¿Qué mismo pasa en Irán? claves de un conflicto múltiple

¿Qué mismo pasa en Irán? claves de un conflicto múltiple

José Molina Reyes

Tras la muerte del general iraní Qasem Soleimani, uno de los principales arquitectos de la derrota del Estado Islámico en Irak y Siria, la opinión pública y los medios de comunicación occidentales continúan sin tener claridad sobre cuáles son las causas de la hostilidad entre Irán y EEUU, dos países que viven enfrentados durante décadas debido al interés de mantener la hegemonía en Medio Oriente, principalmente por el control de los recursos naturales de la región. Para comprender las raíces de este conflicto es necesario echar un breve vistazo a la historia y las relaciones entre Irán y Occidente.

Antecedentes históricos

Irán, pueblo heredero de la antigua Persia, se islamizó luego de un largo proceso que inició en el S. VII; en el S. X la mayoría de su población se identificaba como musulmana. Sin embargo, debido a tener una cultura muy antigua y avanzada, resistió exitosamente los intentos de arabización, cosa que no sucedió en otras partes de Medio Oriente, donde los diferentes pueblos subyugados por el Califato (por ejemplo, Siria e Irak) se asimilaron a la cultura y religión de sus conquistadores.

Los persas conservaron no sólo su idioma, sino muchas costumbres y tradiciones pre-islámicas, e influyeron en la literatura, filosofía, medicina y otras disciplinas en el mundo islámico.

Otro rasgo distintivo fue la tolerancia y respeto a las minorías religiosas, lo que llevó a que florecieran comunidades judías y cristianas en convivencia pacífica con la mayoría musulmana. Con el paso del tiempo, Persia se consolidó como potencia en la región y debido a su influencia (cultural y militar), el Islam se propagó por Asia Central y el Cáucaso.

Fuente: Aleteia. Ver: «¿Qué (nos) pasa con el islam?».

En el S. XVI la dinastía Safavid, perteneciente a la rama chiíta del Islam, subió al trono persa y cambió por completo las relaciones entre ese país y el resto del mundo islámico, al haber roto la convivencia pacífica entre chiítas y sunitas (escuela del Islam que predomina en el mundo árabe). Durante los tres siglos que gobernaron, Irán se convirtió en un bastión chiíta y se fortaleció el rol de los Imanes, que pasaron a convertirse en una especie de casta sacerdotal con un poder independiente del Estado. En el S. XIX, dos guerras entre Rusia e Irán llevaron a que el Cáucaso caiga bajo la esfera de influencia rusa; con posterioridad, para frenar el avance del Imperio Otomano en la I Guerra Mundial, Irán fue ocupado por Gran Bretaña, que promovió en 1921 un golpe de estado para poner en el poder a Reza Khan, jefe militar, quien fue proclamado monarca o “Shah” en 1925.

Durante la II Guerra Mundial, pese a haber declarado su neutralidad, Irán sufriría una invasión conjunta anglo-soviética, obligando a Reza Khan a renunciar al trono en favor de su hijo, Mohammad Reza Pahlavi.

Durante esos años, Irán jugaría un papel clave como ruta para la llegada de ayuda británica y estadounidense a la Unión Soviética. En 1943, en la Conferencia de Teherán, las potencias vencedoras de la guerra fijaron definitivamente las fronteras de Irán. Sin embargo, la URSS mantuvo su presencia en el país hasta 1946. En 1951 se nacionalizó el sector petrolero, lo que llevó a que Gran Bretaña y Estados Unidos promuevan el derrocamiento del Primer Ministro iraní, Mohammad Mosaddegh, quien fue elegido democráticamente.

Ilustración 2 Fuente: Democracy Now. Ver «Documentos recién desclasificados confirman que EE.UU. apoyó el golpe en Irán de 1953 para defender sus contratos petroleros».  El golpe derrocó al primer ministro democráticamente electo Mohammad Mosaddegh

A partir de este momento, el Shah Pahlavi se convirtió en un gobernante títere de los intereses norteamericanos y británicos, conduciendo su gobierno de una manera autocrática, represora y de constantes violaciones a los derechos humanos. Los intentos de Pahlavi de “modernizar” Irán siguiendo el modelo occidental provocaron una fuerte oposición entre el clero chiíta (conocidos como “ayatolas”). Uno de estos clérigos, Ruhollah Khomeini, quien estaba en el exilio luego de haber denunciado las reformas pro occidentales, aprovechó el descontento causado por la crisis económica, el desempleo y la corrupción, para promover la desestabilización del gobierno del Shah. Al cabo de un año de protestas, en 1979, se produce el derrocamiento de Reza Pahlavi y la instauración de un nuevo gobierno, tras un referéndum.

Ese año se proclama la República Islámica, con un régimen teocrático en el que los clérigos chiítas ostentarían el poder real, siendo el gobierno un mero ejecutor de las políticas dictadas por Khomeini.

Ese mismo año, estudiantes de las escuelas de teología islámica se tomaron la embajada norteamericana, provocando una crisis de rehenes que, por el pésimo manejo diplomático, fue uno de los factores que impidieron la reelección de Jimmy Carter. En 1980, con el inicio de la era Reagan, el gobierno irakí (en aquel entonces aliado de EEUU), invadió Irán, dando inicio a una guerra de 8 años entre ambos países.

La situación actual

En 2003, George Bush inició la guerra de Irak, con el fin de derrocar al régimen de Saddam Hussein, quien había roto con sus ex aliados estadunidenses poco antes de la Guerra del Golfo. La guerra en Irak se complicó por un sinnúmero de factores, uno de ellos la influencia del gobierno de Irán en un amplio sector de la población irakí que es chiíta. Esto hizo que las tensiones entre Irán y EEUU crezcan, puesto que Irak se convirtió en territorio en disputa entre los intereses de ambos países. A esto hay que sumar la influencia estadounidense en Arabia Saudita, enemigo tradicional de Irán por motivos religiosos, y el anti sionismo del gobierno Iraní, que ve al gobierno de Israel como una punta de lanza de los intereses norteamericanos en la región, por lo que ha financiado desde 1982 a la milicia chiíta libanesa Hezbolá, tanto en su lucha contra el gobierno cristiano pro occidental de Líbano como contra el gobierno de Israel.

Fuente: El Orden Mundial. Ver «Hezbolá, de la resistencia a la institucionalización».

Finalmente, hay que mencionar que el régimen sirio de Bashar al-Asad, quien pertenece a una rama heterodoxa del islamismo chiíta (alauitas), es apoyado por el gobierno de Irán en la guerra civil que desangra a dicho país desde 2011.

Con el surgimiento del autoproclamado Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS o Daesh), conformado por ex milicianos de Al Qaeda (que fue resultado del entrenamiento militar norteamericano a radicales sunitas durante la Guerra Fría), el complejo panorama político y bélico en la región se complicó aún más, puesto que si bien ISIS es –aparentemente- enemigo de Estados Unidos, también considera a los chiítas como objetivos militares puesto que en su visión fundamentalista estos no son auténticos musulmanes. Entre 2014 y 2017, EEUU y el fallecido general Soleimani fueron aliados “de facto” frente a ISIS, actuando en operaciones militares conjuntas contra los yihadistas. De esta manera, la guerra en Siria e Irak se convirtió en una conflagración con alcances globales, en la que están en juego los intereses económicos y políticos de Rusia, Estados Unidos, Gran Bretaña, Irán, Israel y Arabia Saudita.

La principal causa del actual enfrentamiento entre Irán y Estados Unidos tiene que ver con la salida de este último, en mayo de 2018, del acuerdo multilateral para el desmantelamiento del programa nuclear iraní, que fue firmado en 2015 en Viena a cambio del levantamiento de las sanciones comerciales en contra de dicho país.

También se especula que Donald Trump teme perder el control en Medio Oriente, en un contexto en el que ha evacuado la casi totalidad de tropas de Siria y en el que Irán se ha vuelto un aliado importante de Rusia y China. Este último país, con su proyecto conocido como la “Nueva Ruta de la Seda”, pretende tener acceso a puertos en el Golfo Pérsico a través de la red de ferrocarriles iraníes, lo que le da muchas ventajas en el ámbito comercial. A esto hay que sumar el complejo momento político que vive Donald Trump luego de que la propuesta de impeachment en su contra fuera aprobada por la Cámara de Representantes, por lo que el haber ordenado el asesinato de Soleimani es un intento de Trump por ganar respaldo político en el Congreso y levantar su imagen ante la posibilidad de una reelección.

Fuente: El Tiempo, 03/01/2020. «Esto es lo que debe saber sobre la tensión entre Irán y Estados Unidos».

Mientras tanto, Irán inició las represalias en contra de Estados Unidos, empezando por objetivos militares en territorio irakí, en los que al parecer ya se dieron bajas estadounidenses. Por otra parte, según reporta la prensa internacional, el Estado islámico celebra el conflicto entre ambos países, puesto que un debilitamiento de ambos puede hacer resurgir el poder de esa organización yihadista en Irak y Siria y permitir que retome el control en zonas en las que ya fue derrotada militarmente en 2017.

Irán cuenta con algunos aliados importantes, entre ellos los ya mencionados (Rusia y China), así como el actual gobierno irakí (aunque su postura es ambigua), Qatar, Hezbolá, y los milicianos chiítas en Yemen, a los que ahora se ha sumado Hamas (pese a ser mayoritariamente sunita).

Frente a este panorama, Trump solicitó a la OTAN una ampliación de su presencia en la región y también busca sumar el apoyo de Turquía, otro actor clave en la geopolítica de Medio Oriente. Sin embargo, es evidente que los países miembros de la OTAN no están tan seguros de involucrarse en el conflicto, sus acciones muestran la incomodidad que hay en la comunidad internacional ante el injustificado ataque norteamericano; por ejemplo, Alemania redujo sus tropas en Irak a raíz del asesinato de Soleimani, y Dinamarca anunció una medida similar.

La escalada de tensiones entre ambos países puso nuevamente a Medio Oriente como el centro de atención. Es poco probable que se desate abiertamente la guerra entre Irán y EEUU, ya que el costo político y económico para sus gobiernos sería altísimo.

Mientras tanto, es urgente que organismos como la ONU cumplan de manera eficaz su rol frente a problemas como la proliferación de armas nucleares.

El peligro que representa ese tipo de armas en manos de gobiernos irresponsables como el norteamericano (o el norcoreano e incluso el iraní) no es algo que se deba subestimar. Por otra parte, aunque el régimen de Irán tiene un pésimo historial en respeto a los derechos humanos, no se puede olvidar que lo que está en juego es un tema de intereses en conflicto de potencias imperiales. El asesinato de Soleimani es, sin duda, solo la chispa que encendió algo que estaba latente por décadas y demuestra lo acertada que es la frase “un tonto es más peligroso que un terremoto”.

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José Molina Reyes fue Coordinador Editorial de Opción S y Secretario Ejecutivo de Renovación Socialista. Ha trabajado para varias instituciones privadas y públicas en el área editorial y en proyectos y consultorías relacionados con políticas públicas, discapacidades, Derechos Humanos, entre otros. Fue articulista y miembro del equipo editorial de la revista Novedades Jurídicas. En la actualidad se desempeña como técnico de Promoción de la Participación en el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (CPCCS) y como instructor en la Escuela de Formación Política de la CEOSL.

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