La corrupción como sistema

La corrupción como sistema

Silvia Buendía

La corrupción abarca todas esas conductas que se aprovechan del poder para beneficio propio, esos actos que violan las normas del bienestar general y que rompen las reglas del actuar ético de una sociedad democrática. La corrupción es un abuso, una desviación, una transgresión que debe ser combatida porque es un problema del sistema.

Pero la corrupción sistemática, esa corrupción que está presente en todos los niveles del gobierno y que se encuentra también en la empresa privada, esa corrupción que está absolutamente naturalizada por la ciudadanía; esa corrupción no se improvisa, ni es excepcional, ni se puede combatir fácilmente. Una corrupción generalizada y audaz es la que padecemos en nuestro país.

En Ecuador la corrupción dejó de ser un problema del sistema para convertirse en el sistema mismo, y en una forma de violencia que degrada y empobrece a la sociedad.

La corrupción sistemática es el resultado de una larga práctica reiterada en el tiempo, perfeccionada hasta la desfachatez y fortalecida en la impunidad. Durante más de diez años vimos como desde el ejecutivo se premiaba al ladrón y en cambio se perseguía a quien denunciaba la corrupción. Pero no fue solo una dinámica del ejecutivo, desde todas las funciones del Estado, de una u otra manera, se trabajó para que la corrupción fuera la norma y la impunidad su destino.

Desde su conformación en mayo de 2015, la Comisión Nacional Anticorrupción CNA ha venido denunciando sobornos, coimas y sobreprecios en la contratación pública. Los negocios de Odebrecht, Coca Codo Sinclair, Hidroeléctrica San Francisco, Manduriacu, Toachi-Pilatón, Singue, Caminosca, Poliducto Pascuales-Cuenca, El Aromo-Refinería del Pacífico, Refinería de Esmeraldas, Petro China, Seguros Sucre, las cocinas de inducción, y muchos otros casos que hoy están en el olvido, todos fueron denunciados en su momento por la CNA.

Comisión Nacional Anticorrupción (CNA)

En este gobierno sí se tomaron algunas decisiones políticas positivas e importantes para cambiar este panorama. Como garantizar la libertad de expresión. En estos últimos años el periodismo de investigación ha podido sacar a la luz casos de corrupción sin que eso le acarreara consecuencias penales desde el poder. También fue determinante que la Ley de Comunicación dejara de utilizarse como una herramienta para perseguir a toda voz disidente que cuestionara al gobierno. O que se llamara a una consulta popular para dar de baja al Consejo de Participación Ciudadana y Control Social y crear un Consejo nuevo que se encargó de la selección y designación de las autoridades de control: Fiscal, Procurador, Contralor, superintendentes, jueces electorales y constitucionales, Consejo Nacional Electoral y Consejo de la Judicatura.  Sin este giro de timón simplemente sería imposible ver ciertas señales de independencia en los organismos de control y en la judicatura.

Es por esto que hoy tenemos un vergonzoso record de funcionarios y ex funcionarios públicos sentenciados o investigados por delitos relacionas con la corrupción: dos ex Presidentes, dos ex Vicepresidentes, ex ministros, secretarios de Estado, dos prefectos, asambleístas, directivos de hospitales, alcaldes y servidores públicos de medio rango.

Como si fuera poca cosa esta insólita lista de investigados y sentenciados, cada semana, más bien cada día, conocemos de un nuevo escándalo. Porque una corrupción sistemática, absolutamente naturalizada por la ciudadanía, es difícil de combatir y no se puede acabar de un manotazo.

Sin embargo de esto, el escenario que hoy vivimos nos deja claro que el actual gobierno no hizo lo suficiente para erradicar la enraizada corrupción que dejó su antecesor. Hubo y siguen existiendo en el poder estructuras de pillería que quedaron intactas.

Pero lo más aberrante y escandaloso ha sido sin duda el robo a los hospitales públicos que se ha dado durante la gravísima emergencia sanitaria que padecimos por el coronavirus. La Comisión Nacional Anticorrupción, capítulo Guayas (CNA-G), ha venido denunciando documentadamente desde hace meses múltiples actos de corrupción en el sistema de salud público en Guayaquil. Estos hechos de corrupción se han dado en forma continua especialmente en los Hospitales del IESS: sobreprecios en la compra de medicinas, equipos médicos e insumos, simulaciones, testaferros en contratos amañados.

Fuente: El Universo.

Es tristísimo decirlo, pero si en ese entonces, cuando hicimos las denuncias, las autoridades hubieran tomado medidas oportunas y efectivas; tal vez se hubiera evitado en algo que la pandemia del coronavirus causara tantas muertes en Guayaquil. La crisis sanitaria que vivimos no solo desnudó las falencias crónicas en el sistema de salud. También desnudó a esa mafia que, como aves de rapiña, lucró de la muerte, de la enfermedad y del dolor de las personas más empobrecidas.

Hoy vemos con asombro y también con alivio como uno a uno estos mafiosos están cayendo. Algunos implicados que han sido señalados en estos días ya escaparon y seguramente no volverán, pero otros están plenamente identificados, han sido capturados e incluso guardan prisión preventiva.

Debe haber un antes y un después de esta investigación, nunca más la salud puede volver a convertirse en el botín político de asambleístas, ministros, alcaldes, prefectos, funcionarios públicos y de delincuencia que desde la sociedad civil negocian con la vida y la salud de la ciudadanía. El IESS debe ser restructurado, pero tampoco eso quiere decir que se deba permitir que intereses privatizadores vulneren los derechos de los afiliados y pensionistas.

La corrupción debe dejar de ser un sistema estructural. Esto solo se conseguirá si se acaba con la tradición de impunidad que ha arropado a la inmoralidad institucional durante años, solo se erradicará cuando la ley alcance y castigue hasta a la última persona involucrada en estos actos infames.

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Feminista, abogada, defensora de los DDHH LGBTI, integrante de la Comisión Nacional Anticorrupcion (Capítulo de Guayas).

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