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¡Están en deuda con nosotras! De la negativa legislativa para despenalizar el aborto en caso de violación

Kruskaya Hidalgo Cordero

“¡No pasó!”. Una noticia que, como fuego en la selva, devoraba todo a su paso. Caras aturdidas, furiosas, desoladas. “¿Pero es seguro?” “Si. Nos odian. ¡Votaron en contra!”[1]. El martes 17 de septiembre, se manchaba de sangre la Asamblea Nacional. Sangre de todas las mujeres que mueren por abortos inseguros en Ecuador. Sangre de todas las niñas y adolescentes violadas y obligadas a parir. La reforma al Código Orgánico Integral Penal (COIP) no pasó, faltaron 5 votos. Cinco votos para que se amplíen las causales de aborto y se incluyan: la violación, el estupro, el incesto, las patologías incompatibles con la vida extrauterina, y la inseminación no consentida. Causales propuestas para garantizar un mínimo de reparación a víctimas de violencia sexual. Sin embargo, la escalofriante realidad de violencia sexual no fue suficiente.

La despenalización del aborto en caso de violación no fue aprobada en un país donde hombres violan a 11 mujeres cada día. En un país donde 6 de cada 10 casos de violencia sexual son perpetrados a niñas menores de 14 años. En un país donde solo el 1% de los casos de violencia sexual denunciados tienen sentencia. En un país donde 3000 niñas dan a luz cada año y 7 niñas abortan al día. La despenalización del aborto en caso de violación no fue aprobada en un país donde las mujeres que mueren o son criminalizadas por abortar – en su gran mayoría – son afro e indígenas. Los dos grupos poblacionales más pobres de este país. Niñas, adolescentes y mujeres que no tienen acceso a métodos anticonceptivos, a planificación familiar, a educación sexual, y que no pueden acceder a abortos seguros. Son ellas las que están más expuestas a la desinformación, a las prácticas de aborto inseguras, a clínicas ilegales que lucran con sus vidas.

De las 286 noticias de delito por aborto consentido que reporta Fiscalía[2], el 90% de mujeres eran jóvenes, afro o indígenas y empobrecidas. Entonces, hablar de despenalización es un tema de justicia social, porque criminalizar el aborto es criminalizar la pobreza.

No obstante, a lxs 6 asambleístas que se abstuvieron les pareció que nuestra dignidad no debía ser garantizada; lxs 7 asambleístas que no fueron a la votación creyeron que nuestras vidas y derechos pueden ser postergados; y a lxs 59 asambleístas que votaron en contra, su odio y misoginia les ha imposibilitado cualquier acción de empatía. Ustedes señores y señoras asambleístas han decidido optar por la pedagogía de la crueldad[3] dejando que la tortura sea política de Estado. Ustedes han decidido quedarse calladxs; negar la realidad; sucumbir frente a presiones económicas y cálculos políticos; abstenerse; no asistir; cambiar su voto a último minuto; utilizar la religión como argumento para impedir derechos; fomentar discursos de odio. Ustedes han optado por favorecer al capital, oponiéndose a la incautación de bienes producto de la corrupción e impulsando agendas neoliberales que precarizan cada vez más nuestras vidas.

Ilustración Fuente: El Mundo.

 El martes 17 de septiembre, 72 asambleístas sentenciaron a mujeres y niñas a maternidades forzadas; a embarazos producto de violación; a largas horas de labor de parto donde a las niñas se les rompen sus caderas o desgarran sus músculos; a tener que escoger entre morir desangrada o ir presa; a ser incriminada por el personal de salud que en vez de atenderte te juzga; a terminar sus proyectos de vida, dejar la escuela, cambiar juguetes por pañales. Pero todas estas realidades, estas historias, estas vidas pasan a ser cifras.

Cifras estadísticas que no les interpelan en el pleno de la Asamblea, porque nuestras vidas parecen descartables. Número que no les alarma, porque es más fácil negar la realidad de violencia que aceptar que existe un problema estructural de desigualdad.

Ustedes señores y señoras asambleístas están en deuda. Están en deuda con todas las mujeres y niñas de este país. Están en deuda con la Constitución y el Estado laico. Están en deuda con sus cargos públicos, porque han interpuesto sus dogmas y creencias individuales sobre el ejercicio legislativo de garantizar el bien de la población. Están en deuda con quienes sostenemos la vida material de este país en base a nuestros trabajos afectivos y de cuidados no remunerados. Están en deuda con la historia porque no estuvieron a la altura de nuestras demandas. Están en deuda con nosotras, y no olvidaremos ni sus nombres, ni sus rostros.

Fuente: La Hora

La noche del 17S a nosotras nos invadió la rabia. Rabia que se cristalizaba en llanto, en gritos, en consignas, en patadas. Rabia que nos impulsaba a seguir luchando. Nos impulsa a nosotras, esa primera persona del plural politizada desde el quehacer feminista. Un nosotras que teje cuerpo colectivo articulándose más allá de los derechos individuales; más allá del egoísmo. Un nosotras que se acuerpa para defender la vida de otras mujeres. Una política del nosotras que hace el cuerpo de una el cuerpo de todas. Así, nosotras “organizamos la rabia y politizamos la tristeza”[4]. ¡Estamos hartas! Hartas de que nuestros derechos tengan que ser objeto a votación, a consideración, a elección de unos pocos. ¡Estamos cansadas! Cansadas que nuestras vidas sean descartables para un sistema que, bien sabe, no existiría sin nosotras. ¡Estamos dispuestas ha quemarlo todo! Quemar los cimientos de un Estado capitalista, racista y patriarcal que negocia con nuestras vidas, que nos concibe como máquinas incubadoras, que nos tortura obligándonos a llevar el producto de una violación.

Nosotras, que defendemos radicalmente la vida de las mujeres y las niñas, seguiremos organizadas. Sosteniendo redes de apoyo, tejiendo alternativas al capitalismo voraz.

Politizando los afectos y los cuidados, construyendo proyectos de vida digna. Posibilitando espacios seguros para abortar, abriendo caminos para gozar nuestras sexualidades. Nosotras, que nos articulamos en una marea verde internacionalista, estamos forjando herramientas que nos ponen en condición de sujetas políticas, hacedoras de la historia[5].

Fuente: El Universo

Frente a un 17S de impunidad, nosotras respondemos con un 20S de resistencia. Seguiremos tomándonos el espacio público, denunciando la violencia, rayando paredes, organizando marchas, colgando pañuelos verdes, hablando en foros, amasando otras formas de hacer política fuera de las lógicas masculinizantes, acompañando a sobrevivientes, transformando nuestros círculos y espacios en abortistas. La calle es nuestra, la noche es nuestra, la Plaza Grande es nuestra.[6] Entonces compañeras, “que viva la violencia revolucionaria”[7] donde ninguna agresión machista quedará sin respuesta. Vivamos este tiempo histórico – el tiempo de las mujeres – donde estamos transformándolo todo. Hagamos de la pluralidad nuestro pilar de lucha, generando puentes con otros movimientos sociales, abriendo espacios para más cuerpas e identidades. Esta marea desborda y la lucha por la despenalización continua.

“¿Y cómo es la huevada? Nos matan y nos violan y el Estado no hace nada”

“¿Y entonces? Que arda. ¿Y entonces? Que arda”

“Nos tienen miedo porque no tenemos miedo”

#SeráLey

#MareaVerde

#AbortoPorViolación

 

 Referencias:

[1] Frases que escuchaba a mi alrededor en la vigilia del martes 17 de septiembre fuera de la Asamblea Nacional.

[2] La información entregada por las entidades del Estado – la Fiscalía General del Estado y al Consejo de la Judicatura – es contradictoria. La Fiscalía General del Estado reporta 286 noticias de delito por aborto consentido desde 2014 a junio del 2019. Mientras el Consejo de la Judicatura reporta 134 juicios por aborto consentido entre 2014 y 2018. Ver “El rostro de las mujeres criminalizadas por aborto: empobrecidas y jóvenes” de Wambra. En https://wambra.ec/mujeres-criminalizadas-aborto/

[3] Entrevista a Rita Segato “En los medios existe una pedagogía de la crueldad”. Recuperado de https://perio.unlp.edu.ar/node/4602

[4] Artículo de Alejandra Santillana “La lucha por la despenalización del aborto en Ecuador: de cómo nosotras organizamos la rabia y politizamos la tristeza”. Recuperado de http://bit.ly/2liLFDJ

[5] Artículo de Verónica Gago “#Nosotras paramos: notas hacia una teoría política de la huelga feminista”.

[6] El viernes 20 de Septiembre (20S) mujeres organizaron marchas en diferentes ciudades del país rechazando la votación del legislativo en contra del aborto por violación. Esa noche, las mujeres en Quito hicieron algo histórico, llegaron a Carondelet. Llegaron a la Plaza Grande.

[7] Palabras de Nayra Chalán Quishpe, en el conversatorio “Embarazos en niñas, adolescentes y mujeres en caso de violación” en la PUCE donde compartimos panel el jueves 26 de 2019.

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Kruskaya Hidalgo Cordero
Kruskaya Hidalgo Cordero
Investigadora y activista feminista con un Máster en Estudios de Género por la Central European University. Forma parte de Ruda Colectiva Feminista, la Coalición Interuniversitaria contra el Acoso Sexual y la Red Internacional de Estudios Feministas sobre violencias de género. Sus temas de investigación y docencia se centran en violencia de género, derechos sexuales y reproductivos, migración, teorías feministas y metodologías decoloniales.

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