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Huelga de mujeres 2019
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La huelga feminista- una esperanza para el mundo

María Paula Granda.

“Ahora que estamos juntas, ahora que sí nos ven, abajo el patriarcado, ¡se va a caer, se va a caer!”

 “¡Si nuestras vidas no importan, produzcan sin nosotras!” “¡Eso que llaman amor es trabajo no pago!” son algunas de las consignas que unen a miles de mujeres a nivel mundial; no importa si están en Argentina, España, India, Corea del Sur, Rusia, México, Brasil, Estados Unidos, Italia, Ecuador y otros países, las mujeres este ocho de marzo de 2019 han decidido nuevamente llamar a la huelga.

En un contexto de crisis en el mundo, donde el capitalismo financiero en su expresión neoliberal ha profundizado las desigualdades sociales y económicas, el consumismo y el desperdicio en extremo, el extractivismo y el daño medioambiental, las feministas en más de 100 ciudades ponen sus voces de protesta y el cuerpo en las  calles para callarse “¡nunca más!”.

Nunca más estar silenciadas ante las múltiples violencias que viven las mujeres del norte y del sur; el acoso sexual en el trabajo, en las ciudades, en el transporte; la homofobia, la transfobia, la misoginia, el machismo y la xenofobia cada vez más crecientes; los feminicidios, el racismo, las guerras, la explotación laboral, la falta de seguridad social, el calentamiento global, la privatización de servicios; la amenaza de disminuir derechos sexuales y reproductivos en Europa y USA, incluido el aborto legal; las maternidades obligadas en América Latina y otras latitudes; las desapariciones forzadas, la trata de personas; la falta de reconocimiento a los trabajos de cuidados; la desposesión de la tierra y el desplazamiento de indígenas y campesinos, la brecha salarial entre hombres y mujeres, etc.

¿Pero cómo entender la huelga global feminista? ¿Qué implicaciones tiene? ¿Hacia dónde va? Son algunas interrogantes que el presente artículo intentará, no responderlas categóricamente, pero sí reflexionar ante ellas y aportar a los debates sobre la denominada “tercera ola” del feminismo, la cual, al parecer, y en buena hora, no la para nadie.

 Contexto

El 3 octubre de 2016, más de cien mil mujeres decidieron cerrar las calles en Polonia y consiguieron frenar la aprobación de una ley que criminalizaba el aborto, incluido el espontáneo y por violación. El 19 de octubre de ese mismo año en Argentina, bajo el lema #NiUnaMenos, luego de una semana donde existieron 7 feminicidios, de los cuales trascendió internacionalmente el de Lucía Pérez; varias colectivas feministas convocaron a un paro de una hora y a masivas movilizaciones. El 24 de octubre en Islandia, en conmemoración de la gran huelga de 1975, donde participaron trabajadoras remuneradas y no remuneradas del hogar, miles de mujeres  salieron de su trabajo dos horas antes del horario establecido para evidenciar la brecha salarial existente. Rápidamente, a finales de año ya había grandes movilizaciones en diferentes países del mundo; las mujeres de Turquía, España, Italia, Estados Unidos, Brasil, Ecuador, Perú, Chile, México, entre otros países, popularizaron sus consignas, sus eslóganes para redes sociales, sus íconos y sus colores, y lo que comenzaron como acciones en cada Estado, se convirtió en un movimiento feminista transnacional en 2017, cuando organizaciones feministas a nivel mundial decidieron hacer una huelga conjunta reivindicando el verdadero sentido del 8 de marzo, día internacional de la mujer.

Desde ese momento hemos vivido dos años intensos de lucha y visibilización feminista, incluida la huelga global de 2018 donde aumentó el número de países y ciudades participantes, la cantidad de manifestantes en las calles y las alianzas con sindicatos obreros, de maestros, estudiantes, trabajadoras remuneradas del hogar, actrices, y otros gremios, que también serán parte de las acciones de este próximo ocho de marzo.

El nuevo momento – La “tercera ola” feminista

Si bien dentro de las corrientes teóricas feministas y en la expresión política de las mismas siempre han existido demandas que trascienden la esfera de lo identitario y lo corporativo; en los últimos años, desde los años 80’s, sobre todo en Europa y en Norteamérica cada vez se afianzó un feminismo (neo)liberal y ‘gerencial’ que ha invisibilizado la existencia de mujeres no blancas, diversas y empobrecidas; y con ellas en general ha minimizado las desigualdades sociales, económicas y políticas, y se ha concentrado en la promulgación de derechos individuales. En el caso del 8 de marzo, este fue cooptado por el mercado, como una ocasión más para comprar un regalo, una flor, bombones, ir a conciertos, restaurantes, desvirtuando el sentido de lucha y resistencia del día de la mujer trabajadora, y reforzando el ideal de mujeres que pueden aparentemente romper el “techo de cristal”, pero no alterar las condiciones de dominación en un sistema capitalista patriarcal heteronormado.

En definitiva, este tipo de feminismo, tomando las palabras de Nancy Fraser, impulsó la idea de equidad de género como el derecho de las mujeres a dominar por igual o ser menos dominadas y no la equidad de género como justicia social ni transformadora del status quo.

Por el contrario, esta nueva “ola” en el feminismo representa un nuevo momento donde, por la crisis generalizada, una avanzada conservadora mundial, agendas políticas y económicas de extrema derecha, gobiernos populistas xenofóbicos, racistas y misóginos; las mujeres en el norte global han ido cada vez tomando más posiciones políticas claras en defensa de la vida, de la naturaleza, y también de inclusión tanto de mujeres empobrecidas, como de mujeres afroamericanas y migrantes, generando así demandas democráticas, interseccionales y anticapitalistas. Evidentemente, con la pluralidad que existe dentro de estos movimientos no quiere decir que otros tipos de feminismo han desaparecido, pero este “feminismo para el 99%” ha ido ganando mucha más fuerza.

En el caso de América Latina, con el neoliberalismo también se normalizó un feminismo de clase media blanca, aunque con fuertes irrupciones e interpelaciones de mujeres obreras, indígenas, campesinas, y otros feminismos postcoloniales o decoloniales. Sin embargo, en estos últimos años, con la profundización del extractivismo, la precarización laboral, el favorecimiento de los monocultivos, el aumento de la violencia de género, los feminicidios, la violencia política hacia las mujeres, los casos de violación y acoso sexual, el aumento de embarazo de niñas y adolescentes, sobre todo de las de más escasos recursos, y una serie de problemáticas que se entrecruzan; las organizaciones de mujeres y feministas en su diversidad también manejan un discurso amplio, inclusivo y de ruptura con el orden social de múltiples dominaciones. Incluso en luchas más específicas como la despenalización del aborto, que siempre ha querido ser colocada como “problema de mujeres”, las consignas no son desde lo individual; sino que son enmarcadas en un discurso de clase y colectivo, pidiendo no solo aborto legal, sino que este sea gratuito, además de derechos sexuales y reproductivos universales para todas donde las mujeres pobres, indígenas, negras, campesinas, obreras, lesbianas puedan decidir y no solo las más acomodadas.  De igual forma, las movilizaciones contra los feminicidios y las violencias machistas han colocado sobre la mesa la desigualdad que existe en nuestra región, la vulnerabilidad en las que estamos las mujeres y niñas, en especial las de más escasos recursos económicos y no solo las blancas, los altísimos niveles de impunidad y ha evidenciado cómo para el Estado y el mercado, nuestras vidas y cuerpos siguen siendo desechables.

En este escenario, la reapropiación de la “huelga” representa ese nuevo carácter del feminismo global, que no solo ha tomado la huelga, el paro, el levantamiento como sus herramientas más poderosas de lucha, sino que la ha reinventado y ha ampliado su alcance.

Las huelgas feministas de los dos últimos años y de este 2019 demuestran el enorme potencial político y el poder que tenemos las mujeres: “el poder de aquellas que su trabajo pagado y no pagado sostiene el mundo.”  En este sentido,  para Cinzia Arruzza, Tithi Bhattacharya  y Nancy Fraser estos movimientos de mujeres que impulsan las huelgas en distintos países  “anticipan la posibilidad de una fase completamente nueva y sin precedentes de la lucha de clases: feminista, internacionalista, ecologista y anti racista” (Arruzza et al. 2019:9).

Perspectivas- reflexiones finales

Sin duda, esta nueva ola feminista representa una esperanza en medio del surgimiento y crecimiento de grupos neofascistas, gobiernos populistas de extrema derecha, de populismos autoritarios de izquierda y del neoliberalismo criminal que hemos experimentado en diferentes dimensiones en todo el mundo. No obstante, sería un error posicionar a este feminismo internacionalista como una nueva ‘vanguardia revolucionaria’. Al contrario, debemos verlo como una alternativa para la reconstrucción de la izquierda a nivel mundial, que nos lleve a construir alianzas amplias, internacionalistas, democráticas, que respeten los derechos humanos y los de la naturaleza y que sean anticapitalistas en este sentido más amplio, reconociendo que la explotación de las mujeres, las exclusiones a las diversidades sexuales, étnicas  y raciales, y la explotación al medio ambiente no son externas al capitalismo sino son internas junto con la explotación laboral y de clase, por lo que combatirlas en su totalidad es esencial para transformar todos los ámbitos de la vida y no solo el sistema económico y así lograr lo que Marx señaló como verdadera emancipación humana.

Referencias

Arruza Cinzia, Tithi Bhattacharya, Nancy Fraser. 2019. Feminism For The 99%- A Manifesto. Verso. London, New York. 

[1] Artículo producto de reflexiones colectivas con compañeras a lo largo de mi militancia feminista y en las izquierdas ecuatorianas, de la lectura del libro Feminism for the 99%. A Manifesto, y de discusiones políticas-académicas en un curso con Nancy Fraser.

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María Paula Granda
María Paula Granda
María Paula Granda, socióloga, candidata a Magíster en la universidad New School for Social Research, feminista, militante de izquierda, y Parte del Movimiento de Mujeres y Feministas del Ecuador. Autora del libro “el macho sabio. Racismo y sexismo en el discurso del presidente Rafael Correa” (2017)

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