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Crisis democrática y del neoliberalismo en América Latina

 Eduardo Enríquez Arévalo

Nueva oleada de protesta anti-neoliberal latinoamericana: Ecuador, Chile y Colombia (y Argentina)   

En los años 1980s, el retorno de la democracia en la región creó expectativas de mejoras en las condiciones de calidad de vida en la población. Sin embargo aquello coincide con la crisis económica de la deuda y la inflación que es usada para justificar el inicio de la implementación de la política económica neoliberal. La combinación entre esas situaciones difíciles de la economía y la implementación de las políticas neoliberales agravaron significativamente los altos niveles de pobreza y desigualdad que ya padecía la región, sumado a denuncias de corrupción. Esto causo en los 1990s un creciente sentimiento regional de pesimismo con la democracia. Para Marroquín Pineda (2018, 135-136) aquel desencanto era inevitable debido a que América Latina habría emprendido dos proyectos “incompatibles”: un proyecto económico excluyente y marginador al mismo tiempo que un proyecto de democratización basado en igualdad jurídico-política y de representación con inclusión social.

Aquella contradicción motivó el ascenso de protestas y movimientos anti-neoliberales a fines de los 1990s. De la protesta anti-neoliberal pronto se pasó al ascenso de partidos y movimientos electorales “progresistas” que ganan la presidencia en varios países de la región en los 2000s.

Esa década estará marcada por una situación favorable en los precios de los commodities a nivel internacional, lo cual converge con las políticas redistributistas y neo-desarrollistas de los gobiernos progresistas, así como con cierta moderación en las políticas neoliberales y mayor atención a los sectores más pobres incluso en los gobiernos de derecha de la región. Aquello trae una significativa reducción regional en los índices de pobreza y desigualdad hasta inicios de los 2010s.

Fuente: BBC, 09/10/2019. «Crisis en Ecuador» .

A mediados de esta década la región comienza una crisis del crecimiento en forma global, que en países como Brasil, Argentina, Ecuador y Venezuela toma formas recesivas en ciertos momentos. Eso incide en forma crucial en producir el llamado “giro a la derecha” en la región debido a las victorias y regresos de la derecha política a la presidencia en países como Argentina, Brasil, Chile y Colombia. Por otro lado problemas y crisis políticas en países gobernados por la izquierda como Bolivia (victoria del NO en referéndum por la reelección de Evo Morales en Bolivia del 2016) y Venezuela (su larga crisis económica y política). Sin embargo, desde fines del 2018 hasta octubre del 2019 ese giro a la derecha parecía debilitarse, desaparecer o incluso tomar forma de un nuevo giro a la izquierda si se toma en cuenta las victorias en elecciones presidenciales de opciones progresistas o de centro-izquierda de dos países de grande población, tamaño e influencia regional como México y Argentina.

Las fuertes protestas anti-neoliberales de fines del 2019 en varios países de la región confirman esta tendencia crítica con la alta desigualdad, pobreza y abandono de amplios sectores de la población.

El ciclo de protestas de fines del 2019 comienza en Ecuador. El colapso de los precios del petróleo entre 2014-2016 y el terremoto en la región Costa en 2016 confluyen en forma devastadora contra la economía de ese país, el cual venía teniendo cifras de crecimiento y redistribución económica casi únicas en su historia. Eso motiva al gobierno de izquierda de Rafael Correa a iniciar un proceso entre el 2015 hasta el año que vamos a finalizar de 2019, ya bajo Lenin Moreno, en el cual se adoptan crecientes medidas de austeridad económica. El gobierno siguiente de Lenin Moreno, del mismo movimiento electoral de Correa, consolida definitivamente la adopción del programa económico neoliberal con el acuerdo en torno a una Carta de Intención con el FMI a inicios del 2019. Esto pese a que fue elegido como presidente con un programa económico redistributista y neo-desarrollista acorde con el legado asociado a la presidencia de Correa y del ideario del movimiento Alianza País. En ese contexto la economía ecuatoriana pasa de una recesión entre 2015-2016, a un retorno al crecimiento a inicios del 2017, para retomar un creciente deterioro económico que a fines del 2019 bordea ya en una nueva recesión.

Este proceso de crisis económica, en cierta forma prolongada desde fines del 2014 hasta 2019, ha venido fomentando un descontento social que es visible en las pobres cifras actuales de aprobación del presidente Moreno.

Aquello es agravado por la adopción de medidas de austeridad fruto de los compromisos recién mencionados adoptados con el FMI. La decisión del gobierno de adoptar la medida, usualmente muy controversial, de quitar el subsidio a los combustibles, culmina con la decisión de liberalizar los precios del Diesel en Octubre de 2019. Aquello motiva las fuertes protestas de Octubre que terminan con 11 muertos y más de 1000 heridos, pese a que se logra la derogación de esa medida por la presión de las protestas.

Fuente: La Vanguardia, 07/10/2019. «Bloquean varias ciudades de Ecuador por las protestas contra la subida del precio de los combustibles»

El debate entre los economistas del país gira en torno a mirar si fue necesario o no el acudir al FMI para solucionar la crisis prolongada, pese a que se puede encontrar convergencias entre economistas heterodoxos y ortodoxos sobre lo que se ve como una dubitativa y tardía implementación de medidas económicas anti-crisis por parte del gobierno. Así las promesas electorales redistributistas incumplidas-o desde cierto punto de vista “traicionadas”-han convergido con el deterioro económico para consolidar un proceso de pérdida de popularidad de un gobierno que se mira cada vez a la defensiva dentro de su adopción creciente de la represión y criminalización de la protesta y de la oposición política.

Sobre este proceso ecuatoriano se pueden encontrar similitudes con la reciente situación de Argentina. En ese país el gobierno de Macri inicia adoptando medidas económicas de austeridad y de liberalización para también contraer, antes que Ecuador, compromisos con el FMI a cambio de préstamos para solucionar una situación económica también difícil.

El fin de ese gobierno no trae el crecimiento y la prosperidad ofrecidos, sino que experimenta una situación de recesión y deterioro de cifras de bienestar social en forma similar al caso ecuatoriano. El descontento con aquello en el Ecuador logra manifestarse en las fuertes protestas de Octubre, pero en ese mismo mes en Argentina dicho descontento logra expresarse en las urnas para frenar el deseo de reelección de Macri y traer de vuelta a la presidencia al peronismo. Así, el binomio Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner, ofrece retomar las políticas redistributistas y neo-desarrollistas de las presidencias del matrimonio Kirchner-Fernández. También se puede notar la similitud entre la culpabilización de Macri y de Moreno de la crisis económica en los presidentes antecesores-Cristina Fernández y Rafael Correa. La impopularidad de Moreno y la derrota en primera vuelta de Macri da cuenta de lo inefectivo políticamente que ese discurso resultaba ya en el mes de Octubre del 2019 en los dos casos.

Las protestas chilenas que seguirán en las semanas siguientes a las ecuatorianas, y que se han prolongado por semanas, igualmente pueden ser interpretadas como de crítica a la política económica neoliberal.

La dictadura de Augusto Pinochet adoptó el programa neoliberal en forma pionera en la región latinoamericana desde mediados de los 1970s, y aquello ha determinado el nivel de profundidad de su aplicación en ámbitos importantes de la economía chilena.

Sin embargo, ese gobierno heredaba un privilegiado proceso de construcción de capacidades estatales desde el siglo XIX (Soifer 2015), que se fortaleció a mediados del siglo XX con una política económica desarrollista e industrializadora, muy estable en comparación al resto de la región hasta 1973 (Silva 2019). Aquella llamativa convergencia de factores históricos ha creado la paradójica situación actual en Chile de tener-pese al regreso de la democracia a fines de los 1980s, al mismo tiempo uno de los dos índices de ingresos por habitante más altos de América Latina (Nassau 2019) y el octavo índice de desigualdad más alto de la región más desigual del planeta (Statista.com 2019).

Fuente: BBC.com, 22/11/2019. Protestas en Chile: Piñera pide perdón «por la falta de visión» y anuncia una amplia agenda social de reformas.

El descontento social chileno con esa situación ya se comenzó a mostrar en forma importante en las protestas estudiantiles de los “pingüinos” del 2006 y de los estudiantes universitarios de inicios de los 2010 contra el modelo educativo neoliberalizado del país. Aquella importante presencia de las generaciones jóvenes en la protesta social chilena contemporánea se confirmó en las protestas de octubre y noviembre del 2019. Estas explosionaron debido a una medida del gobierno derechista de Sebastián Piñera de alzar las tarifas del metro de Santiago a inicios de Octubre, para alimentarse de todo ese descontento acumulado por años contra el modelo económico del país. Las cifras de muertos en estas varían según la fuente pero se puede sugerir que giran alrededor de 20 y con al menos 2000 heridos a fines del mes de noviembre.

El neoliberalismo económico ha ido cayendo paulatinamente en creciente descredito en la región desde la década de los 1990s, destacando incluso el caso de Chile al que se miraba como el modelo de ese tipo de gestión económica para la región.

La consigna a favor de una nueva constitución democrática que derogue la actual creada en la dictadura de Pinochet, ya surgió en las protestas estudiantiles de principios de los 2010s. A inicios de diciembre parecería ser que el país se estaría encaminando hacia un proceso constituyente. Esto muestra que se busca refundar la democracia chilena dejando atrás legados de la dictadura y excesos en la aplicación de neoliberalismo que le han impedido consolidar un proceso de inclusión social equitativa.

Mientras seguían las protestas chilenas, ya se anunciaba un “Paro Nacional” para el día jueves 21 de Noviembre en una Colombia al mando del presidente derechista “uribista” Iván Duque. Las consignas giraban en contra del desempleo, las políticas de austeridad, las propuestas de reformas consideradas regresivas al sistema de pensiones, la flexibilización laboral y la corrupción. Su partido Centro Democrático venía de tener muy malos resultados en las elecciones locales de octubre, cuando apenas en el siguiente mes enfrentó movilizaciones que ya han marcado un sitial importante en la historia reciente de las protestas en ese país, incluyendo, hasta la semana pasada, una forma novedosa para la cultura de la protesta colombiana como es “el cacerolazo”.

Fuente: Milenio, 02/12/2019. “Policías y manifestantes se enfrentan nuevamente en calles de Colombia»

El gobierno de Duque incluso llega a declarar “toque de queda” en la capital Bogotá. En ese mismo día viernes también ya se reportaba 3 muertos y 250 heridos en las protestas a nivel nacional. Para considerar las razones más profundas de este descontento, se puede mirar como el país ha tenido un crecimiento del PIB sostenido en esta década de crisis para otros países, pero es el segundo país más desigual de la región latinoamericana después de Brasil (Statista.com 2019).

La especificidad boliviana frente a las protestas anti-neoliberales de los otros países

Cuando ya estaban en marcha las protestas chilenas y ya habían parado las ecuatorianas, el 20 de octubre del 2019 se realizan las elecciones presidenciales bolivianas, dando como resultado, según las autoridades electorales, la reelección por tercera ocasión en primera vuelta del presidente de izquierda indigenista Evo Morales. El margen de votación fue estrecho para que se de ese resultado y con ello se produjo algo que ya se anticipaba que podía suceder: la denuncia del sector de oposición a Morales de fraude electoral. Esta denuncia fue apoyada por los informes de esa elección de la OEA, y con aquello se despliega un movimiento de ideología múltiple de protesta en contra de lo que se ve como fraude para que Morales siga ejerciendo la presidencia después de ya cumplir en ese cargo más de 12 años. Además, por querer hacerlo después de perder el antes mencionado referéndum aprobatorio de su reelección en el 2016.

Aquello se da pese a que se puede argumentar que la gestión económica del presidente Morales ha sido la más exitosa de la región desde la década anterior en combinar crecimiento económico continuo e inclusión socio-económica.

De allí que el tema económico no era la motivación principal de las protestas, como sí lo fue en las movilizaciones recién analizadas de Chile, Ecuador y Colombia. Las protestas bolivianas en ese momento giraban más bien en torno a una crisis de legitimidad del gobierno con diversas motivaciones entre los sectores de derecha, del liberalismo y de la izquierda que las apoyaron.

Fuente: Primicias, 18/11/2019. “Presidenta interina de Bolivia envía proyecto de ley para convocar a elecciones”.

Sin embargo, se debe notar que esas protestas bolivianas con elementos de variable ideología desarrollaron una tendencia clara a ser hegemonizadas por un sector derechista muy organizado y radical que, en confluencia con unas rebeladas fuerzas armadas del estado, decide amenazar a Morales y a la dirigencia del MAS hasta forzarles a la renuncia de sus cargos y al exilio de ese ex presidente. Allí se puede ver a una derecha elitista y selectivamente respetuosa de la institucionalidad democrática, que está pendiente de la oportunidad que le provean los hechos políticos para volver al poder, utilizando sus recursos políticos, sociales y económicos en sociedades tan desiguales como las latinoamericanas.

La llamativa secuencia de hechos que llega al muy cuestionable nombramiento como presidenta interina del país de la política derechista Jeanine Añez, da cuenta de un estado con muy graves problemas de institucionalización y fragmentación local y regional, producto de una construcción estatal excluyente y autoritaria lo cual inspiró al sociólogo boliviano Rene Zabaleta Mercado a hablar de una “sociedad abigarrada”.

De allí que esa nueva pretensión autoritaria por parte de la derecha boliviana ha motivado nuevas protestas en su contra que ya acumulan muertos en las semanas recientes, en medio de denuncias de manifestaciones racistas y fundamentalistas religiosas por parte de Añez. En tanto el descontento y el ciclo de protestas de Bolivia deben ser vistos en esos dos momentos diferentes entre sí.

Conclusión: Los problemas políticos y económicos de la democracia latinoamericana

Esa diferenciación de lo que ocurre entre Chile, Ecuador, Colombia y Argentina (protesta anti-neoliberal y crisis del giro a la derecha regional) con la crisis política boliviana no nos impide el poder sugerir que en estas protestas de fin de 2010 y fin de 2019 confluyen luchas políticas y económicas de larga duración, mediadas por sistemas políticos y económicos que pueden estabilizarse durante tiempos considerables, pero que pueden entran en crisis de legitimidad política. En general, se puede observar que la política democrática de la región sigue teniendo problemas para afianzarse debido a la crisis económica, la desigualdad social, así como por las deficiencias de los sistemas políticos en lograr confianza y representatividad en la ciudadanía dentro de su diversidad.

Bibliografía:

Marroquín Pineda, Teresa Isabel. «La democracia (im)posible en el Estado neoliberal.» En Vivir en la encrucijada. Crisis civilizatoria: dimensiones críticas, perspectivas y alternativas, de Jorge Ceja Martínez, 113-140. Guadalajara: Universidad de Guadalajara, 2018.

Nassau, Julieta. «Desigualdad: los contrastes sociales de Chile que provocaron el incendio.» La Nación. 27 de 10 de 2019. https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/desigualdad-chile-nid2300917 (último acceso: 21 de 11 de 2019).

Silva, Patricio. «The Chilean Developmental State: Political Balance, Economic Accommodation, and Technocratic Insulation, 1924–1973.» En State and Nation Making in Latin America and Spain. The Rise and Fall of the Developmental State, de Agustín E. Ferraro y Miguel A. Centeno, 284-314. Cambridge: Cambridge University Press, 2019.

Soifer, Hillel David. State Building in Latin America. Nueva York: Cambridge University Press, 2015.

Statista.com. «Income distribution inequality based on Gini coefficient in Latin America as of 2017, by country.» 11 de 3 de 2019. https://www.statista.com/statistics/980285/income-distribution-gini-coefficient-latin-america-caribbean-country/ (último acceso: 2019 de 11 de 26). (Basado en cifras de Human Development Statistical Update. UNDP. 2018. http://www.hdr.undp.org/sites/default/files/2018_human_development_statistical_update.pdf)

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Eduardo Enríquez Arévalo
Eduardo Enríquez Arévalo
Candidato a Doctor en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Andina Simón Bolívar-Sede Ecuador, Magíster en Sociología por FLACSO-Ecuador y Sociólogo con Mención en Ciencia Política por la PUCE. Sus investigaciones giran en torno a ideología, participación y movilización socio-política, partidos políticos, relación entre estado y sociedad, y democratización.

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