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El feminismo, una apuesta de vida

Foto: Prensa Comunitaria

Judith Flores

En las ciencias sociales, la categoría popular puede aparecer un tanto difusa, si bien la mayoría de las veces, es utilizada para marcar la condición de clase, o conectarse con las clases subalternas, hay aún debates en torno a la relación entre lo popular y una propuesta socialista. Por esta razón, propongo abordar la reflexión desde la relación feminismo y socialismo.

El feminismo es una propuesta teórica construida por cientistas sociales, desarrollada a lo largo de décadas, que cuestiona la imposición del patriarcado e identifica las formas en las que se establecen relaciones de poder entre hombres y mujeres.

Los marcos teóricos y metodológicos diseñados por autoras feministas permiten analizar las injusticias e inequidades que se asientan sobre las diferencias etarias, económicas, políticas y culturales. Esta propuesta facilita el entendimiento de la violencia estructural que azota a mujeres, niñas, jóvenes, minorías étnicas, minorías sexuales y otros.

Pero a la vez, el feminismo es una propuesta política, es un proyecto de vida. Un proyecto que avanza más allá de las explicaciones teóricas, que se propone transformar la sociedad injusta donde las mujeres somos ampliamente perjudicadas. Pero no se queda ahí, ya que amplía la mirada sobre las múltiples y contradictorias relaciones de poder masculinizado que atraviesa toda la sociedad.

Una opción feminista coloca el horizonte utópico de la sociedad que queremos para vivir de forma plena, propone repensar formas respetuosas en las relaciones entre mujeres y hombres, entre mujeres, entre hombres, entre adultos, niños, niñas, jóvenes y ancianos.

El feminismo como proyecto político no pretende “darle la vuelta a la tortilla”; por el contrario, mira, analiza detalladamente la forma en la que el poder patriarcal oprime la vida de mujeres y hombres, para cambiar la esencia del poder mismo.

Ahora bien, como toda construcción política y teórica, no es una propuesta acabada ni homogénea, hay múltiples y diversas corrientes; así como un conjunto de debates no resueltos. Por tanto, lo más adecuado, es hablar de feminismos, en plural, pues si bien es cierto que el cuestionamiento al patriarcado nos cobija a todas, también es verdad que dentro de ese paraguas existe una variedad de lecturas y de formas de posicionarse ante la realidad que vivimos.

Diario El Rio

Para hablar de los feminismos es importante identificar el “lugar de enunciación” en el que las mujeres nos ubicamos. Es necesario hablar de quién soy, de quiénes son las mujeres; somos mujeres trabajadoras, con o sin remuneración económica; vivimos en territorios concretos, sean urbanos, rurales, periféricos; somos miembros de pueblos y nacionalidades; parte de las comunidades de la diversidad sexual, estos y otros factores configuran la identidad de las mujeres, identidad que es un proceso en tensión permanente, es una construcción histórica dinámica, en constante transformación.

Para quienes el lugar de enunciación es nuestra condición de clase, de mujeres trabajadoras, adscribimos un feminismo de izquierda, somos parte de una línea socialista cuya propuesta es transformar el mundo.

No solo las relaciones de poder entre hombres y mujeres, sino de todas las relaciones de poder que encarnan y/o encasillan a personas, territorios y ámbitos como femenino o masculino; el feminismo socialista reconoce que el capitalismo se asienta sobre el patriarcado, por tanto la transformación de las relaciones de producción van de la mano de la ruptura de las dinámicas culturales y políticas que nos oprimen, excluyen y explotan. Para las mujeres empobrecidas no es posible pensar en el cambio de patrones culturales sin los cambios en la base material. El feminismo socialista se inscribe en las luchas históricas de los pueblos que demandan su derecho a la autodeterminación y soberanía, pues no es posible pensar en proyectos de liberación de las mujeres sin cuestionar la expoliación y colonización a la que han sido sometidos nuestros territorios y la colonialidad del saber que aún subsiste.

Foto: Neotrópica

En esta propuesta, la lucha por la violencia reconoce las raíces de la misma, todas las formas y mecanismos en los que se expresa la violencia. La pelea contra todas las formas de violencia y opresión es un eje articulador de agendas que, por décadas, las mujeres de sectores populares hemos sostenido en el Ecuador. La violencia patriarcal que pretende someter a nuestros cuerpos, -sea con nuestra capacidad reproductora y/o mano de obra-, es la misma que ahora destruye páramos, selvas, humedales para extraer petróleo y minerales. El feminismo socialista crítica la violencia impuesta por la modernidad capitalista, que coloca al campo en el lugar del “retraso”en detrimento de la ciudad; que invisibiliza el trabajo campesino que alimenta a las ciudades y fortalece el agronegocio; que incluso pretende nombrarnos desde la ausencia o carencia: “las no urbanas”.

Pensar en una propuesta feminista socialista requiere colocar en el centro la vida y su cuidado, colocar en su justa medida al ser humano, el trabajo y la naturaleza, de ahí que haya mucha confluencia entre las corrientes ecosocialistas y ecofeministas que rechazan la mercantilización de la vida que hace el sistema capitalismo.

La propuesta feminista es una apuesta colectiva que reconoce las necesidades de cada individuo, donde es clave disputar la conciencia patriarcal en la que hombres y mujeres hemos sido educados desde nuestra infancia. Instituciones como medios de comunicación, escuela, iglesia, ámbitos de salud, ámbitos políticos y muchos más, juegan un rol importante en el sostenimiento del statu quo que marca las formas de ser y estar de hombres y mujeres, de ahí que se fundamental establecer mecanismos que permitan sostener procesos colectivos de cuestionamiento y reconstrucción de nuestras humanidades.

En este contexto, es importante reconocer que el feminismo socialista brega por no aupar posturas esencialistas. Creer que las mujeres por ser mujeres tenemos conciencia feminista es una posición sumamente peligrosa, igual de peligroso que creer que el enemigo contra el que se lucha son los hombres per se.

Es sumamente importante reconocer que somos sujetas que estamos insertas en relaciones de poder y que respondemos a relaciones de poder masculinizados.

Pelear contra el machismo que llevamos dentro, que nos ha sido inculcado a fuego y sangre, es nuestra primera lucha. Es vital reconocer que la conciencia está en construcción y en tensión permanente, no hay un nivel de conciencia máximo al que llegar e instalarse como “las iluminadas”; la conciencia avanza y retrocede, y por supuesto tarea fundamental de las feministas es que la conciencia de las mujeres trabajadoras avance en colectivo. No es tarea fácil, el sistema en el que vivimos es envolvente y complejo, de ahí que la crítica y la autocrítica sea una herramienta fundamental para nuestra construcción como feministas de izquierda. Si bien creer en nuestra voz y mantener nuestra voz y pensamiento es fundamental, también lo es, siempre preguntarnos a qué intereses políticos estamos respondiendo y que proyecto político estamos fortaleciendo con cada una de nuestras acciones… he ahí la tarea.

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Judith Flores
Judith Flores
Feminista de izquierda. Militante del movimiento de mujeres y feminista del Ecuador. Socióloga, estudiosa del mundo agrario y de temas de género e interculturalidad.

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