Marcelo Caruso Azcárate
En Colombia se ha convertido en una “mala costumbre” que detrás de la esperanza de paz siempre duerma la guerra. Y no necesariamente la guerra civil clásica, sino la pervivencia de la teoría del enemigo interno, que determina las relaciones políticas marcadas por la violencia que hoy sufre el pueblo y la juventud colombiana. En una supuesta época de construcción de paz el conflicto armado continua, y las elecciones presidenciales están marcadas por una polarización en la que anidan todo tipos de violencias.
La novedad del proceso electoral que se inicia el 13 de marzo -con elecciones parlamentarias y consultas primarias presidenciales-, es que estas últimas tendrán la presencia de 3 grandes coaliciones ordenadas por su marca ideológica sin confusiones posibles: la Coalición Equipo por Colombia de derecha tradicional, que sorpresivamente excluyó al candidato oficial uribista para no cargar con su desgaste; la Coalición Centro Esperanza de centro derecha que nuclea a liberales tradicionales con el ala derecha del Partido Verde; y la Coalición del Pacto Histórico, PH, de centro izquierda. Por fuera de las coaliciones, quedaron el candidato del partido Centro Democrático, uribista, y un outsider, Rodolfo Hernández, que como buen pescador en los revueltos ríos de la polarización existente, aprovecha que ninguna de las dos partes ejerce una hegemonía plena y se presenta como el mesías que por encima de las clases y el Estado de derecho, salvará al pueblo de la corrupción; un bonapartista de derecha que hoy marca el segundo lugar en las encuestas que agrupan a los 17 precandidatos inscriptos, lugar que variará cuando se definan los candidatos de cada coalición.
Esta consulta se convierte en una virtual primera vuelta, lo que implica que los que no participen pierden un espacio de construcción de imagen que los desfavorece para la primera vuelta de las presidenciales -a realizarse el 29 de mayo- en la que se encontrarán los ganadores de las consultas y los que van solos. De no superar ningún candidato la mitad más uno de los votos emitidos, se pasa a Segunda Vuelta, programada para el 19 de junio.
Una posibilidad que tiene aterrorizada a las élites del poder económico y financiero, es que el muy posible triunfador de la consulta del Pacto Histórico, Gustavo Petro pueda ganar en primera vuelta. Es tan grande su rechazo autoritario y de clase, que en forma abierta han instalado en todo tipo de contrato civil que se firme, incluidos los inmobiliarios, un punto que afirma que el acuerdo se suspende de ganar Petro. Conocida como la “cláusula Petro”, más allá de su carácter conspirador y subversivo de la estabilidad económica, va acompañada de un éxodo real de las grandes fortunas que, desde ahora- se están refugiando en sus mansiones y bancos de Miami. Esta guerra de nuevo tipo, desatada en todos los espacios de la sociedad, indica que, de lograr vencer los miedos instalados y los fraudes descarados de una Registraduría corrupta, la gobernabilidad de un/una presidente del PH sólo será posible si desde el inicio se actúa como lo hizo Xiomara Castro en Honduras, no solo rechazando las traiciones y violaciones de las reglas de juego democrático, sino llamando al pueblo para que la respalden por la vía de la democracia directa.
Sin embargo, esta no parece ser la mayor preocupación del precandidato Gustavo Petro -que ya en el pasado acudió a esa estrategia para impedir que lo sacaran de la alcaldía de Bogotá- ya que hoy está concentrado en realizar una alianza con el histórico traidor del liberalismo, Cesar Gaviria, a quien se le está ofreciendo la vicepresidencia. Jugada que puede ser un arma de doble filo, pues una parte importante de la coalición, poco organizada colectivamente, pero con fuerte simpatía popular, apoyará en la consulta interna la precandidata del movimiento “Soy Porque Somos”, Francia Márquez, mujer afrodescendiente, ambientalista y anticapitalista, esperando que se cumpla el acuerdo inicial en la constitución del PH, que estableció que, el segundo más votado sería el/la vicepresidenta/e. Desconocer lo pactado sería un gran error que podría llevar a perder una importante votación que haría la diferencia en primera o segunda vuelta electoral.

El PH presenta una lista cerrada al Senado con “cremallera” -un hombre-una mujer- que, siendo un avance en la paridad de género, encontró una dificultad grande en el momento de decidir quiénes serían los y las candidatas y qué puesto debían ocupar, lo cual se resolvió en las cúpulas sin debate con las 23 organizaciones que lo componen. Todo esto afecta la imagen del PH, si bien existe gran unidad interna en la necesidad de triunfar electoralmente, lo cual no está asegurado, pero nunca existió tanta posibilidad. El debate al interior de PH pasa por los que lo consideran una simple coalición electoral y quienes buscan aprovechar este momento de unidad electoral de la izquierda y el progresismo, para avanzar en la construcción de un proyecto político democrático y federativo, tanto de organizaciones políticas como sociales, que se convierta en un espacio estratégico en la lucha por las transformaciones sociales, sin la dependencia exclusiva del resultado electoral
En este contexto, existen 2 listas a Senado, otras más en los departamentos que eligen los representantes a la Cámara, más candidatos del Partido Verde al Senado, que han declarado su apoyo al candidato presidencial que sea seleccionado por el PH. Se agrega también una lista feminista del movimiento “Estamos listas”, otra importante novedad en este innovador escenario que se abrió con los Paros Nacionales de 2019, 2020 y 2021. Sin embargo, la dispersión puede llevar a perder curules por no alcanzar el umbral requerido.
Por parte del gobierno Duque, existe una agresiva campaña de militarización de las zonas que pueden implicar votos para el PH y una gran desidia frente a las masacres y atentados que continúan contra líderes de organizaciones sociales y excombatientes de las FARC. Y como manejan todos los organismos de control del Estado, se permiten retrasar la emisión de los documentos de más de 3 millones de jóvenes que quieren votar -la mayoría al PH-.
Si bien para las listas al Congreso se construyó un programa común del PH, para el ejercicio de la presidencia el programa quedará en manos de quien triunfe en la consulta. Esto implicará un necesario control e incidencia sobre las decisiones del gobierno por parte de las fuerzas de izquierda al interior del PH, actuando en conjunto con el movimiento social juvenil y de mujeres, movilizado en estos 3 últimos años. Así como será importante la Bancada Parlamentaria alcanzada, lo será el Comité Nacional de Paro -fortalecido con las Asambleas populares territoriales surgidas de esas gestas indignadas-, reconocidos por el gobierno del PH como una Bancada social -expresión directa del poder popular en construcción-, sin perder en esta función su autonomía e independencia. Sólo esta doble estrategia permitirá resistir a la campaña regresiva de los poderosos del capital -como lo están haciendo en Perú aprovechando las vacilaciones del gobierno de Castillo- y que se logre avanzar en implementar el Acuerdo de Paz; el desarrollo del Pacto de Leticia como parte de la integración latinoamericana que incorpore a los pueblos indígenas y campesinos del Amazonas, se promuevan formas de economía popular solidaria; y se potencie la democracia directa como base de cogobiernos y autogestiones populares que exijan y controlen la garantía de los derechos humanos fundamentales.
Miembro de la Coordinadora Socialista de Colombia. PhD en Filosofía y profesor universitario
