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La impronta ideológica y teológica en el movimiento cooperativo

 Octavio Loyola

El capitalismo, como sistema económico y político, está en decadencia. Y en su seno viene forjándose, durante siglo y medio, una economía diferente, una solidaria, cuyas raíces están en el Movimiento Cooperativo.

La Alianza Cooperativa Internacional, (Manchester, 1995), define a una cooperativa como: “una asociación autónoma de personas agrupadas voluntariamente para satisfacer sus necesidades económicas, sociales y culturales comunes, por medio de una empresa que se posee en conjunto y se controla democráticamente”. [1]

En esta definición encontramos los elementos más revolucionarios del cooperativismo. Para empezar, es una asociación autónoma, no responde a las directrices de un partido político, de un sindicato, de un ente gubernamental o estatal.

El Estado puede crear un marco legal para las cooperativas, pero no puede intervenir en su forma de organización o decisión administrativa, económica o social.

El otro elemento revolucionario de la cooperativa es que no sólo está dirigida a satisfacer necesidades económicas, sino también tiene una responsabilidad social, ecológica, cultural. La cooperativa debe coadyuvar para el bien común. No busca lucrarse a cualquier costo. Sus principios y valores la obligan a buscar primero la equidad, la justicia social, la solidaridad, la honestidad. De allí el abismo que separa a las empresas capitalistas de las empresas cooperativas.

Y finalmente, el elemento que ha llevado al movimiento cooperativo a convertirse en un sistema de producción alternativo frente al capitalismo: los medios de producción lo poseen en conjunto todos los cooperativistas y su control es democrático.

El cooperativismo, que recibe sus principales aportes teóricos del socialismo utópico y la socialdemocracia, recibe por otro lado unos relevantes y esenciales aportes prácticos de la teología moral cristiana y de sus primeras experiencias de cooperación que germinaron casi a la par del surgimiento del cristianismo como tal.

Fue uno de los discípulos del socialista utópico inglés Robert Owen, considerado como el padre del Movimiento Cooperativo, quien, junto a otros 27 trabajadores de la industria textil, funda en 1844 la “Sociedad de los Probos Pioneros de Rochdale”, considerada la primera cooperativa en el mundo. La experiencia en Rochdale fue un desafío, una experimentación utópica, un acto bizarro. De allí hasta la fecha, decenas de miles de cooperativas han hecho camino unidas por principios y valores comunes.

Y es en los monasterios cristianos, que surgen entre los siglos III y IV, en donde trascienden, a mi criterio, las primeras prácticas cooperativas de occidente. Obviamente no tenían ni la estructura ni los principios como se las conoce hoy, pero eran cooperativas de consumo y de producción. Sus monjes tenían que autoabastecerse y autogestionarse. Es así que cada monasterio cuenta con sus tierras de cultivo, talleres de diferentes oficios y sus despensas.  En los monasterios el trabajo era comunitario, así, todo lo que producían los repartían por igual.

Ya en el siglo XX, el Movimiento Cooperativo se enriquece de la dimensión social de la Iglesia Católica, de su sector comprometido con los pobres y necesitados, a través de la Doctrina Social de la Iglesia y como no, de la Teología de la Liberación.

Basta pronunciar tres nombres para dar ejemplo de este compromiso de ese sector de la Iglesia en el Ecuador: Monseñor Leonidas Proaño, el obispo de los indios, el sacerdote diocesano Graziano Masón, de Maquita Cushunshic, y el sacerdote salesiano Antonio Polo, de Salinas de Guaranda. El protestantismo también hizo aportes imprescindibles al Movimiento Cooperativo, especialmente en Europa. Y como olvidar los Kibutz israelíes. El movimiento cooperativo es así una verdadera y sólida edificación de unidad en la diversidad.

A pesar del éxito del cooperativismo en la mayoría de países del mundo, en Ecuador el concepto de Economía Solidaria y de Movimiento Cooperativo sigue siendo confuso y poco difundido. Existiendo incluso un Instituto de Economía Popular y Solidaria, la exigua promoción de proyectos de Economía Solidaria y de seminarios o cursos que promuevan esta nueva forma de hacer economía, aleja a la mayor parte de la población de las ventajas y conocimiento sobre el tema.

Para comprender la importancia que tiene la Economía Solidaria y el sector cooperativo, les invito a revisar algunas cifras que proporciona la ACI (Alianza Cooperativa Internacional) en su página web. Les dejo dos:

  • Más del 12 % de las población mundial es cooperativista de alguna de las 3 millones de cooperativas del planeta que generan unos ingresos de aproximadamente 2,035 billones de dólares, al mismo tiempo que suministran los servicios y las infraestructuras que la sociedad necesita para prosperar.
  • Las cooperativas proporcionan empleo al 10 % de la población empleada.

El movimiento cooperativo es exitoso porque es humanista, universalista, solidario, democrático, respetuoso de las ideologías y las creencias religiosas del otro, sin importar si es socio o no de la cooperativa.

Ecuador tiene un gran potencial para ser un país cooperativista. Es biodiverso y posee grandes recursos naturales, con un agro que puede ser simiente del cooperativismo de producción a gran escala. Lo mismo ocurre con el sector pesquero, que ha dado ejemplos en que si se organiza en cooperativas, puede alcanzar grandes éxitos.

Avancemos con el ejemplo de los precursores del movimiento cooperativo, especialmente de Owen, Blanc, Fourier, Saint Simon, cuyos ideales de paz, de justicia social, de servicio al prójimo y de cuidado de nuestro planeta siguen estando presentes en los principios cooperativas. Seguir luchando y no dejar de soñar y aportar con nuestra labor a la construcción del nuevo sistema: uno verdaderamente democrático y solidario.

Referencias

[1] http://www.aciamericas.coop

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Octavio Layola
Octavio Layola
Es sociólogo y escritor. Maestrante en Educación con énfasis en investigación e innovaciones pedagógicas por la Universidad Casa Grande. Ha sido docente secundario y universitario. Ponente de Economía Social y Solidaria en el Décimo Congreso de Sociología en la Universidad Central del Ecuador. Investigador adjunto en el Programa de Mediación y Cultura de Paz de la Universidad de Guayaquil. Ha publicado el ensayo académico: El Movimiento Cooperativo: sus implicaciones filosóficas y teológicas. (El Ángel Editor, Quito, 2019) y la novela: El Universo de los heraldos (El Ángel Editor, Quito, 2020). Ha colaborado como articulista para la revista Cuadernos de Sociología de la Universidad de Guayaquil y dos de sus poesías fueron publicadas en la Revista Ventanales de la Universidad Casa Grande.

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