Manuel Salgado Tamayo
El asalto al Capitolio, el saqueo de sus bienes y los hechos que violencia de causaron 5 muertos y decenas de heridos, perpetrado el 6 de enero en Washington, convirtieron la transición del poder entre Donald Trump y Joe Biden en un escándalo global incomprensible en la autodenominada democracia modelo de los Estados Unidos de América.
El expresidente George W. Bush luego de expresar que es “repugnante y desgarrador” ver la forma en que ingresaron los partidarios de Trump al Congreso, se atrevió a decir: “Es como se disputan los resultados electorales en una Banana Republic (república bananera) no en nuestra República democrática”.
Bill Clinton fue más contundente al sostener: “Hoy enfrentamos un asalto sin precedentes a nuestro Capitolio, nuestra Constitución y nuestro país. El asalto fue alimentado por más de cuatro años de políticas venenosas que difundieron información errónea deliberada, sembraron desconfianza en nuestro sistema y enfrentaron a los estadounidenses entre sí”.
Barack Obama señaló que “La historia recordará la violencia de hoy en el Capitolio, incitada por el presidente en funciones, quien ha continuado sin fundamento la mentira sobre el resultado electoral legal, como un momento de gran deshonor y vergüenza para nuestra nación”.
El senador Bernie Sanders sentenció: “Trump pasará a la historia como el peor y más peligroso presidente de la historia”.
¿Cómo fue posible que Trump llegara a la Casa Blanca?
Como ciudadanos atentos a la compleja época que nos ha tocado vivir nos preguntamos: ¿Cómo fue posible que llegará a la Casa Blanca un hombre como Trump: un malevo que utiliza el poder para tratar de torcer la voluntad de 81.2 millones de ciudadanos que votaron por el binomio Joe Biden – Kamala Harris, concediéndole una clara ventaja de 306 contra 232 Colegios Electorales en los 50 estados de la Unión; un individuo vulgar, imprevisible, misógeno, homofóbico, racista, anti aborto, nacionalista extremo, irresponsable que minimiza la gravedad de la Covid 19, niega los informes científicos sobre el cambio climático, xenofóbico que pretendió construir un muro sobre los 3.142 kilómetros de frontera entre México y los Estados Unidos para detener las “hordas de invasores” mexicanos, “criminales”, “drogadictos” y “violadores”, anticomunista fanático que impuso a Cuba más de 200 medidas para reforzar el bloqueo e impedir el turismo, ignorante que cree que todos los musulmanes son terroristas.
La presidencia imperial
Los medios de comunicación, nacionales e internacionales, y algunos académicos norteamericanos insisten en atribuir este claro intento de fraude y golpe de Estado a la personalidad de Donald Trump. Es claro que en la democracia Tudor el Presidente Imperial es casi un Emperador que goza de un enorme poder en sus funciones, pero la interrogante sigue siendo ¿cómo explicar que un millonario zafio, que no había desempeñado ninguna función pública, que no se había participado a ningún proceso electoral tuvo la sagacidad de acumular el poder suficiente, en las filas del Partido Republicano, para ser nominado candidato presidencial, ganar las elecciones en el 2016 a una mujer intelectualmente brillante, Hillary Clinton y que, aunque sufrió un juicio político en su gestión, salió adelante y perdió en las elecciones de Noviembre del 2020 ante un candidato no muy carismático, Joe Biden, que le arrancó también la mayoría en la cámara del Senado.

¿Cómo explicar el éxito de este típico offsider en la aparentemente sólida democracia americana? ¿Cómo entender los 74 millones de votos que logra para la reelección este candidato?
El discurso insólito de Trump
“Este es un país en el que hablamos inglés”, dijo Trump en un debate en CNN, en septiembre del 2015, cuando enfrentaba en las primarias republicanas a Jeb Bush, casado con una mexicana.
“Creo que el Islam nos odia, le dijo en marzo del 2016 a Anderson Cooper, de CNN, “Y no podemos permitir venir a este país a quien tiene odio hacia Estados Unidos”. Y, en efecto, ya en funciones, decretó el cierre temporal de fronteras para los inmigrantes de siete países de mayoría musulmana y para refugiados de todo el mundo.
En agosto de 2016, en plena campaña electoral, pidió el voto negro con un argumento increíble: “pido el voto de cada negro que hay en este país. ¿Qué puede perder? Viven en la pobreza, sus colegios son malos, el 58 % de su juventud está desempleada… qué demonios pueden perder?”
En enero de 2018, en una reunión sobre migración, se refirió a ciertos países africanos, Haití y El Salvador como “países de mierda”.
El 14 de julio del 2019, tuiteó, en referencia a las nuevas congresistas demócratas: Alexandría Ocasio-Cortez, de ascendencia puertorriqueña, Ilhan Omar,de origen somalí y de religión musulmana, Rashida Tlaib, la primera mujer de origen palestino que llega al Congreso y Ayana Presley, la primera mujer negra elegida por el Estado de Massachusetts como representante al Congreso, todas nacidas en Estados Unidos, jóvenes, brillantes y críticas de las políticas de Trump.
“Por qué no regresan y arreglan los lugares totalmente destrozados e infectados de crimen de dónde vinieron?
El 27 de febrero de 2020, cuando aparecieron los primeros casos del SARS – CoV -2, dijo: “la gripe es más peligrosa que el Covid 19”. Un día después sostuvo: “el virus va a desaparecer. “Va a desaparecer. Un día, como un milagro, desaparecerá”.
La minimización de la crisis sanitaria le llevó a impedir que se tomen las medidas de seguridad básica y que se promuevan enormes concentraciones de sus partidarios.
En resultado trágico es el de que para febrero del 2021 Estados Unidos habrá pagado el precio de 500.000 muertos, más del doble de los muertos que tuvo el pueblo americano en la II Guerra Mundial y en las guerras en Corea y Viet Nam.[1]
Sobre el calentamiento global:

“El concepto del calentamiento global fue creado por y para los chinos, para volver a la industria manufacturera estadounidense no competitiva”.
Sobre los migrantes mexicanos:
“Están trayendo sus drogas, están trayendo su crimen. Son violadores y algunos, asumo, son buenas personas”.
Y para confirmar el aserto de Mishel Foucault de que: “El lenguaje es la estructura primera y última de la locura”, Trump llegó a sostener:
“Podría pararme en la mitad de la Quinta Avenida y dispararle a alguien y no perdería ningún votante, OK?”.
Por razones de extensión no podemos incluir otras barbaridades que explican por qué hasta las personalidades más sensatas del propio Partido Republicano combaten Trump.
En circunstancias normales un individuo con estas ideas no habría llegado jamás al sillón que ocuparon en su momento hombres de la talla Abraham Lincoln, Franklin Delano Roosevelt y Barack Obama. Entonces cabe volver a preguntarse ¿qué está pasando en la sociedad americana para que sujetos abiertamente irracionales deslumbren a las masas.
EUA se ha convertido en el Estado más desigualitario del mundo
El investigador francés, Thomas Piketty, en un estudio reciente sobre la desigualdad en el capitalismo, luego de un detenido análisis de la economía norteamericana, se pregunta:
“¿Cómo es posible que Estados Unidos, pionero en el acceso universal a la educación primaria y secundaria, y que hasta principios del siglo XX era un país significativamente más igualitario que Europa en términos de renta y de riqueza, se haya convertido en el Estado más desigualitario del mundo desarrollado desde la década de 1980, hasta el punto de que actualmente los fundamentos mismos de sus éxitos pasados se vean amenazados?”.[2]
El mismo pensador francés nos explica lo ocurrido: “Estados Unidos siempre ha tenido una relación ambigua con la igualdad”. El propio Partido Demócrata que ahora aparece como una organización progresista, fue durante mucho tiempo segregacionista hacia los negros e igualitario hacia los blancos.
El ponderado sistema educativo americano, según el historiador Paúl Kennedy, es tan mediocre en sus niveles primarios y secundarios que parecía impuesto por una potencia enemiga en un acto de guerra.[3]
EUA: único país desarrollado que no tiene un sistema sanitario público
Súmese a lo anterior que los Estados Unidos de América son el único país del mundo desarrollado que carece de un verdadero sistema sanitario público, pues los programas Medicare y Medicaid fueron concebidos para los mayores de 65 años y los ciudadanos en extrema pobreza. El expresidente Obama planteó al Congreso la universalización de Medicare pero los republicanos negaron el proyecto. Este hecho permite entender por qué los Estados Unidos se convirtió en el país más golpeado por la Covid 19.
Pero las causas del triunfo de una corriente política claramente identificada con principios que son la negación de la filosofía política republicana y democrática no se limitan a las deficiencias del sistema educativo y a la carencia de un sistema de salud pública o a la extraña y compleja personalidad de Trump, sino a factores más profundos que radican en la pérdida de las ventajas que tenía los Estados Unidos en los campos de la productividad y la competitividad económica frente Europa y los países asiáticos, ventaja que ha desaparecido por completo al convertirse el Sudeste Asiático más China en la región de más rápido crecimiento de la economía mundial.
La brutal concentración de la renta.
El otro factor estructural que afecta al sistema social y a los mecanismos de formación de los salarios y de acceso al empleo es la brutal concentración de la renta que ha empobrecido en los últimos cuarenta años a las capas medias y sumido en la miseria a los sectores más empobrecidos. Piketty explica este fenómeno como “un verdadero colapso”. “La renta del 50 % más pobre de la población, que era de alrededor del 20 % de la renta total en las décadas de 1960 y 1970, incluso hasta la década de 1980, se ha reducido casi a la mitad, hasta poco más del 12 por ciento de la renta total, en los años 2010 – 2015. La parte del 1 por ciento más rico ha experimentado la tendencia contraria: ha pasado de solo el 11 por ciento a más del 20 por ciento de la renta total”. [4] Esta explosión de las desigualdades, dice el pensador francés, está vinculada al aumento sin precedentes de las rentas más elevadas, en particular las del famoso “1 por ciento”, que, en el 2015, tuvieron ingresos 80 veces superiores a los del 50 por ciento más pobre: alrededor de 1.3 millones de dólares anuales, frente a los 15.000 dólares de los más pobres.
La explosión de las desigualdades
Esta explosión de las desigualdades no puede atribuirse, como en otras regiones del mundo, a la vigencia de las políticas de apertura de mercado del neoliberalismo pues es sabido que en los Estados Unidos predicaban el librecambismo mientras en lo interior practicaban diversas formas de proteccionismo y neo proteccionismo. De tal modo que el crecimiento de la desigualdad es una responsabilidad de las leyes del capitalismo que impulsan la concentración y centralización y papel perverso que cumple el capital financiero, factores a los que se sumado en los últimos años la acelerada revolución científico técnica que mediante los procesos de la automatización y la robotización produce el horror económico, como lo calificó Viviana Forrester, de vomitar seres humanos de los circuitos de reproducción y acumulación del capital. En este ambiente millones de seres humanos empobrecidos, humillados, ofendidos, decepcionados, se transforman en oídos receptivos para un discurso que no apela a la razón sino a las pasiones y los impulsos primarios que crecen estimulados por el recurso ideológico de culpar a los otros, a los distintos, a los vecinos, de los problemas que han generado las políticas económicas diseñadas y ejecutadas por las élites y los intelectuales a su servicio.
Las primeras medidas del gobierno de Joe Biden
Por suerte la movilización y lucha de los sectores más conscientes de la sociedad americana impidieron la reelección de Trump y forjaron y defendieron la victoria de Joe Biden, el hombre mesurado que parecía no querer ganar las elecciones, que llamó a la unidad en el discurso de posesión, pero que en las primeras horas y días de gobierno ha procedido, sin piedad ni demora, a desmontar los ladrillos de las políticas públicas de Trump: se inicia una vasta y urgente estrategia sanitaria para detener y derrotar a la pandemia causada por el SARS – CoV – 2; se restablecen los nexos con la Organización Mundial de la Salud y se diseña un plan para ayudar al mundo con la donación de millones de vacunas; se suspende la construcción del muro en la frontera con México; se postergan por 100 días las deportaciones masivas; se fortalecen las políticas de protección a los 650 mil dreamers o soñadores que llegaron de niños a los EUA; se reforma la política migratoria para legalizar la situación de unos 11 millones de indocumentados; se pone en marcha un plan de estímulo por 1.9 billones de dólares para ayudas alimentarias a las familias pobres, para redimir escuelas, para ayudar a los pequeños y medianos empresarios; se retoman los acuerdos de Paris sobre el cambio climático; se decreta una moratoria de los desalojos de las viviendas; se reducen los intereses de los préstamos estudiantiles; se menciona el retorno a la política de apertura iniciada por Obama en las relaciones con Cuba.
Si Trump era percibido como un peligro para la especie humana, es claro que la presencia de Joe Biden en la Casa Blanca, acompañado de las mayorías demócratas en las cámaras del Capitolio nos permiten un respiro de alivio en medio del dolor y la incertidumbre de la pandemia global.
Pero Estados Unidos tiene acumulados demasiados problemas estructurales que nos impiden saber si sus élites dirigentes podrán descifrar los enormes desafíos que plantean los cambios geológicos que parecen estar operando en la reconfiguración del poder mundial.
Referencias:
[1] Recordemos que las cifras oficiales de soldados americanos muertos en la II Guerra Mundial es de 116.000, en la guerra de Corea: 36.000 y en la guerra de Viet Nam: 58.220.
[2] Thomas Piketty, Capital e ideología, (Bogotá, Editorial Planeta, 2019), p.p.624-625.
[3] Paúl Kennedy, Hacia el siglo XXI, (Barcelona, Plaza Janés Editores, Segunda Edición, Septiembre de 1993) p. 391.
[4] Thomas Piketty, Op. Cit. P. 626, 628, 629.
Profesor Emérito de la Universidad Central del Ecuador. Ex legislador. Literato. Mgs. en Relaciones Económicas Internacionales mención Comercio e Integración por la Universidad Andina Simón Bolivar.
Ex vicepresidente del Congreso Nacional del Ecuador
Ex presidente nacional del Partido Socialista Ecuatoriano.
Doctor (PHD) en Estudios Latinoamericanos.
