje escrito como en el hablado está representado en lo masculino (él, nosotros, vosotros, ellos, todos). Esto no es una regla gramatical ingenua, es una ideología política que oculta lo femenino, pero también oculta la diversidad sexo-genérica. Pero sabemos que el lenguaje crea realidades, no solo las enuncia. Es así, le apuesto a un lenguaje que deje ver la complejidad de existencias y subjetividades. Un lenguaje no masculinizado donde todas las identidades estén representadas y todes encontremos un lugar.

[3] https://www.instagram.com/p/CDBwUuypUQI/

[4] Entrevista realizada por Carolina Salazar, en el marco del proyecto Observatorio de Plataformas, 5 de mayo de 2020, https://www.instagram.com/p/CCCXnD6Be4G/?igshid=6g22yc4oils6

[5] https://www.facebook.com/Observatorio-de-Plataformas-108118834349674

[6] Resultados preliminares de la encuesta de condiciones laborales realizada desde el Observatorio de Plataformas: https://wambra.ec/emprendedor-socio-trabajador-repartidorxs-apps/

[7] Glovo despide a mujer embarazada: https://www.publico.es/economia/laboral/glovo-echa-trabajadora-tres-dias-despues-comunicara-embarazo-riesgo.html

[8] Encuesta realizada en las siete ciudades donde están presentes estas aplicaciones: Quito, Guayaquil, Cuenca, Machala, Ambato, Santo Domingo y Manta. Resultados preliminares de la encuesta de condiciones laborales realizada desde el Observatorio de Plataformas: https://wambra.ec/emprendedor-socio-trabajador-repartidorxs-apps/

[9] Propuesta política de nuestros podcasts https://open.spotify.com/show/0mYL7Q9PVR7m6sNvomF1Pl

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Investigadora y activista feminista con un Máster en Estudios de Género por la Central European University (CEU) y la Universidad de Granada (UGR). Actualmente, realiza una especialización en Estudios Afrolatinoamericanos y Caribeños por Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO). Trabaja como coordinadora de proyectos en la Friedrich-Ebert-Stiftung Ecuador (FES-ILDIS) en el área de feminismos y sindicalismo. Y articula su militancia en el Observatorio de Plataformas y la Revista Amazonas.

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