Edición N.74, junio 2016

En 2006, el entonces candidato Rafael Correa Delgado ofreció reducir el impuesto del valor agregado (IVA) del 12%. Años más tarde, en 2012, en su libro “Ecuador de Banana Republic a la No República”, consagró que:

“Los impuestos regresivos son cuya tasa impositiva implícita disminuye a medida que incrementa el ingreso del contribuyente; en esta manera, EL QUE MAS GANA ES EL QUE MENOS PAGA EN PROPORCION DE SUS INGRESOS. Todo impuesto que establece un porcentaje fijo sobre el precio de los bienes es regresivo. Un ejemplo es el IVA”.

 

Tras una década, la oferta de reducir el IVA del 12% es otra farsa más del correísmo.

No obstante, más allá del incumplimiento de la oferta de la campaña electoral, la no reducción del IVA; por el contrario, su aumento del 14% refleja la concepción del Gobierno de la Revolución Ciudadana y el Movimiento Patria Altiva I Soberana (MPAIS) sobre cuales ecuatorianos tienen que pagar la crisis económica a consecuencia del despilfarro y la corrupción.

Así por ejemplo, mientras que un obrero que gana una remuneración básica unificada (RMU) de USD 366 paga hasta USD 44.95 por concepto del IVA; es decir, paga hasta 12.28% de su RMU. A contrapelo, en un burócrata de escala medida que gana una RMU de USD 4188, el mismo IVA tendría una incidencia de 0.01%. En conclusión, la crisis económica que está comenzando a atravesar el Ecuador es pagada por los más pobres.

A diferencia del criterio oficial, el correísmo es nuestra segunda década perdida. A pesar de los ingentes recursos económicos fruto del boom petrolero, en estos diez años, la pobreza e indigencia, el desempleo, la inequidad, el endeudamiento público, la corrupción, entre otros, “inexplicablemente” crecerán. Por estas razones, 2017, en base a un gran acuerdo nacional, tiene que ser el año para superar la primera década perdida causada por el neoliberalismo y la segunda década perdida causada por el autoritarismo correísta.