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Argentina y su tránsito recurrente hacia al atraso

Fuente: El Clarín. Mauricio Macri y Alberto Fernández, los principales candidatos presidenciales.

Alex Remache Gallegos

Los resultados de las últimas elecciones en Argentina (Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias, PASO) han dado lugar a muchos análisis que buscan ubicar los antecedentes y la magnitud de los problemas, que hoy afectan a los argentinos, y predecir las salidas posibles. En este sentido, aquí se presentan algunas reflexiones que podrían ayudar a responder preguntas como ¿cuál es la situación socioeconómica de Argentina? ¿Son comparables la crisis argentina con la crisis moral y económica del Ecuador? ¿Los dos países seguirán un mismo camino en el futuro inmediato?

La grave situación social, económica y política argentina no es sino una nueva señal, esta vez amplificada, de la conducción catastrófica de los gobiernos de turno y de la forma como han administrado los recursos públicos. Los causantes de esta situación son el populismo peronista y la derecha miope y voraz; ambos sectores políticos, sin abatatarse, han colocado permanentemente sus intereses y los de los grupos a los que representan, sobre las aspiraciones y sueños de la gente laburante. Más aún, han perfeccionado los mecanismos para mantener ideologizada y engañada a la sociedad y, sobre todo, han refinado los dispositivos para atracar sistemáticamente los fondos públicos.

El populismo argentino que se asienta en una gran estructura clientelar, levantada parasitariamente a la sombra del Estado, mantiene una enorme capacidad para operar políticamente, ocupa muchos espacios de poder, principalmente, en el sistema de justicia.

Esta estructura y sus dirigentes han demostrado su enorme “creatividad” para hundir a un país rico en recursos humanos y naturales y a la vez para llenarse sus bolsillos robando la plata de la gente. La experiencia más fresca de este recorrido hacia el atraso, se ubica en la época Kirshnerista, Néstor Kirshner gobernó entre 2003 y 2007 y Cristina Fernández de Kirshner (CFK) desde 2007 hasta 2015.

Lo singular de este último período es que los resultados económicos desastrosos se dieron en el momento de una gran bonanza económica dada por los precios altos de las materias primas, pues el mercado mundial se expandió y demandó productos primarios como la soja y el petróleo, lo que elevó sus precios internacionales y, consecuentemente, los ingresos del gobierno. Estos resultados se ocultaron hasta finalizar el último mandato de CFK, momento en el que se inicia el descubrimiento del volumen del choreo y de los mecanismos utilizados para sustraerse dolosamente la plata pública; basta recordar que en julio de 2016 se documentó la forma en la que un funcionario kirchnerista pretendió ocultar maletas con millones de dólares en un convento de monjas.

Fuente: Sputnimk Mundo.

Esta realidad de ficción se completa en el gobierno de Mauricio Macri, Él asumió a finales de 2015 la presidencia y culminará su período a finales de 2019.  El actual presidente es un empresario exitoso, es miembro de grupos económicos y familiares contratistas asiduos de la gran obra pública y, por tanto, beneficiarios directos de los gobiernos anteriores al suyo. No siempre ha ocurrido esto, más ahora, uno de los grandes gerentes propietarios, un millonario -no precisamente por ser hincha de River- administra a la Argentina desde la Casa Rosada del barrio bonaerense de Monserrat. No se puede perder de vista este detalle, pues los económicamente poderosos ya no gobiernan a través de terceros sino directamente ellos mismos.

Tengamos en cuenta que propietarios y gerentes de grandes firmas y corporaciones asumieron como ministros y altos cargos en el gobierno de Macri.

Los gerentes gobernantes, encaramados en el poder gracias a la oleada derechista que transita por América Latina y, sobre todo, a los resultados del Kirchnerismo, se encargaron del ajuste a la economía al estilo del Fondo Monetario Internacional (FMI). Este ajuste incrementó, por ejemplo, las tarifas de los servicios básicos y colocó, una vez más, el mayor peso de la crisis sobre los sectores populares.

La aplicación de este tipo de políticas económicas, la búsqueda de alta rentabilidad para los inversionistas en corto tiempo, el descuido intencionado del aparato productivo, la incapacidad para generar empleo y controlar la inflación; en definitiva, la ausencia de una perspectiva de largo aliento que se centre en los intereses de la gente, delatan el fracaso de los gobiernos populistas de izquierda y de los gerentes de derecha improvisados como gobernantes

Fuente: JUAN IGNACIO RONCORONI (EFE). Un grupo de manifestantes protestan contra el Gobierno argentino, el pasado mayo en la ciudad de Buenos Aires.

Ahora bien, añadamos alguna información para que junto a los elementos ya presentados nos posibiliten bosquejar respuestas a las preguntas formuladas al inicio de este artículo. La CEPAL, para 2019, estima que la población argentina es 44.781.000 de habitantes y la del Ecuador 17.374.000. En 2017 la economía argentina fue 6 veces más grande que la del Ecuador, su Producto Interno Bruto (PIB) fue de 631.142 miles de millones de dólares (MMD), mientras que el del Ecuador fue 104.296 MMD; el PIB percápita argentino fue 14.305 dólares y 6.274 dólares el ecuatoriano; la participación de la economía argentina en la economía regional alcanzó el 11,7% y la del Ecuador el 1,90%; y, la deuda externa argentina representó el 37,3% de su PIB y la del Ecuador el 38,3%.

Las condiciones de desigualdad son más o menos similares entre los dos países, el coeficiente de Gini para Argentina, en 2017, registró 0,40 y para el Ecuador 0,44 (este coeficiente es un indicador que resume la distribución del ingreso per cápita entre los habitantes de una población, sus valores se encuentran en el intervalo [0,1] en el que cero significa igualdad perfecta y uno ausencia de igualdad). Un dato importante es que, en el año 2016, la inversión social fue el 14,3% del PIB argentino y el 9,3% del ecuatoriano (la inversión social es aquella que se realiza en educación, salud, bienestar social, desarrollo humano, vivienda y trabajo).

Señalemos también que, con datos de la CEPAL, para 2017 las personas en situación de pobreza y extrema pobreza en Argentina representaron el 21,5% de su población y en el Ecuador el 29,0%.

Es claro que las economías y su importancia regional, así como, el tamaño de la población son muy diferentes; que el PIB percápita argentino duplica al ecuatoriano; que los recursos para financiar programas sociales en Argentina son mucho más importantes que los que destina el Ecuador que, como se observa, tiene una situación social más delicada; y, que la pobreza y extrema pobreza en el Ecuador es un problema mayor que el de la Argentina.

Fuente: La Nación. Protestas en Argentina 2019.

Ahora bien, si volvemos sobre el ámbito político se puede apreciar que se han configurado escenarios bastante distintos en cada país. El populismo argentino es muy añejo y ha permeado toda su institucionalidad y se reinventa para garantizar la impunidad, de ahí se explica que CFK, investigada y encausada ante los tribunales de justicia, se presente como candidata a la vicepresidencia sin siquiera sonrojarse. En el Ecuador la estructura populista que levantó Correa es rudimentaria si se la compara con la peronista, si bien no es despreciable y hay que combatirla sin descanso, hay que tener claridad de las diferencias y de su capacidad de injerencia real. En el caso ecuatoriano, esa estructura, por ejemplo, no pudo garantizar que el caudillo se mantenga residiendo en el país.

Correa hoy es un prófugo de la justicia y es lo suficientemente cobarde para volver y enfrentar las acusaciones fundamentadas de la Fiscal Diana Salazar.

En nuestro país de a poco, se recuperan las libertades políticas y de pensamiento y los movimientos sociales y las organizaciones se restauran y retoman su tradición de lucha. Esto es muy importante, sin embargo, se requiere además de una propuesta alternativa que ponga a la economía al servicio de la gente y cimente una democracia radical. Así se resistirá las políticas económicas neoliberales que entregan a privados las empresas públicas y descapitalizan al Estado; se trata de evitar el despojo a los ecuatorianos de los activos que le pertenecen y; sobre todo, de ahuyentar al caudillismo para siempre y a las fantasías de “volver por más” del prófugo atorrante residente en Bélgica.

En tales escenarios también se pueden identificar algunas similitudes, así, el entrampamiento histórico que tienen los dos países para tomar una senda de prosperidad que se fundamente en una auténtica democracia económica y política. Es evidente además la incapacidad de sus clases gobernantes para proponer nuevos rumbos, el cinismo de los principales actores y responsables del descalabro económico y de la podredumbre política y los resultados finales de los gobiernos que “brillan” con luz propia: crisis económica, desempleo, pobreza, corrupción galopante, impunidad y atraso generalizado.

Fuente: Fabián Marelli. La ex presidenta Cristina Fernández de Kirshner comparece a la justicia por casos de corrupción en obras públicas.

Como se ve, un camino cíclico es el que recorren los dos países configurado por los precios altos de las materias primas que generan importantes recursos financieros; por el robo y el despilfarro de esos recursos; por la impunidad asegurada, pues la justicia es sometida y funcional a este esquema; por el aparecimiento de nuevas crisis; por el ajuste económico; y, por la exclusión de la gente de los procesos sociales, económicos y políticos. En este ciclo asoman recurrentemente personajes del populismo de izquierda corruptos y de derecha también corruptos.

La atmósfera para que vuelva a la Argentina el populismo peronista es propicia y los resultados de las elecciones generales del 27 de octubre de 2019 podrían ser favorables a la fórmula Alberto Fernández – Cristina Fernández de Kirshner.

Esa atmósfera ha sido saturada por los resultados funestos de la gestión de Macri; por el accionar permanente de la estructura clientelar peronista madurada en décadas y lubricada financieramente con plata de la corrupción; y, por la voluntad de un electorado lo suficientemente ideologizado que aspira volver rápidamente a ser el beneficiario de las dádivas fugases que produce el clientelismo.

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Alex Remache
Alex Remache
Economista por la Universidad Central del Ecuador y Magíster en Economía con énfasis en políticas sociales y económicas por la Universidad Nacional de Tucumán, República Argentina. Es profesor investigador de la Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador desde 2005 y su Director General Académico desde 2009.

1 Comment

  1. Marco Herrera G. dice:

    Interesante la recopilación de notas y datos; pero cuál es la propuesta o alternativa que tienes estas sociedades para “defenderse,” de estos populismos que saquean las naciones?

    Favor plantéelas.!!

    Quizá es una tarea de la segunda parte de su artículo.

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