Edición N. 58, enero 2015

El gobierno ha adoptado varias medidas de ajuste frente a las nuevas circunstancias que enfrenta el país, como resultado del desplome del precio del petróleo y de la reducción de divisas, situación desastrosa para una economía dolarizada. Las diferencias entre los “paquetazos” de los gobiernos de turno, no son sustancialmente diferentes, pues todos ellos, incluyendo el actual, mantienen intocados los grandes beneficios del capital transnacional y local y, en especial, el de los grupos financieros.

 

El ajuste afecta, como siempre, al pueblo. Los salarios se mantienen congelados, pues su aumento no supera el índice inflacionario; las remuneraciones de los servidores públicos tampoco serán incrementadas y no se renovarán miles de contratos, sin que se eliminen los “bonos de eficiencia” y otros privilegios destinados a los empleados de confianza del más alto nivel; el cambio obligatorio de las cocinas de gas por las de “inducción” implica nuevos gastos para los hogares pobres y medios; la transportación pública urbana e interprovincial va a ser incrementada con la mano de los gobiernos locales; se imponen salvaguardas a las importaciones de los países vecinos para reducir el nivel de consumo de la población; se siguen incrementado los tributos y se extiende la masa tributaria a nuevos contribuyentes de los sectores populares, eliminado los beneficios que gozaban los artesanos a nivel nacional, mientras se crean exoneraciones y beneficios para el gran capital minero internacional, marginando a la mayoría de productores nacionales.

La crisis no es aprovechada por los “revolucionarios” para corregir el despilfarro y en propaganda oficial; no se define una sostenida política de fomento a las actividades productivas que generen empleo y verdadera riqueza; no existe control en el gasto y muchas obras sociales y de infraestructura que se han ejecutado se lo han hecho a precios increíbles, que evidencian improvisación y corrupción; tampoco se han planteado revisar la contratación petrolera que, con precios bajos en el mercado internacional, perjudica al país y beneficia a las transnacionales.

Se requiere sin duda una regeneración del país, una activa participación social en su auténtico cambio moral, ético y político.