Edición N.64, agosto 2015

Por Germán Rodas Chaves

Hace 25 años se desplomó el muro de Berlín. El neoliberalismo –modelo del capitalismo- parecía entonces ceder el paso a un proyecto político y económico distinto.

La realidad descrita vino aparejada de la presión social de cambio y a propósito del “surgimiento” de una izquierda –la llamaron nueva izquierda- que se volvió, en muchos países, en alternativa política no solo como efecto de sus propuestas, sino también gracias a la influencia histórica, en el seno del pueblo, de los partidos políticos vinculados al pensamiento socialista a lo largo del siglo XX.

 

En seguidilla se produjeron triunfos electorales en varios países latinoamericanos. Fueron los tiempos que advirtieron a todos la posibilidad que el post-neoliberalismo había llegado y que se comenzaba a construir un nuevo arquetipo social y económico debido a que algunos de los “nuevos partidos de izquierda” lograron éxitos electorales en la región.

De estos sucesos han pasado muchos años. ¿Ha gobernado en la región la izquierda post-neoliberal? No es adecuado construir afirmaciones cerradas y sin posibilidad de comprender los matices de quienes han llegado al poder en estos últimos lustros; lo que sí es factible descifrar, en una primera aproximación, es que tales regímenes no han podido formular cambios estructurales en su gestión; a penas se han puesto en marcha tibias reformas en el marco de un proyecto desarrollista que puede llevarnos a la suspicacia de que aquello ha ocurrido como resultado de la persistencia hegemónica del capitalismo.

Entonces, ¿la nueva izquierda fue utilizada perversamente por los intereses del capitalismo? Los altos niveles de corrupción señalados en contra de algunos de los regímenes llamados de cambio ¿no hace sino confirmarnos que el capitalismo ha dado continuidad, también, a su modelo de aprovechamiento de los recursos de la región?

Las interrogantes se abren paso, en medio de una realidad Latinoamericana de estos días que nos deja perplejos. Adicionalmente, comprometidos con los sueños irredentos de nuestros pueblos.