Edición N. 48, marzo 2014

Los resultados electorales últimos constituyen una derrota política para el gobierno y un avance importante de la izquierda que, con posiciones contradictorias muchas veces, sobrevive frente a las pretensiones del régimen de desarticularla y disolverla por no subordinarse a sus intereses políticos.

La izquierda auténtica sigue teniendo un importante espacio electoral y un respaldo social, especialmente, en las zonas de resistencia al neoliberalismo y a la política neocapitalista de un gobierno que se niega a impulsar cambios realmente progresistas.

 

A la izquierda auténtica y a sus bases, luego de este proceso electoral, debería interesarles saldar posiciones con el oportunismo colaboracionista, que privilegia intereses personales a la formulación de una política alternativa basada en la movilización y lucha social, e iniciar un franco proceso de acercamiento político y orgánico de todas las fuerzas políticas y sociales populares, para que puedan caracterizar los reales intereses que representa el actual gobierno y definir una plataforma común y una estrategia de lucha eficaz, sin desestimar el impulso que se debe dar a reformas para fortalecer y acumular fuerzas en sectores sociales realmente interesados en transformaciones democráticas y de hondo contenido nacional.

La izquierda, para forjar y construir su alternativa, requiere de una política amplia que incida en el conjunto de la sociedad y en las definiciones y ambigüedades del “correísmo” que parece condenado, por el temperamento y compromisos de su líder, a profundizar la recomposición del sistema, a consolidar a nuevos sectores económicos de dominación y a reforzar el autoritarismo y la persecución a sus opositores sociales y políticos de izquierda.

El denodado esfuerzo de la militancia de izquierda y aún de los candidatos que se sumaron a sus partidos y movimientos en el último proceso electoral, enfrentados al oficialismo y al sectarismo del régimen, debe comprometernos a todos en la reestructuración real, política, ideológica y orgánica de sus filas y en la construcción de un proyecto político y orgánico, socialista y revolucionario, que incorpore a todos los actores sociales contestatarios. ¡No más dilaciones, manos a la obra: el país y nuestro pueblo lo requieren!