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Lenguas indígenas: más allá de la supervivencia

Fuente: aimdigital

Cristina Soler García

Las lenguas son elementos constitutivos de la identidad de los pueblos y son esenciales para hilar y retroalimentar su memoria: a través de la lengua se expresan las concepciones fundamentales sobre el ser humano, su relación con el entorno social inmediato, con la naturaleza y el mundo; pero, además, se enuncia la representación propia y ajena, la manera en la que los individuos y los grupos se reconocen y se nombran los unos a los otros.

Las lenguas son el contexto a partir del cual se construyen y narran, a través de la oralidad, los mitos de origen, la noción del tiempo, las conexiones entre el pasado, el presente y el futuro; los sueños y los recuerdos; los valores y creencias.

Son también, a través de la toponimia, la expresión del arraigo y pertenencia al territorio; y por supuesto, el armazón y la garantía de continuidad de los conocimientos ancestrales. En suma, las lenguas resultan fundamentales para la supervivencia de los pueblos.

Es por ello que, a menudo, las lenguas indígenas aparecen en noticias y artículos de opinión que se hacen eco de su alarmante circunstancia, denunciando las causas de su probable extinción. Entre otras, estas declaraciones revelan el impacto que sobre los idiomas nativos tienen el desplazamiento forzoso de los pueblos indígenas, la discriminación de sus hablantes o la penetración de formas de vida y comunicación en sus comunidades que favorecen la homogeneización cultural hacia los usos y costumbres dominantes. También, la transformación violenta de su entorno atenta directamente sobre la vitalidad de las lenguas, pues al desaparecer la riqueza de este, también lo hacen las formas de identificarlo y nombrarlo (Degawan, 2019).

La preocupación no es vana: las cifras que arroja la UNESCO acerca del panorama de las lenguas indígenas en el mundo —más de 2600 en riesgo (UNESCO, 2010)—sitúa a estas poblaciones en un escenario absolutamente crítico.

Ecuador no es la excepción, pues sus idiomas indígenas están amenazados y algunos de ellos, como el Andoa, se consideran extintos[1].

Frente a esta dramática situación, la Asamblea General de las Naciones Unidas ha declarado al 2019 como el Año Internacional de las Lenguas Indígenas con el fin de sensibilizar acerca de la importancia de la protección y promoción de los idiomas nativos para “el desarrollo sostenible, la reconciliación, la buena gobernanza y la consolidación de la paz” (UNESCO, 2019: s/p.). El Ecuador forma parte de esta iniciativa, co-presidiendo además su Comité Directivo, en virtud del reconocimiento internacional de sus logros por los derechos de los pueblos indígenas. Sirvan de referencia, en la Carta Magna vigente, las disposiciones sobre los derechos colectivos o la declaración del kichwa y el shuar como “idiomas oficiales de relación intercultural”(Constitución de la República del Ecuador, 2008, Art.2).

Fuente: Ministerio de Cultura y Patrimonio, Ecuador.

No obstante, si bien comprendemos que los acuerdos internacionales son fundamentales, particularmente aquellos con carácter vinculante —porque posicionan en las agendas políticas el enfoque de derechos y logran importantes cambios en la legislación nacional a través de la cooperación entre naciones— también sabemos que vacíos de decisiones pertinentes y sostenidas, no tienen resultados sobre los pueblos y nacionalidades. Ni tan siquiera la proliferación de proclamas y de iniciativas de política pública relacionadas tienen garantía de éxito cuando obedecen más a la retórica y a la agenda partidista que a los intereses cotidianos y necesidades de los grupos indígenas.

No funcionan las soluciones parciales sin una visión global de la identidad indígena y de cómo se produce una dinámica interactiva entre cada uno de los elementos que la integran. Tampoco es factible promocionar a los idiomas nativos como una pieza de museo, sin asegurar el ejercicio de su autodeterminación cultural. De ser así, pronto se convertirán en lenguas muertas.

Es por ello que, en este sentido, resultan más consistentes las prácticas de revitalización desde las voluntades, compromiso y acción de sus protagonistas, sus hablantes de hecho y derecho. Muy paradigmáticas son aquellas que usan a su favor lo que parecería ser un elemento adverso, como las nuevas tecnologías. En estos casos, el fenómeno de la globalización se convierte en su aliado para generar una difusión más allá de las fronteras locales y comunitarias, pero también una puesta en valor sin precedentes a través de páginas web, plataformas de aprendizaje online, aplicaciones interactivas en teléfonos celulares o la simple comunicación a través de grupos afines en redes sociales.

Fuente: lasexta.com / Pueblos Indígenas de Brasil.

Sin embargo, lo realmente trascedente de estas iniciativas es que permiten efectivamente que los idiomas nativos se mantengan vivos, reinventándose en la cotidianidad de la comunicación, nutriéndose incluso de los préstamos lingüísticos, ajustándose a las necesidades cambiantes. Como consecuencia, la auténtica revitalización va más allá de su objetivo inmediato, pues en la medida en que las lenguas tienen la capacidad de construir realidad, fortalecen la autoestima y contribuyen a la afirmación identitaria de los pueblos y nacionalidades.

No obstante, este esfuerzo puede verse como una posibilidad que no concierne solo a las poblaciones indígenas, sino como una oportunidad común para el conjunto de los seres humanos si la aprovechamos para aproximarnos a esas otras realidades que relatan precisamente estas lenguas. Tal vez, así podamos alcanzar ciertamente los anhelados propósitos de la UNESCO, si bien más que por la declaración del año internacional en su honor, por convicción propia.

Referencias:

Constitución de la República del Ecuador, 2008

Degawan, M. (2019). Lenguas indígenas, conocimientos y esperanza. El Correo de La Unesco, 7–8.

UNESCO. (2010). Atlas de las lenguas en peligro. Disponible en http://www.unesco.org/languages-atlas/es/atlasmap.html

UNESCO. (2019). Año Internacional sobre las Lenguas Indígenas. Disponible en https://es.iyil2019.org/

[1] Otras fuentes como el Censo Población y Vivienda que realizó el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos del Ecuador en 2010 identifican 292 hablantes para el idioma Andoa.

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Cristina Soler
Cristina Soler
Doctora en antropología social y cultural por la Universitas Miguel Hernández y licenciada en sociología por la Universidad de Alicante (España). Su principal línea de investigación aborda la relación entre patrimonio cultural, memoria social y desarrollo. Docente universitaria en España y Ecuador. Actualmente trabaja en el Consejo de Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior (CACES).

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