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Igualdad de género: un imperativo mundial

Fuente: Human Rights Watch

Karen Garzón Sherdek.

El 25 de septiembre de 2015, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, consistente en una Declaración de 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y 169 metas relacionadas. Los ODS son un llamado para que todos los países se comprometan a tomar medidas e implementar acciones que permitan terminar con la pobreza, cuidar la sostenibilidad del planeta y garantizar paz y bienestar para todas las personas.

Frente a las múltiples desigualdades que deben enfrentar las niñas y mujeres a nivel mundial, el Objetivo 5 de los ODS persigue la igualdad de género. Este Objetivo es concebido no solo como un derecho esencial y finalista; sino como un derecho que posibilita la consecución de otros derechos individuales y colectivos. No obstante, las cifras que motivan la implementación de este objetivo son alarmantes. De acuerdo con datos de Naciones Unidas, 1 de cada 5 mujeres y niñas entre 15 y 49 años han sido víctimas de violencia física y/o sexual. Al mismo tiempo, 49 países no tienen una legislación que proteja a las mujeres frente a violencia doméstica. Esta es la realidad de quienes deben enfrentar en el día a día, y en todas partes del mundo, diversas formas de machismo estructural y social.

En este contexto, la educación cumple un rol trascendental en la igualdad de género y es sustancial para que las mujeres puedan tener las mismas oportunidades que los hombres. Según datos del Instituto de Estadísticas de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), 16 millones de niñas jamás irán a la escuela.

Fuente: UNICEF

Las causas de esto último no solo incluyen los escasos recursos económicos; sino también, el matrimonio infantil y la violencia de género. Para muchos países, el hecho de que la mujer no tenga acceso a la educación ni siquiera constituye un problema. De hecho, un tercio de los países del mundo no han alcanzado aún la paridad de género en la educación primaria.

En Afganistán (Asia), el analfabetismo de las mujeres es uno de los más elevados del mundo. Más del 60% de niñas no tienen acceso a la educación, pues la mayoría de ellas se casan antes de cumplir 16 años y deben abandonar las instituciones educativas. Por su parte, el gobierno no garantiza a las niñas y niños el mismo acceso a la educación; y la mayoría de los casos de violencia de género pasan desapercibidos para la sociedad.

En la India (Asia), el país más inseguro para las mujeres, violan a una mujer cada 29 minutos; el 44,5% de las niñas contraen matrimonio antes de cumplir 18 años; y apenas el 27% de las mujeres forman parte del mercado laboral. La oficina Nacional de Crímenes indicó que en el año 2016 se registraron al menos 40.000 violaciones de mujeres. “India ha demostrado una total indiferencia y falta de respeto por las mujeres. Violación, violación marital, abuso sexual, acoso y el infanticidio femenino no ha disminuido” (Goldsmith & Beresford, 2018).

En Nigeria (África), debido a los índices de pobreza, se prioriza la educación de los niños; por lo que, cerca de la mitad de las mujeres son analfabetas. Adicionalmente, al menos 2.000 niñas y mujeres fueron secuestradas y violadas por Boko Haram, y utilizadas como arma de guerra. Asimismo, una cuarta parte de la población se ha sometido a la mutilación genital (práctica que actualmente se encuentra prohibida desde 2015); y un tercio de las mujeres ha sido víctima de violencia doméstica.

México (América Latina) se ha convertido en un lugar cada vez más adverso para ser mujer.

En 2018, se registraron más de 760 femicidios; y, entre 2014 y 2017 alrededor de 8.904 mujeres fueron asesinadas, aunque paradójicamente apenas el 30% de los casos fueron considerados como femicidio.

En este sentido, el Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (CEDAW), adscrito a la ONU, exhortó a que se adopten soluciones inmediatas para prevenir, investigar y juzgar las desapariciones y muertes violentas de las mujeres en ese país; así como también, combatir todos los tipos de violencia de género existentes. Citando a Judith Butler: “necesitamos una sociedad en la que el feminicidio deje de encubrirse”; es decir, debemos construir una sociedad en la que el crimen contra la mujer no se haga de menos, porque en aquellas sociedades donde más se encubren estos actos, más criminales sentirán que son libres para matarnos; creando así una especie de licencia atroz bajo la cual se puede quitar la vida de una mujer sin miedo y con impunidad. Esto es justamente lo que debe ser erradicado.

Fuente: Amnistía Internacional

No obstante, la realidad desborda a las acciones de los Estados y de la comunidad internacional. En 2018, Guatemala (Centroamérica) registró 6.200 muertes violentas de mujeres, de las cuales, la mayoría de las víctimas sufrieron agresiones sexuales. Asimismo, cada día existen alrededor de 27 denuncias por violencia de género. La violencia se evidencia también con más de 50 mil embarazos en niñas y adolescentes.

En España (Europa), de acuerdo con datos recogidos por Amnistía Internacional, más de 1.000 mujeres fueron asesinadas por sus parejas o exparejas en los últimos 15 años. De igual manera, el 12,5% de las niñas y mujeres han sido víctimas de algún tipo de violencia física o sexual (López, s/a). Para erizarnos la piel, sólo basta con recordar el caso de “la manada”, ocurrido en 2016, cuando un grupo de cinco hombres abusaron sexualmente de una joven de 18 años, y tras denunciarlos, se cuestionó a la víctima y sus agresores fueron procesados por abuso sexual y absueltos del delito de violación. Es decir, recibieron una pena menos severa.

La violencia de género constituye una de las violaciones de los derechos humanos más común y aberrante. Cada hora, cada segundo, en cualquier parte del mundo, una mujer es víctima de cualquier tipo de violencia. En este sentido, la violencia doméstica se ha generalizado hasta considerarla “normal”.

Fuente: El PAÍS

Hoy en día resulta indispensable analizar la problemática de violencia de género desde un enfoque que permita generar transformaciones culturales radicales. Con el paso de revista a los diferentes tipos de violencia de género a nivel internacional, se evidencia la existencia de un sistema global y estructural que reproduce la misoginia y el patriarcado, producto de una desigual distribución del poder. Según el Banco Mundial, apenas seis países tienen igualdad de derechos para hombres y mujeres en el año 2019. Por ello la premura de transformar las sociedades, para de esta manera, lograr el respeto pleno de los derechos de las mujeres en todos los ámbitos y en todos los países del mundo. Frente a esto, la mejor -y quizá la única- garantía, es nuestra propia organización. Como dijo Simone de Beauvoir: “El feminismo es una forma de vivir individualmente y de luchar colectivamente

¡Si global es la opresión a la mujer, global debe ser su resistencia!

Bibliografía:

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Karen Garzón Sherdek
Karen Garzón Sherdek
Suramericana | Magister en Relaciones Internacionales y Diplomacia, con mención en política exterior | Lcda. Multilingüe en Negocios y Relaciones Internacionales | Derechos Humanos

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