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¿Homo Academicus o Mulier Academicus?

Mónica Mancero Acosta, Ph.D.

El sociólogo francés Pierre Bourdieu analizó el mundo académico universitario y concluyó que estaba plagado de tensiones en un campo de fuerzas en que primaban los prestigios, notoriedades, capitales de poder científico y universitario que terminan reproduciendo relaciones de poder y jerarquías que buscan aparecer como legítimas. Las instituciones de educación superior en nuestro país, como en otros lugares, no están exentas de estas tensiones. El Homo Academicus, del cual nos habla Bourdieu, se construye también en nuestras universidades, y por cierto entre las determinaciones sociales que cuentan para la construcción de su capital simbólico se encuentra el tema de género.

Las mujeres -mulier en latín- en la educación superior en el país, se han enfrentado históricamente a vicisitudes y desafíos que no han sido abatidos, ni parece que lo serán en el corto plazo.

En la etapa de la elitización de la universidad, la mujer se encontraba totalmente excluida, es por demás conocido que la pionera para romper esta exclusión fue la gran Matilde Hidalgo. Durante la etapa de la masificación universitaria, el libre ingreso permitió que también las mujeres pudiéramos ocupar los pupitres de unas abarrotadas aulas, en ese período las mujeres accedimos, aunque en calidad de estudiantes, muy pocas como docentes. No obstante, la feminización de la matrícula universitaria se consolidó en el cambio de siglo.  Durante la mercantilización de la universidad ya se contaban con profesionales académicas que ingresamos en las universidades, pero aún hoy las docentes mujeres somos minoría. También lo somos cuando nos referimos al ejercicio del poder en las Universidades ecuatorianas: apenas hay ocho rectoras entre sesenta universidades.

La dinámica de la universidad ecuatoriana, a pesar de la feminización de la matrícula estudiantil, muestra brechas que denotan una clara primacía de una masculinización que se reproduce en las instituciones de educación superior: menor número de docentes mujeres; muy pocas investigadoras; escasas autoridades universitarias mujeres: directoras, decanas, rectoras; mayoría de mujeres en el área administrativa y de servicios; menor número de docentes mujeres con postgrado y particularmente con doctorado; escaso porcentaje de estudiantes mujeres tituladas en relación a sus pares varones; casi absoluto número de denuncias de mujeres presentadas por acoso sexual. Todos estos constituyen verdaderos nudos críticos que no serán fáciles de desatar en el corto plazo.

La política pública de educación superior, a través de la Secretaría Nacional de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (SENESCYT), se encuentra empeñada en diseñar mecanismos que podrían implementar las Universidades y Escuelas Politécnicas; así como los Institutos Técnicos y Tecnológicos, en su autonomía, a fin de acortar las brechas de exclusión y discriminación. Para tal efecto, se han diseñado incentivos en el acceso, por ejemplo, se toman en cuenta medidas de acción afirmativa en caso de que estudiantes mujeres hayan sufrido violencia de género. En el período de permanencia, se han diseñado mecanismos para proporcionar becas de estudio, con especial énfasis a estudiantes víctimas de violencia.

Por otro lado, para prevenir y erradicar la violencia contra las mujeres, en acción coordinada entre SENESCYT y el Consejo de Educación Superior CES, se aprobó el Protocolo de prevención y actuación en casos de acoso, discriminación y violencia basada en género.

Este protocolo ha sido acogido por numerosas universidades, y se trabaja constantemente para que todas puedan contar con instrumentos similares. A partir de esto, ha habido numerosas denuncias en varias instituciones de educación superior y, luego de un proceso investigativo, se ha llegado a sancionar a docentes. Corresponde a las universidades en su autonomía, realizar ajustes, implementación y seguimiento de estos instrumentos.

En relación a la investigación, SENESCYT, dentro de su programa de investigación denominado INEDITA, ha abierto concursos para proyectos, y la línea de investigación en enfoque de género y derechos tiene priorización.

Los desafíos para la educación superior son múltiples y complejos. No obstante, es indispensable que las universidades, a través de estrategias concertadas, puedan constituirse en espacios de deliberación, de generación de pensamiento, de respeto.

Cada nueva denuncia de acoso sexual dentro de las aulas universitarias nos pone en alerta de que las mujeres, fundamentalmente las estudiantes, viven con miedo en un espacio que debería ser de plenitud, de libertad, y de seguridad. Por ello decimos basta al acoso en las instituciones de educación superior.

Pero este no es el único problema, como señalamos anteriormente. Las mujeres que desertan en medio de la carrera son muchas, y supera al porcentaje de varones, de ahí que se titulan más hombres que mujeres. La maternidad es uno de los grandes obstáculos para los estudios universitarios de las estudiantes, por ello es vital contar con guarderías, flexibilidad de horarios y sistemas semi presenciales y virtuales de funcionamiento de carreras. Más allá de eso, es necesario cambiar los comportamientos sobre el cuidado, que como sabemos recaen preponderantemente sobre las mujeres.

El reconocimiento, prestigio y construcción de un capital simbólico propio es muy caro a las trayectorias académicas de las mujeres. Realizar estudios, tesis de maestría, tesis doctorales son tareas que frecuentemente se constituyen en desafíos titánicos que debemos vencer debido al gran peso que sigue recayendo sobre nosotras en los cuidados. De ahí también deriva la dificultad de investigar y publicar, todos estos son procesos largos y sostenidos que requieren inversión de tiempo del cual no siempre se dispone.

Por ello resulta paradójico que mujeres académicas, que a pesar de todas estas dificultades han logrado tener varios títulos, publicaciones, becas, premios, etc., no son reconocidas ni visibilizadas en el propio medio universitario, y tampoco en la sociedad informada. Así podemos observar que hay un predominio de articulistas varones en los medios impresos, de expertos varones consultados en entrevistas televisivas y radiales. Hasta en los propios paneles, foros y debates académicos las mujeres son llamadas, frecuentemente, solo a propósito de la conmemoración de día internacional de la mujer o frente a femicidios u otros actos violentos.

Los estudios de género constituyen otro tema especial de análisis; frecuentemente son programas aislados, casi convertidos en guetos, con escaso financiamiento y prestigio en nuestras universidades, cuando los hay.

Transversalizar la perspectiva de género y los estudios feministas en la academia es un reto enorme, también lo es conocer, estudiar y revalorizar el pensamiento generado por mujeres en la historia intelectual de la humanidad.

En fin, superar el patriarcado en la academia implica desplegar estrategias múltiples y varios frentes a la vez, y esto se lo hace sin duda con la participación y lucha de las propias mujeres.

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Mónica Mancero
Mónica Mancero
Mónica Mancero Acosta, Ph.D. Subsecretaria General de Educación Superior, SENESCYT

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