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Capitalismo, crisis y alternativas desde la izquierda  

Nancy Fraser es una filósofa e intelectual feminista estadounidense, profesora de ciencias políticas y sociales en la New School University de Nueva York. Además de sus numerosas publicaciones y conferencias, Fraser es también redactora de Constellations, revista internacional de teoría crítica y teoría democrática.

 Entrevista a Nancy Fraser

 Entrevista realizada el primero de mayo de 2019, en la Ciudad de Nueva York, Estados Unidos. Editada y traducida al español por María Paula Granda, socióloga y feminista militante de izquierda, para la Revista Digital Opción S, edición especial número 100.

¿Cuál es la fase actual del capitalismo y cómo ha afectado las condiciones contemporáneas del trabajo?

Podemos decir que se trata de un capitalismo neoliberal, global y financiero. Es significativamente diferente de la fase anterior que ha sido denominada “capitalismo de Estado” o en algunos casos, “capitalismo social democrático”. En esta etapa, los Estados nacionales estaban empoderados para disciplinar al capital de las empresas privadas para su propio bien. Esto quiere decir, que los Estados podían implementar políticas para controlar el déficit, mantener la demanda, el pleno empleo, con un sector público fuerte. Todos estos eran mecanismos para manejar el ciclo del “boom” económico y sus caídas, y mantener un equilibrio. Constituía una forma de manejar la crisis que por supuesto beneficia a la acumulación de capital, pero que requería que el capital asimismo se coloque debajo de la disciplina de los Estados. Ahora, la fase actual del capitalismo ha puesto toda al revés. Ya no son los Estados los que ordenan a las empresas privadas y a los inversores privados; sino al contrario, ellos ordenan lo que los Estados deben hacer. La banca privada, los tenedores de bonos, y los inversores del sector financiero se han escapado del poder de los Estados y los presionan para aplicar políticas de austeridad, que recorten gastos en las áreas sociales y si no lo hacen, los amenazan con falta de liquidez o con devaluar su moneda; lo que ocasionaría enormes problemas en los países. Todo esto se basa en un gran, pero gran incremento en el endeudamiento en el sector financiero, tanto al nivel de los países (deuda “soberana”), pero también al nivel de deuda de consumo.

Individuos que abrumadoramente pertenecen a la clase trabajadora ya no son lo suficientemente pagados para cubrir sus gastos al nivel que el mercado exige de ellos para mantener determinados niveles de vida que les permita subsistir a ellos y sus familias.

Para conseguir esto, ahora ellos tienen que endeudarse en tarjetas de crédito, hipotecas de vivienda, préstamos educativos, préstamos para el consumo diario etc., provocando que las clases trabajadoras en definitiva tengan que hipotecar su futuro. Las trabajadoras y trabajadores actualmente tienen la promesa de salarios futuros que les permitirían cubrir sus necesidades básicas y gastos de vida que los sueldos actuales no cubren. Esta situación nos da una parte de la fotografía de las principales diferencias entre la forma previa de capitalismo y la actual, y dice algo sobre la situación de la clase obrera.

¿Cuál es la situación de las trabajadoras y trabajadores en el contexto del nuevo capitalismo?

Hasta aquí he mencionado dos cosas importantes. La presión de organismos financieros externos hacia los Estados para recortar el gasto social, que básicamente implica que las familias carguen en sus espaldas y cubran con sus propios recursos el costo de seguro de salud, transporte, educación para sus hijos e hijas, y todo aquello que el Estado de bienestar- o la forma social demócrata de capitalismo- al menos cubría en algo. Este, se puede decir es un recorte en las prestaciones sociales (social wage). Ahora, al mismo tiempo, esta nueva fase del capitalismo también implica un recorte en la capacidad de consumo de los trabajadores, puesto que los salarios “reales” son reducidos o en el mejor de los casos están estancados, mientras que el costo de la vida aumenta todo el tiempo. Tenemos dos elementos: la reducción del gasto social y la disminución de los salarios “reales” y básicamente, como dije anteriormente, el endeudamiento es consecuencia de esto.

El capital ya no está pagando lo suficiente a las clases trabajadoras para cubrir el costo necesario de su reproducción social.

Y, en cierto modo, el funcionamiento del capitalismo y la función del trabajo asalariado, al menos concebidos desde el marxismo, dependen de que el capital pague la reproducción de la fuerza de trabajo y se apropia del valor excedente. Ahora, los capitalistas no están pagando ni si quiera por el costo de reproducción; entonces se están apropiando no solo del excedente (plusvalor) sino también de una porción del tiempo de trabajo necesario. Estamos hablando entonces de una sobre explotación y expropiación de trabajo hasta el hueso. Es una nueva forma de extractivismo de las condiciones necesarias de vida de la gente trabajadora. Esto está ocurriendo en todo el mundo en distintas formas e intensidad. Hasta aquí hemos hablado de la gente que está ubicada o que tiene trabajos pagados “formales”; pero sabemos que la clase trabajadora está mucho más precarizada, que hay muchísimas personas que han sido expulsadas al sector informal del mercado de trabajo donde tienen poquísimas o nulas capacidades de negociación, y están obligadas a aceptar cualquier condición y términos de trabajo. Por todos estos motivos, yo considero que esta fase del capitalismo en general ha golpeado y está golpeando muy duro a las clases trabajadoras.

En este contexto, ¿cómo entender a la “clase trabajadora” en la actualidad? ¿Quiénes son “la clase obrera”?

Yo propongo una definición amplia de clase trabajadora (working class). Cuando hablo de esta, no me refiero solamente a ese sentido clásico del siglo XIX o del temprano siglo XX.

Toda la gente que no tiene propiedad, que no tiene otra forma de ganarse la vida que no sea a través de su fuerza de trabajo, indistintamente de si es o no un trabajo asalariado o si recibe o no un salario fijo, es parte de la clase trabajadora.

Pueden ser trabajadores del sector informal, o amas de casa, o gente con responsabilidades del cuidado de niños, de padres enfermos o ancianos, de sus parejas, entre otras posibilidades. Todas y todos ellos son parte de la clase trabajadora, incluso si no están trabajando por un salario. Debemos entender este concepto de forma muy extensa; las personas campesinas o agricultores sin tierra deben ser pensadas como clase obrera también. Debemos expandir esta idea más allá de la tradicional que es básicamente una mayoría mono-étnica masculina que se gana el pan para mantener una familia. Las mujeres son parte de la clase obrera, las personas no blancas son parte de la clase trabajadora, campesinas y campesinos, pequeños agricultores, sin tierra o arrendatarios, y todas esas personas que son la población excedente que incluso han sido desposeídos de sus territorios y han migrado a las ciudades, están viviendo en tugurios u otros asentamientos informales y no tienen servicios, que no tienen ninguna esperanza de alguna vez alcanzar un empleo en el sector formal de la economía, pero aun así son parte, y deben ser considerados parte de la clase trabajadora. Esta es mi definición extendida de clase obrera o al menos yo la entiendo así.

Es evidente que vivimos en una crisis generalizada. No solo es económica; sino también política, social, y medioambiental.  ¿Cómo entender esta crisis contemporánea? ¿Es posible pensar en alternativas por fuera del capitalismo?

Bueno, me gusta como planteas la pregunta, porque sí pienso que es una crisis general, lo que quiere decir que hay diversos puntos que se intersecan y que se exacerban entre sí. No es solo una crisis económica, aunque sí existe esta crisis; no es solo una crisis financiera, aunque tuvimos una muy dramática en 2007-2008 y ninguno de los problemas en el sector financiero que causaron la crisis han sido solucionados. Entonces hay una bomba de tiempo esperando para explotar nuevamente en este sector.

Pero no solo es esto, es también, como tu dijiste, una crisis ecológica- medioambiental, y yo voy a añadir que existe una crisis de reproducción social, como expliqué al inicio. ¿Qué pasa cuando de una sola vez los Estados son presionados para hacer recortes sociales que apoyan a las actividades de reproducción social, y necesidades en el sector público?

Y al mismo tiempo, le dices a la gente que ha estado encargada de proveer estos servicios, principalmente las mujeres, que ya no pueden hacerlo y que deben ir a buscar un trabajo asalariado, y que en muchos casos deben conseguir múltiples trabajos porque ninguno paga lo suficiente. Entonces, nuevamente, esto implica una doble dimensión: reducción de los servicios del Estado y el requerimiento de más horas de trabajo pagado para sostener a la familia. Todo esto afecta a la reproducción social y por ello ahí hay una crisis también.

Finalmente, como tu dijiste, podemos hablar de una crisis política en el sentido del sistema de gobernanza, lo que quiere decir que los poderes públicos no tienen actualmente la fuerza y el alcance global que requieren para lidiar con problemas mayores como el calentamiento global o la especulación financiera. Necesitamos poderes que sean al menos igual de grandes que los intereses de las corporaciones privadas, los cuales necesitan ser controlados por el bien común. En este nivel, podemos hablar de la Unión Europea (UE) o todas estas instituciones donde tratados como el de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) básicamente apoyan esta gobernanza neoliberal e invalidan legislaciones democráticas a nivel estatal. No se pueden aprobar leyes medioambientales o de seguridad para los trabajadores, o de salario mínimo, porque pueden ser vistas como una restricción al “libre comercio”.

En ese sentido, los poderes de los gobiernos están disminuidos, y cada vez más el poder de gobernar las fuerzas que afectan nuestras vidas están en manos del sector financiero, de los inversores y de las corporaciones y empresas privadas. Este es uno de los aspectos de la crisis política.

Por otro lado, existe una crisis de hegemonía. Esto significa que el sentido común oficial y generalizado, que la mayoría de gente asumió como propio en décadas pasadas ahora está colapsando o en algunos lugares ya colapsó. La gente ya no cree en el sentido común neoliberal. Ya no creen que el ‘libre comercio’ va a mejorar sus vidas, o que dar beneficios a las grandes empresas y reducir su carga impositiva va a ayudar a todos los demás; la gente ya no cree en nada de eso y es por eso por lo que cada vez está lejana y escéptica de la política. Vemos como la gente en manada está abandonando a los partidos de centroizquierda y de centroderecha en varios países del mundo; esos partidos que trajeron e hicieron posible la aplicación de políticas neoliberales. Podemos decir que tenemos una situación de turbulencia política. La gente está buscando respuestas. A veces están gravitando hacia muy malas respuestas, machistas, nacionalistas, xenofóbicas de derecha como ‘escape’. Ese es el caso de Trump en Estados Unidos, pero todavía esta es una situación que en mi perspectiva está abierta. La crisis es tan severa… todo el mundo sabe que hay una crisis, ya no es un secreto.

La gente sabe que está viviendo en una crisis y está buscando soluciones. A pesar de los aspectos atemorizantes y peligrosos de estas salidas, es también una oportunidad. Una oportunidad para una respuesta desde la izquierda; una respuesta anticapitalista; o socialista… este es el mayor reto de la izquierda hoy en día.

Como sobreponerse y llegar a ser más ambiciosa y entender que a diferencia de los tiempos normales, este momento de crisis generalizada es un momento en el que, si no salimos al frente y ofrecemos una alternativa, la gente que está desesperada por soluciones va a seguir apoyando a los Trumps, Bolosonaros, etc.

¿Cómo podrían las organizaciones y movimientos de izquierda crear alianzas? ¿Es factible pensar en crear alianzas transnacionales, como lo han planteado movimientos feministas, que incluyan demandas más amplias y que así generen a su vez alternativas que incluyan a toda esa extensa clase trabajadora?

Pienso que la forma en que planteas la pregunta es buena porque hay varios problemas aquí. Uno es el problema de cómo tener una especie de solidaridad internacional o transnacional entre feministas, pero ahí habría otra pregunta sobre cómo tener esa solidaridad entre feministas, ecologistas, centrales sindicales, movimientos antirracistas, o movimientos antiimperialistas. Todo eso es necesario. Y por ello, lo primero que hay que decir es que no se puede tener una alianza entre absolutamente todo el mundo. Pienso que se deben hacer elecciones. Yo no creo, por ejemplo, que este es el momento para las feministas y sus organizaciones de crear una solidaridad en la que feministas de izquierda y feministas (neo)liberales estén trabajando juntas como compañeras, como si fueran lo mismo.

Considero que es el momento adecuado para diferenciarse y afirmar que lo que necesitamos es un feminismo- varios feminismos- abiertamente de izquierda, anti racista, anticapitalista, ecologista, que pueda en serio responder a todos estos problemas que hemos estado discutiendo aquí, sobre todo la crisis de la reproducción social, que es central porque es un fenómeno profundamente atravesado por el género, pero también por la raza y la clase social.

Por ello, lo que se necesita en estos momentos es una solidaridad dentro de los movimientos y también personas feministas desde la izquierda, sin avergonzarse de asumirse de ese modo, pero articulada de una forma no sectaria que invite a otra gente que tal vez nunca pensó en militar en la izquierda, o que nunca ha participado de ningún movimiento, a que se incluya en esta tendencia. Esto significaría poder crear un nuevo sentido común, en el sentido Gramsciano, distinto al neoliberal, que como dije está colapsando. Es necesario construir este nuevo sentido común que dialogue y resuene con las necesidades concretas de la gente. Entonces, lo que debemos hacer es no hablar un lenguaje teórico complejo dogmático; sino elaborar descripciones simples de cuáles son los problemas más urgentes que están enfrentando las personas y sobre todo propuestas, demandas, manifiestos entendibles y realizables.

Por ejemplo, en este país (Estados Unidos), la idea de lo que nosotras llamamos Medicare para todos y todas, como una verdadera forma universal de seguro médico que saque a la salud y a la provisión de medicinas del sector privado y lo haga un servicio y bien público. Esto es a un nivel nacional, pero debemos ser capaces de pensar de manera transnacional sobre ese tema. Y cómo esto luzca en distintos países y diferentes regiones será distinto a lo que se piensa desde Estados Unidos, por lo que en los niveles ‘locales’ se deben crear propuestas que respondan a sus propias realidades, pero al mismo tiempo hay que hacerlo de una forma que permita a la gente ver cómo sus problemas en determinado país o ciudad se conectan con otros problemas de otra gente que pueden parecer totalmente opuestos en la superficie pero que de alguna forma todos están conectados por el mismo sistema social: este capitalismo financiero neoliberal que está socavando la calidad de vida de todas y todos a nivel mundial.

No es nada, pero nada fácil… y yo pienso que no hemos sido lo suficientemente audaces. Muy frecuentemente, los movimientos de izquierda están muy concentrados en la resistencia y en lo que se oponen, pero esta crisis generalizada demanda mucho más de nosotras.

Necesitamos, en serio, enfocarnos en formular visiones programáticas para construir alternativas y una vez que estas no estén apiñadas en el cielo; sino conectadas con la gente, con sus intereses y luchas concretas, podremos construir el camino y una tendencia. Cómo pasar del lugar que estamos ahora, de la lucha puntual que tenemos ahora, hacia el crecimiento de una tendencia más amplia, más militante, más radical, con una amplia base de apoyo y de alianzas. Ese es el reto.

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