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Las mujeres en el centro de la utopía feminista

Lizeth Pérez Cárdenas

Marzo llegó empapando nuestros días de morado y verde, como una sutil forma de evocar la llegada de la primavera, una primavera floreciente de derechos, rebeldía y digna rabia. Por todo el continente las voces de las mujeres en su amplia diversidad reclaman desde el corazón y la sororidad, una fuerza que repite y replica: “ni una más”.

El 8 de marzo “Día Internacional de la Mujer” institucionalizado desde 1975 por las Naciones Unidas, pasó de ser una fecha para rememorar distintos esfuerzos que buscaban visibilizar el papel de las mujeres en la vida social, a un suceso profundamente político, un espacio necesario para tejer las experiencias colectivas que nos coloquen a las mujeres en el centro, como actoras de nuestras propias historias.

Fuente: Página 12.

Nuestros trayectos caminando juntas nos han fortalecido, sabemos que no estamos solas porque: “sí tocan a una nos tocan a todas” y así desde el acompañamiento hemos empezado a mirar nuestra propia diversidad, a encontrarnos en espacios de diálogo, a discutir desde los feminismos, desde las experiencias, desde los sentires y los saberes, nos hemos acompañado en momentos de dolor y también en momentos de alegría, hemos estado juntas cuando ni siquiera sabíamos que nos teníamos, y hoy que lo sabemos, ya no nos quedan dudas: las mujeres juntas somos la raíz que sostienen la vida.

Y aun así cada mañana nos despertamos con el dolor de saber que una mujer o una niña ha sido violada y/o asesinada; los datos nos llenan de terror al saber que no hay espacios seguros, que la violencia se perpetúa, se magnifica y se lleva a nuestras hermanas, en México, en Ecuador y en toda Latinoamérica.

Los vacíos y el dolor nos obligan a pensar y repensar nuestro posicionamiento ante los feminismos, a reconocernos diversas y escucharnos en medio de un sistema que nos considera desechables y reproduce la cosificación de los cuerpos de las mujeres, un sistema que nos suma a las estadísticas de muertas y desaparecidas, despojándonos de nuestra identidad y así nuestros nombres, historias y familias se invisibilizan y quedan en el olvido. Este sistema nos hace culpables a nosotras de los actos de odio que otros ejecutan. Pensar en marzo hoy se ha convertido en la posibilidad de potenciar nuestra fuerza y decirle al Estado que “no estamos solas” y que necesitamos garantías que nos permitan ejercer todos nuestros derechos. Actualmente las mujeres gritan al unísono y unen sus voces para evidenciar lo que por mucho tiempo fue invisibilizado: la violencia estructural y las desigualdades históricas que se mantienen a partir de complejos entramados que sostienen y perpetúan lo podrido del sistema patriarcal.

Fuente: Etcétera.

Las mujeres como fuerza política incomodamos, pues demandamos y exigimos justicia, cuestionamos a gobiernos, prácticas e ideologías, porque reconocemos la desigualdad, el sexismo y la misoginia como uno de los males comunes en las sociedades contemporáneas, no importa si estos son de izquierda, centro o derecha.

Nos damos cuenta de que, a pesar de todo, a los medios de comunicación y a ciertos sectores que se consideran “progresistas” o de avanzada únicamente les resultan atractivas cierto tipo de prácticas feministas que no cuestionan e increpan las estructuras reales de poder y las que sirven al mantenimiento del statu quo. Diversos grupos intentan expropiar nuestras demandas y exigencias, vaciarlas de contenido para que sirvan a sus intereses, los cuales se encuentran en detrimento de los derechos de las mujeres. Sin embargo, las mujeres ya estamos en todos los espacios, no hay un solo lugar que no tenga una marca de nuestro paso.

Fuente: Zona Docs.

Los reclamos de las mujeres se expresan a través del arte, la música, la danza, las consignas y el glitter. Nuestra fuerza se viste con brillantina rosa, con pañuelos morados y también verdes, reivindicando exigencias básicas que tienen que ver con el reconocimiento de nosotras como personas: autonomía sobre nuestros cuerpos y nuestros territorios, alto a la violencia de género, los feminicidios y la impunidad, igualdad salarial y en los espacios de toma de decisiones, así como el acceso a la salud y a la educación, un conjunto de demandas de larga data que históricamente nos han sido negadas.

Hoy las mujeres nos ponemos en el centro porque este es nuestro tiempo, porque sabemos que, desde ahí, desde el corazón del sistema se están generando grandes movimientos, procesos que buscan transformar la realidad de todas las personas, construyendo de forma colectiva y diversa, desde la alegría y la indignación, ponemos el cuerpo y “se nos va la vida en ello”.

Los feminismos nos han reunido y nos han permitido reconocernos, nos han dado también la posibilidad de entender que nada ha sido gratuito ni fortuito, que los derechos de las mujeres no son un regalo que nos haya sido otorgado, los derechos de las mujeres parten de una lucha constante e incansable: se narran a través de historias, de exigencias y de pérdidas; y por eso, sabemos que los derechos no se piden, los derechos se ejercen, se exigen, se arrancan y se arrebatan.

Fuente: El País.

En el contexto del 8 de marzo, junto a nuestras amigas y compañeras nos convocamos a marchar, a gritar, a demandar y también a parar, en una especie de catarsis que nos permita fortalecer nuestros vínculos, nuestra lucha, sentirnos nuevamente acompañadas porque sabemos que “nos cuidan nuestras amigas” y que sin ellas hoy la revolución feminista seguiría siendo un espacio imaginado en un lugar de la utopía.

Me atrevo a decir que el feminismo cambio mi vida, me hizo encontrar amigas, aliadas, compañeras y hermanas, potenciar el dolor a través de la lucha constante por mejores condiciones de vida.

Para mi, el feminismo es ser y estar en el mundo en un constante aprendizaje, cuestionarme cotidianamente las múltiples violencias que se ejercen, poder reconocerlas y generar estrategias para actuar.

En las escuelas, universidades y centros de trabajo comienzan a emerger voces que exigen el respeto a nuestros derechos. Las niñas, las jóvenes y las adultas hemos descubierto que el peor enemigo de las mujeres son todos aquellos actores que le hacen el juego al sistema, exhibiéndonos, comercializándonos y victimizándonos; por eso, hoy más que nunca es necesario encontrarnos y acompañarnos para hacer frente a las violencias feminicidas que buscan terminar con nuestro aliento. En este lado del hemisferio la primavera está por llegar, el reinicio de nuevos ciclos da la posibilidad a nuestras sociedades de demostrar el compromiso con los derechos de más de la mitad de la población, los derechos de las mujeres.

Fuente: Contrapeso Ciudadano.

Finalmente quiero señalar que los feminismos vinieron a revolucionar el Siglo XXI y por eso, aunque no nos querían ver ya no nos pueden ocultar, las mujeres estamos en el centro del mundo, desde Ecuador hasta México y de México a la Patagonia.

Con la esperanza incansable de que en un futuro próximo todas las niñas y las mujeres puedan regresar todos los días a sus hogares.

Por las que no volvieron y por las que nos arrebataron, porque hasta la eternidad su luz se quedará en nuestros corazones “nunca más sin nosotras”.

En memoria de Xóchitl M.

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Lizeth Pérez Cárdenas
Lizeth Pérez Cárdenas
Candidata a Doctora en Ciencias Antropológicas por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Iztapalapa, Maestra en Ciencias Sociales con mención en Género y Desarrollo por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) sede Ecuador. Licenciada en Antropología Social por la UAM.

3 Comments

  1. Ana catalina avendaño García dice:

    Es un honor conocerte Liz y haber podido leer este texto tan explícito de todo este proceso femenino…
    Estamos en una época especial donde miles de voces tienen valor de expresar sus sentimientos y cada vez que se escribe algo de este hecho, se hace necesario voltear la vista… Liz te felicito,

  2. Patricia dice:

    Muchas gracias Liz por tan bello reconocimiento a las mujeres, por ponernos al centro.
    Patricia Torres

  3. Patricia dice:

    Muchas gracias Liz por tan bello reconocimiento a las mujeres, por ponernos al centro.
    Patricia Torres

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