Jimmy Encalada
Tal vez, si nos ponemos a pensar bien, no hubiese sido convocado el paro, pues si en la escuela hubiesemos aprendido derechos humanos tendríamos una clase política realmente consciente de la importancia de velar por que la educación, la salud, las condiciones laborales y demás temas críticos estén al día, sean servicios de primer nivel y que lleguen a todas y todos. Sabrían lo violento de tener niñxs trabajando o pidiendo “una ayudita” en todo el país, de la misma forma tendrían muy claro que asegurarle a una persona enferma sus medicinas es un acto de humanidad y, que las y los agricultores en el campo son quienes nos alimentan, seguramente, si faltáse algo que hacer para acabar con la pobreza y la injusticia, habría un gran equipo de expertas y expertos listos para solucionar el problema.
Y bien, supongamos que en este Ecuador ficticio el paro si es convocado, pues si en la escuela hubiésemos aprendido derechos humanos sabríamos la importancia de la protesta y cómo esta nos ha conseguido la mayoría de los derechos que tenemos -tal como reconoce la comisión interamericana de derechos humanos-. Es así que quizás nuestras molestias en movilidad y similares hubiesen sido secundarias, en el fondo todas y todos sabríamos que no es que la gente se vuelca a las calles sin razón y que su derecho es legítimo.
De la misma forma, estoy seguro que si en la escuela hubiésemos aprendido derechos humanos, las y los manifestantes entenderían que los actos violentos no se pueden dar nunca y que la protesta puede ser fuerte, mas no violenta. Nadie hubiese roto llantas de autos en movimiento, bloqueado ambulancias, saqueado tiendas o echado a perder la producción de otros.
Si en la escuela hubiesemos aprendido derechos humanos, las y los policías serían en verdad garantes de los mismos y no la tan triste institución que conocemos hoy por hoy. Resulta lindo pensarlo ¿No? Una institución que en verdad trabaje por proteger los derechos y no como el brazo represivo del Estado. Quizas en este ficticio Ecuador no sea necesario usar la fuerza, pues todos conocemos nuestros límites en la protesta y en la fuerza pública, y si fuera el caso, quizas el o la agente pensaría dos veces antes de seguir la orden y apretar el gatillo, habría la valentía y fuerza para decir “No mi coronel, esto no se puede hacer en respuesta a una protesta” o “No podemos usar perdigones porque son munición letal”. Me imagino que la órden lógica, si supieramos derechos humanos, sería: “neutralicen solo a los peligrosos o violentos y que el resto siga con el ejercicio de su derecho a la protesta”

Bueno, bonito pensar que tal vez en este Ecuador donde si sabemos derechos humanos la fuerza en verdad sirve para proteger la vida de alguien en peligro y no para quitársela a quienes están luchando por derechos.
Si en la escuela hubiesemos aprendido derechos humanos estoy seguro que no haría falta que la gente salga con camisetas blancas a protestar contra la protesta, porque bueno, todos sabríamos ya la importancia de la protesta para los derechos. Pero en el supuesto de que una vez más en este Ecuador de en sueño la paralización genera incomodidades a otra parte de la población y esta, en uso de su legítimo derecho sale a la tribuna de los shyris a manifestarse, estoy convencido de que no habrían expresiones racistas o de odio, nadie diría “Indios vagos, trabajen”, tampoco nadie aplaudiría a la policía después de haber usado excesivamente la fuerza, menos aún recibirlos con calle de honor si no hicieron bien su trabajo. Nunca veríamos por ahí a una señora gritando “maten al indio ese!”.
Estoy seguro de que si en la escuela nos hubiesen enseñado derechos humanos, el díalogo se hubiese dado desde el principio, en igualdad de condiciones y entendiendo que es necesario escuchar a la gente, lo que vive, sufre y necesita.
La protesta no hubiese durado mucho tiempo, pues, en el gobierno la gente sabe de derechos humanos, los manifestantes también y es por ello que es fácil lograr acuerdos.
Muchas cosas más habrían pasado si tan solo en la escuela nos hubiesen enseñado derechos humanos, pero es imposible saberlo ya que vivimos en Ecuador, el de verdad, el país que sangra de todos los lados posibles, donde la situación de derechos humanos empeora todos los días y donde la sensatez y empatía faltan.
Este puede ser un buen momento para comenzar.
Nacido el 17 de agosto del 2000, es politólogo e internacionalista, diploma en derechos humanos con mención experto en el sistema interamericano de derechos humanos por la Universidad de Guanajuato, México. Subdirector ejecutivo del Centro "Bejamin Ferencz" Sobre Uso de la Fuerza. Ha desarrollado su trabajo en el área de la diplomacia y los derechos humanos en misiones diplomáticas extranjeras, instituciones del sector público y la sociedad civil.
