Edición especial, junio 2014

Por Enrique Ayala Mora

¿EL GOBIERNO ES BUENO O MALO?

El gobierno actual ha dividido al país. Una cantidad de personas son sus incondicionales, dicen que todo lo que hace es positivo y sostienen que el Presidente debería quedarse hasta que termine la “revolución”. Otras ven las cosas de manera diferente. Piensan, aunque a veces no lo dicen, que el correismo es una dictadura disfrazada detrás de una Constitución, que persigue a las organizaciones sociales y a la prensa, que ha promovido la corrupción, que se parece cada vez más a la antigua “partidocracia” que dice haber vencido, que ofreció hacer una revolución y ha terminado haciendo lo contrario.

Esta discusión puede ir de largo porque hay muchos argumentos en ambos sentidos. En efecto, en más de seis años, el gobierno ha hecho numerosas obras, algunas de ellas fundamentales para el país. Y, de otro lado, ha cometido también atropellos. No faltará quien diga que una “revolución” afecta a los intereses de los poderosos y por ello este gobierno tiene enemigos. Pero otros replicarán que el correismo tiene mucho respaldo entre los poderosos y que sus principales víctimas son, más bien, los indígenas y trabajadores, los maestros y los estudiantes, en general los dirigentes sociales, algunos de los cuales fueron firmes partidarios suyos al principio.

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Edición N. 49, abril 2014

 

 

El Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social, uno de los íconos de la Revolución Ciudadana, ha mejorado sustancialmente en infraestructura y algunos servicios (esto por la gran cantidad de recursos que le han sido invertidos desde el Gobierno Central durante estos últimos siete años); sin embargo, desde su creación, en el año de 1928, como un incipiente boceto de Seguridad Social llamado Caja de Pensiones, hasta el IESS que conocemos hoy, la institución ha padecido por la constante deficiencia de sus servicios, la inoperancia de sus funcionarios y la ilegitimidad de muchas de sus decisiones.

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maduro

 

Edición N. 48, marzo 2014

Un año después de la muerte de Hugo Chávez, la sociedad venezolana se halla sacudida por manifestaciones protagonizadas por quienes se oponen a la Revolución Bolivariana, pero también por los que la defienden con entusiasmo. Esta polarización, caracterizada por una violencia creciente, con secuela de muertos y heridos, ha sido caracterizada por el Presidente Maduro como un golpe de Estado fascista, mientras la oposición repite que se trata de la expresión del profundo descontento del pueblo venezolano por la inflación, el desabastecimiento y la creciente inseguridad ciudadana.

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